Astrolabio

Carlos Rubio

Mientras las butacas del estadio Alfonso Lastras se llenaban, la expectación crecía. La afición estaba presente aun cuando era el segundo día seguido de partido en el estadio. Las filas para comprar boletos eran largas y la multitud crecía con el pasar de los minutos. Era lunes y era día de fútbol femenil en San Luis Potosí.

Algo en el ambiente era distinto, no se sentía la presión ni la sensación de inseguridad que existe en un partido de hombres. Las familias imperaban; las mujeres y los niños caminaban con calma, sin tener que cuidarse las espaldas; no es lo que se acostumbra en los estadios. Después de ver que la tranquilidad prevalecía en los pasillos, me di cuenta de algo: el fútbol femenil no se ha contaminado de los vicios del varonil, y no debe hacerlo.

Son las mismas personas las que acudieron el domingo al partido que las que asistieron el lunes, ¿cuál es la diferencia para cambiar su comportamiento tan radicalmente?

Desde el primer minuto del encuentro hasta el 90, el apoyo fue magistral por parte de los presentes. Abrigaron con gritos y porras a las 11 jugadoras que se pararon en el campo, y a pesar de las constantes fallas y un marcador de cero por cero contra el América, la gente se retiró contenta, porque sabía que había presenciado el primer punto obtenido en la historia del fútbol femenil de San Luis.  

En todo momento la afición les reconoció el esfuerzo. Apenas es el tercer partido que juegan como profesionales y no es fácil pararse frente a 17 mil 113 personas, como lo hicieron ayer. Las tres cuartas partes del estadio que se abrieron, estaban llenas, y puedo asegurar que con sobrecupo.

Me quedó claro: el fútbol femenil no debe asimilarse tanto al varonil. Esta es la verdadera forma de vivir un partido, sin la preocupación de que exista un altercado entre inadaptados, sin que el miedo te impida asistir al estadio. Con niños seguros entre grandes aglomeraciones de gente. Así debe mantenerse este fútbol, sin las mañas y el peligro que representa asistir a un partido de hombres.

Es notable el esfuerzo por remarcar que el día les pertenece a las mujeres. Además de las jugadoras, también el cuerpo arbitral se compone por féminas, al igual que las “baloneras” e incluso la famosa voz del estadio de Félix Corpus se intercala en sus diálogos con una mujer. Son las protagonistas, vuelven el estadio completamente suyo, como debe ser.

Las niñas presentes entre el público ya pueden tener a sus “ídolas” en quienes reflejarse y darse cuenta que la cancha también es para ellas. Que cada 15 días habrá un partido en el que el estadio se llene sólo para verlas jugar. El sueño de hacer suya una noche en el Alfonso Lastras, ya no es sólo de unos cuantos.

A pesar de todo, el fútbol femenil aún no es un logro en México, fue un paso más hacia la igualdad, significativo, pero no es la meta. Aún existen diferencias kilométricas que le impiden a este proyecto consolidarse en México.

Para que se convierta en un verdadero logro, primero debe independizarse del fútbol varonil. Hay que recordar que es una obligación para mantenerse en la primera división, el contar con un equipo de fútbol de mujeres. Lo que significa que, si el equipo varonil desaparece, también lo hará el femenil, como ya ha pasado anteriormente. Esto debe separarse, que las mujeres tengan la seguridad de que su equipo seguirá existiendo pase lo que pase. Mientras eso no sea una realidad, no podemos hablar de igualdad.

Pero todo es cuestión de tiempo, de que la calidad del fútbol crezca y las personas estén dispuestas a pagar lo mismo tanto por ver un partido varonil como femenil; de que nazcan esas “ídolas” que muevan masas y hagan que la gente esté ansiosa por ir al estadio; de que se les dé la importancia que merecen.

Ellas juegan por ser reconocidas, por mostrarle al mundo que pueden darle la misma pasión a un partido, que pueden tocar la pelota con la misma enjundia que cualquier otro.

Así debería ser el fútbol, como lo juegan las mujeres.

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