Adriana Ochoa
Ricardo Gallardo Cardona, gobernador de San Luis Potosí, construyó su hegemonía convencido de que la política es un trámite contable, un ejercicio administrativo de arrase sin oposiciones enfrente. Un quinto informe de gobierno desteñido y un par de movimientos en el escenario que creía seguro, han hecho crujir el edificio.
El quinto informe en un gobernador constitucional debe ser el de mayor planta. En tiempos de ejercicio del poder es el último; por obligatoriedad constitucional queda el sexto, pero ya es un acto que sabe a cartón remojado. La figura mandante ya va de salida y es pasado.
La cosa hubiera parado en opiniones según filias o fobias si no fuera porque otro informe, el del alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos, se desplegó con más sentido y ambición. El comparativo planteó de inmediato si el gallardismo ha empezado a oxidarse.
Mientras el gobernador se rodeaba de escenografías y actores muy predecibles, el alcalde capitalino entendió el momento. Su movimientodeclaradamente antigallardista reconfigura el patio político y enciende todas las alarmas en el palacio oficial.
Mucho de espectáculo, sí. Los políticos de oratoria encendida sobre un cajón de madera ya no existen. Fue la convocatoria que no se lee de otra forma que no sea una declaración de intenciones. A destacar, gobernadores de PRI y PAN; su antecesor Xavier Nava Palacios, hoy dirigente estatal de Somos, y una mujer ligada a dos figuras-parámetro en la historia política del Estado: Concepción Guadalupe Nava, Conchalupe, la hija de Salvador Nava Martínez y viuda del ex gobernador Horacio Sánchez Unzueta. El alcalde Galindo se presenta como un político capaz de dialogar con otras militancias, otros tiempos y otras formas de ver la comunidad.
Tanta irritación no fue solo el enorme escenario, las proyecciones en los edificios de alrededor y las luces. Nadie con dos dedos de frente cree que eso es gratuito, pero los verdes y adláteres no se desgarran las vestiduras por eso.El problema para el gallardismo es algo que va más allá del costo del evento de Galindo, es el contenido lo que les preocupa. El ecosistema digital y mediático se fue encima. También funcionarios y el líder del Verde. De esperarse estos últimos, es más fácil reclamar que rebobinar sus propios actos y entender a donde lleva un exceso de confianza.
“Como voy a ganar, este es mi último informe”, respondió el alcalde al portal La Orquesta, cuestionado sobre si regresaría al Ayuntamiento de San Luis Potosí cuando concluya el proceso electoral. PRI y PAN no dan todavía para estructura, pero es el aspirante el que planta bandera.
Sin capacidad de seducción, descubre el gallardismo que gobernar con números no sustituye el arte de pelear. El nerviosismo placero no nace del miedo directo a la derrota, sino de la incomodidad de tener que competir. Quien se acostumbra a arrasar no aprende a argumentar, a dialogar ni a corregir el rumbo trazado. Tampoco a proponer.
La estrategia oficialista para perpetuar el proyecto familiar mediante la candidatura de la senadora Ruth González Silva ha encallado en un manchón de incertidumbre. La senadora cambió el discurso insolente contra quienes criticaban el proyecto nepótico por una declarada espera de tres meses para decidir si es o no candidata. Hace cinco meses respondió ufana que “el pueblo decidía”. Quizá hasta ahora entienden el costo de haber retado así a la mandataria del país y su imperativo anti nepotista. La pretensión de convertir la sucesión gubernamental en un derecho hereditario se encontró de frente con la realidad.
A la deriva del proyecto se suma el desacierto táctico. La senadora González Silva cometió el error de engancharse en una agria disputa con Lili Téllez tras la difusión de un video incómodo que involucra directamente a su esposo, el gobernador.
La senadora Téllez García reprodujo una parodia de la película Der Untergang (La Caída), que aborda las últimas horas del régimen nazi, pero sobrepuestas las imágenes con políticos de Morena. Y en un papel terciario aparecía Gallardo.
El incidente expuso una desconcertante falta de templanza en la virtual aspirante. Expuso su vulnerabilidad ante el foco nacional invalida y convierte un asunto de control de daños en una muestra pública de nerviosismo. Mucho mejor la reacción del gobernador, entrevistado sobre el tema: “Yo no tengo nada que hablar de lo que pasa allá (el Senado), mi trabajo es aquí”.
El aislamiento del Verde potosino se profundiza. A diferencia de otros estados donde la coalición con Morena marcha sobre rieles, en San Luis Potosí el partido de Claudia Sheinbaum decidió caminar en solitario con Elí Cervantes, un hombre de izquierdas.
Sin el cobijo central del morenismo ni el monopolio de las encuestas, la contienda electoral potosina se encamina hacia un escenario de tercios. La hegemonía se revela como un equilibrio precario que solo dura mientras nadie se atreve a desafiarlo.
Quien supone que va a “arrasar” construye su estrategia sobre un piso que cree sólido: números de encuesta, control territorial, narrativa de inevitabilidad y miedo, miedo a perder el empleo, la despensa, el contratito o el convenio ganapán. Pero ese piso es en realidad un escenario y aparece un competidor real -del tamaño que se le vea-; el nerviosismo no nace del miedo a perder, sino del descubrimiento de que nunca se había entrenado para competir. Como descubrir en la sala la boca de un socavón bajo la alfombra.
Competir obliga a abandonar el rol de “dueño de la victoria” y aceptar el de “aspirante que debe convencer”. Ese tránsito genera una forma particular de pánico: el miedo a que alianzas, clientelas, operadores y discurso de continuidad ya no le den resultados.
Arrasar es fácil cuando la oposición es inexistente o es una presencia sin forma ni consistencia; competir exige una estatura política que el gallardismonunca necesitó ni se interesó en desarrollar. Se hizo su voluntad como quiso, y si no se hizo, halló forma de obligarla, con el total respaldo de una alianza casi paternal en el centro del país.
El miedo a que la máquina del poder deje de funcionar en automático ha comenzado a devorarle la paz al invencible.
ROLLOS SUELTOS
LO QUIEREN EMBARGAR. En tribunales federales, el ex rector Fermín Villar Rubio se defiende de un mandamiento de ejecución derivado de un crédito fiscal que determinó en su contra el Instituto de Fiscalización Superior del Estado, desde febrero pasado. Villar se queja que nunca le notificaron la resolución emitida por el IFSE, nada más le enviaron al notificador con el requerimiento y advertencia de embargo. El tema deriva de una revisión a la cuenta 2013 de recursos estatales a la UASLP, pero el ex rector señala en su defensa que solo lo llamaron a comparecer y de lo que siguió no tuvo conocimiento.
SOBADA CON PREMIO. Morena, como partido en el poder que es, tiene una vasta manga para compensar a los inconformes con el proceso descuajaringado de selección de coordinador estatal para la defensa de la 4T. Algunos afligidos ex participantes lo tienen claro y ya empezó el pataleo: que los reconforten en su sentida indignación con una diputación pluri o ya “de perdis” una regiduría segura.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Adriana Ochoa es periodista desde 1988. Actualmente es directora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y docente titular de Organización Política y Ciudadanía.






