El parque NO privado del gobernador y sus “cuates”

Iraís Valenciano

“El parque Tangamanga es de todas y todos los potosinos; todo mundo tiene un sentido de pertenencia extraordinario hacia el parque”, escuché decir hace años a una persona muy allegada al centro recreativo. Durante el sexenio actual, ese espacio ha sido escenario de polémicas nunca antes vistas y se le ha sometido a caprichosas obras (por no llamarles ocurrencias), que lo hacen parecer más un parque privado que un área para el disfrute de todas y todos.

El domingo pasado, la organización civil Cambio de Ruta y decenas de ciudadanos, se movilizaron para expresar su preocupación de que el proyecto de modernización del Tangamanga Splash afecte una superficie verde de 7 hectáreas, de las 411 con que cuenta el parque.

Después de la protesta, la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental difundió un comunicado en redes sociales para negar la deforestación, y las páginas de Facebook manejadas por el gobierno estatal despotricaron contra quienes participaron en lo que llamaron una “manifestación desangelada y carente de argumentos jurídicos y técnicos”.

Incluso los bautizaron como “navistas”.

¿Acaso apellidarse Nava es indigno? ¿Y serán navistas las 11 mil 494 personas que hasta ayer por la tarde habían firmado en Change.org la petición para defender al Tangamanga y evidenciar su rechazo al proyecto del Splash?

No es la primera vez que Cambio de Ruta interviene contra proyectos gubernamentales del mandatario “Verde”(aunque sea de partido). En 2022, la organización activista interpuso un amparo para proteger los 867 árboles que Gallardo pretendía remover de los camellones de la avenida Himno Nacional, y en 2025, logró frenar las obras estatales en el parque de Morales, por falta de transparencia y consulta ciudadana.

En el caso del Splash, el enojo del gobernador no se hizo esperar y hasta afirmó que ya le pidió a la Fiscalía General del Estado “sacar una cuantificación de lo que se ha perdido con este tipo de amparos que meten para estar frenando el progreso de San Luis Potosí y echando a perder todo (…) y vamos acobrarle hasta el último peso”.

Y en lo que el Ejecutivo estatal planea nuevas albercas y toboganes en el que hasta hoy es el principal pulmón de la capital potosina, las áreas verdes del Tangamanga lucen cada vez más secas, menos el jardín japonés inaugurado por el gobernador.

Mientras la maquinaria avanza en las obras del Splash, los jaguares y otros animales que viven en la Unidad de Manejo Ambiental pasan sus días en pequeñas jaulas, porque para ellos no se han planeado mejores instalaciones. Incluso “Sherkie”, el famoso león del Tangamanga que sufrió padecimientos pancreáticos, renales y hepáticos, murió sin ver una reconstrucción total de su hogar. Si acaso le pusieron una aparatosa fachada a la UMA. No más.

¿Qué preferirán las y los potosinos: nuevos hongos de plástico que arrojen agua en Semana Santa, o más vigilancia para evitar disparos dentro del parque?

Hace casi un mes se viralizó un video de un joven que denunció haber sufrido acoso dentro del Tangamanga. ¿Bastará con que se dé un chapuzón en una alberca de olas para que se le pase el susto y se vuelva a sentir seguro?

Pero más allá de la “gallardización” cosmética del Tangamanga, hay otro asunto preocupante: durante la actual administración se ha permitido el uso de los espacios para actividades que no solo contravienen la reglamentación de los parques, también representan un riesgo para ese espacio que es de todas y todos.

El pasado 13 de febrero, una empresa dedicada a la pirotecnia posteó en sus redes sociales, un video grabado junto al lago mayor del parque Tangamanga I. En él se observa a una pareja frente a unas letras decorativas con la leyenda: “¿Quieres ser mi esposa?” y unos chisperos que se encienden en cuanto el novio se hinca para proponer matrimonio.

Además de los inofensivos chisperos, la Dirección de los Parques permitió el uso de pirotecnia clasificada como de alta peligrosidad por su carga explosiva y efecto de dispersión (categoría F4 o profesional), como candelas romanas y carcasas o crisantemos. ¿Y si una chispa hubiera llegado a un área con hierba seca? Un incendio en el Tangamanga habría sido difícil de sofocar.

Usar pirotecnia dentro del parque representa un enorme riesgo. ¿La autorización tuvo el visto bueno de Protección Civil? ¿Quién avaló esa actividad y por qué? ¿De quién habría sido la culpa en caso de una tragedia, de la persona que tuvo la romántica idea o del funcionario que se lo permitió a pesar del riesgo ambiental? ¿Y alguien acaso pensó en los animales?

En la Reglamento de Usuarios y Visitantes de los Parques Tangamanga, publicado en la Plataforma Estatal de Transparencia, se establece claramente en la fracción X del artículo 58, la prohibición para que cualquier persona encienda fogatas o queme fuegos pirotécnicos en el interior de los centros recreativos.

En ese mismo artículo, pero en las fracciones VII y IX, se detalla que no se permite realizar dentro del parque actos de proselitismo partidista o religiosos, ni propaganda de cualquier índole. A pesar de ello, el secretario de Organización y Acción Política de San Luis Potosí en Movimiento Ciudadano, Hugo Israel Luna Cano grabó -también junto al lago mayor del Tangamanga- un video proselitista.

Los reglamentos existen para aplicarse parejo, no solo a las familias que planean celebrar en grande un cumpleaños en las áreas verdes del parque, o a quienes pretenden utilizar las canchas de futbol.

Que no se les olvide. El parque Tangamanga no es el jardín privado de nadie. Desde su creación en 1983 y hasta hoy, ES de todas y todos.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y maestra en Diseño Multimedia por la Universidad del Valle de México. Ha ejercido el periodismo desde 2004 en medios de comunicación impresos y digitales. A partir del 2017 se incorporó a la plantilla docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.