Estela Ambriz Delgado
Como expresa el colectivo Jól Dhut’ – Timél Ja’, las resistencias de los pueblos indígenas (como la wixárika contra la minería en el desierto sagrado, y la tének y náhuatl en contra del fracking en la Huasteca Potosina), no son casos aislados, sino una muestra de un dispositivo del Estado mexicano que les reprime, desplaza sus derechos y pretende desterritorializarlos para extraer sus recursos.
En relación con la defensa por parte de la Secretaría de Economía del Gobierno Federal de los 44 títulos de concesión minera en el Área Natural Protegida Sitio Sagrado Natural Wirikuta, el colectivo destacó que se litiga contra la vida, pues Wirikuta no es una superficie para concesionar, sino el lugar donde, para el pueblo wixárika, nació el sol, Tayau (Nuestro Padre Sol).
Señalaron que, si bien el Juez Cuarto de Distrito declaró en marzo de 2026 la insubsistencia de 44 títulos de concesión minera otorgados sin consulta previa, y con ello reconoció el vínculo indisoluble entre el pueblo indígena y su territorio sagrado, dejó vigentes al menos 20 concesiones en la zona de influencia de Wirikuta, la mayoría vinculadas a la minera canadiense First Majestic Silver Corp.
Sin embargo, la respuesta del Estado con un recurso de revisión para revocar dicha sentencia evidencia la operación de un dispositivo: una red de normas, discursos y procedimientos que no reprime frontalmente, sino que atrapa a la diferencia en el entramado legal.
“Convierte a las comunidades en ‘quejosas’ dentro de un expediente, mientras litiga, en la práctica, a favor de las mineras. La violencia ya no es directa: basta la tesis de que el territorio sagrado es, en realidad, una superficie concesionable y que quien se opone está obstruyendo la economía nacional”.
Jól Dhut’ – Timél Ja’ indica que la lógica que sostiene dicho dispositivo es la de una máquina de guerra capitalista que desterritorializa para extraer, pues la minería no solo saca plata y oro; extrae mundo. En el caso de Wirikuta, convertiría el sitio donde nació el Padre Sol en reserva mineral, el agua en insumo, y la peregrinación del pueblo wixárika en un “uso” que debe justificarse ante un juez.
Puntualizan que, mientras el fallo de marzo fue un intento de reterritorializar la vida del pueblo indígena y afirmar que hay valores que no se traducen a hectáreas, la impugnación de la Secretaría de Economía busca de nuevo desterritorializarla, someterla a la razón del derecho minero, y lo hace invocando una “prioridad federal” que se presenta como absoluta y religiosamente legal, por encima de los derechos colectivos.
En este sentido, se hace referencia a lo que sucede en la Huasteca Potosina, donde representantes de los pueblos náhuatl y tének han pedido en una carta abierta a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo la emisión de un decreto que prohíba “de manera absoluta y definitiva” el fracking y la minería, no solo en sus territorios, sino en todo el país, como ella y su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, lo prometieron en campaña.
El colectivo considera que ambas resistencias no son casos aislados, sino que ambas enfrentan al mismo dispositivo neoliberal, que no se limita solo a reprimir, pues también produce argumentos como que la minería es “prioritaria”, el territorio es “concesionable” y la espiritualidad es un obstáculo que debe gestionarse.
Además, se trata de un dispositivo que desplaza derechos en un tiempo que nunca se cumple, desterritorializa para gobernar y presenta su lógica como irreversible.
“¿Puede un Estado que se dice pluricultural litigar sistemáticamente contra los pueblos que lo habitan? La pregunta no es retórica. El Tribunal Colegiado tiene en sus manos la resolución del recurso de la Secretaría de Economía. Pero la disputa de fondo no se agota en el expediente. Wirikuta sigue siendo el corazón del mundo para quienes lo habitan.
La Huasteca sigue siendo territorio vivo, no un yacimiento. La pregunta no es si el Estado escuchará. Es si nosotros, antes de que el último acuífero se contamine o el último sitio sagrado sea cercado, seremos capaces de escuchar lo que estos territorios tienen que decir”.





