Abelardo Medellín Pérez
Entre los muchos defectos que tiene la Gallardía como grupo político, uno de los más recurrentes y menos sorpresivos es el de defender su título como el peor aliado que un partido puede tener.
Ejemplos hay muchos en la historia reciente de San Luis Potosí. Uno de los más grandes ocurrió cuando el gallardismo emprendió un éxodo desde el PRD meses antes de competir por la gubernatura en 2021. Luego de ello, el propio partido pidió que la Gallardía fuera investigada por los presuntos desvíos de recursos y declaró que la agrupación partidista estuvo, prácticamente, “secuestrada” por el movimiento del gobernador.
La siguiente víctima de las alianzas forzadas y ordenadas desde lo federal fue Morena. Un partido con tan pocos resultados partidistas en la entidad que su dirigencia olvidó el capítulo local a cambio de una sana alianza legislativa en San Lázaro. El desfonde comenzó en 2021, cuando el partido guinda entregó la candidatura a Mónica Liliana Rangel Martínez, exsecretaria de Salud del sexenio priista, quien prácticamente ocupó la boleta para desalentar el empuje morenista que se arrastraba desde 2018.
Ese olvido se replicó en 2024. En dicho proceso electoral, el Verde terminó por imponer sus intereses a Morena, de tal suerte que fue parte de las razones por las que la candidata de Morena al Senado, Rita Ozalia, perdió la contienda por el segundo lugar. Al Verde no le gusta recordarlo, pero el freno que le puso a su aliado en aquella elección desencadenó la infame adhesión de Yunes a la fracción oficialista para poder aprobar las reformas constitucionales de la presidenta.
A esta historia de alianzas inconvenientes se suma ahora el Partido del Trabajo, cuyos militantes fueron atacados por un grupo de hostigadores presuntamente enviados por el gobierno durante la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a San Luis Potosí este viernes 5 de septiembre.
No es la primera vez que la Gallardía emplea violencia contra sus aliados. Durante la campaña de 2024, Morena acusó que simpatizantes del Verde y del gobernador habían reventado eventos proselitistas del partido en municipios como San Luis Potosí y Matehuala. Tampoco es la primera vez que el Verde y su proyecto minimizan al PT. Luego de la elección de 2021, el propio Partido del Trabajo cuestionó públicamente las versiones que apuntaban a un triunfo únicamente atribuible al Verde y reafirmó su trascendencia política al asegurar que, sin ellos, Gallardo Cardona nunca habría llegado al cargo.
Los argumentos y los motivos de las grescas son debatibles, pero la constante de esta historia es la intolerancia y sorna con la que el gobernador y su grupo político cercano tratan a aquellos que, se supone, deberían ser aliados beneficiados (si no en igualdad de condiciones), al menos en lo que respecta al respeto mutuo y a la convivencia funcional.
No. Gallardo Cardona y su movimiento no son capaces de tal civilidad. Para ellos, los partidos operan bajo sus normas o no operan para nada. Los aplausos deben ser solo para el líder o revientan tu evento. Las banderas deben ser verdes o te atienes a las consecuencias. El triunfo debe beneficiar los intereses del apellido, no importa si el aliado es la mayor fuerza política del país.
En cada partido hay intereses propios y personales también, de eso no hay duda; lo relevante de los desencuentros entre el gallardismo y sus aliados es el grado al que llegan con tal de imponer sus imágenes, sus filias y sus agendas.
Y, aun con la escalada de violencia e imposición, el gobernador tiene el atrevimiento de decir públicamente que están dispuestos a hacer alianzas hasta con cinco partidos rumbo a 2027. Lo del PRD, lo que ha pasado con Morena y lo que recientemente le ocurrió al PT deberían ser ejemplos para el resto de los partidos. Ese es el costo de operar cerca de la Gallardía, un movimiento famoso por ser agresivo e injusto con sus propios aliados.
Al mismo tiempo, nos da una señal a nosotros. El partido que esté dispuesto a competir con el Partido Verde Ecologista de México rumbo a las elecciones de 2027, ha perdido el rumbo, el interés por sus militantes y la dignidad.
Porque solo una agrupación que carece de todo ello, estaría dispuesta a tolerar al peor de los aliados.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






