Criminalización de las víctimas de desaparición forzada: el estigma que enfrentan las familias buscadoras

Foto: Desiree Madrid

María Ruiz

En México, la desaparición forzada no solo representa la ausencia de una persona, sino también una serie de violencias que continúan afectando a sus familias. A la incertidumbre y el dolor se suma la estigmatización social, expresada en comentarios que parten del desconocimiento y que, en lugar de reconocer que se trata de un delito, buscan juzgar o responsabilizar a las propias víctimas.

En este contexto, Edith Pérez Rodríguez, presidenta del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros SLP A.C., señaló que las familias buscadoras enfrentan de manera constante opiniones emitidas sin conocimiento del fenómeno de la desaparición, lo que refuerza el estigma y desvía la responsabilidad hacia las víctimas.

“El juzgar de esa forma es tremendo porque se habla sin saber, sin conocer el contexto real de lo que significa una desaparición y lo que viven las familias buscadoras”, advirtió.

La activista también enfatiza que este tipo de discursos ignoran una realidad fundamental: las desapariciones no ocurren por decisiones de las víctimas ni pueden explicarse desde prejuicios sociales, sino en contextos de violencia estructural donde cualquier persona puede ser vulnerable.

“Te puedes encontrar bien yendo a tu trabajo de madrugada, estando en tránsito, en un día completamente normal, sin que exista una razón que lo justifique y de pronto te desaparecen”.

Asimismo, describió el entorno de violencia que atraviesa distintas regiones del país, marcado por la presencia de grupos delictivos y situaciones de alto riesgo.

“El país está lleno de células delictivas, de personas armadas que operan en distintos puntos sin control efectivo de las autoridades y es ahí donde se comete este crimen de lesa humanidad”.

Frente a este panorama, Edith Pérez insistió en que el foco del problema no debe colocarse en las víctimas ni en sus familias, sino en la responsabilidad institucional frente a la crisis de desapariciones y la falta de acciones eficaces para detenerla.

“La criminalización de las personas desaparecidas y de quienes les buscan es una evidencia de cómo el estigma social se convierte en una segunda forma de violencia, que nos acompaña a las familias buscadoras”.