Alejandro Hernández J.

Es un hecho: algunos instrumentos tecnológicos, dispositivos e interfaces pueden —y han podido— superar a nuestra especie, el Homo sapiens, en innombrables campos. Como afirma Yuval Harari en su libro 21 lecciones para el siglo XXI, los humanos tienen dos tipos de habilidades: físicas y cognitivas; en el pasado, las máquinas competían con los humanos principalmente en habilidades físicas brutas, pero nuestra superioridad cognitiva prácticamente nunca fue puesta en duda.

Sin embargo, a finales del siglo pasado, los ingenieros y científicos comenzaron a acelerar el paso para tratar de desarrollar software que pudiera sobrepasarnos en algunos aspectos de nuestra cognición. Un ejemplo de esto fue Deep Blue, un ordenador ajedrecista que derrotó al campeón mundial de ajedrez, Gary Kasparov, en 1996. A lo largo de la historia, dice Harari, el ajedrez fue considerado como la mayor joya de los logros cognitivos de la humanidad, pero entonces llegó una máquina y desbarató esa esta afirmación.

Esta historia de ajedrez no termina aquí. Pronto se gestó una carrera por crear máquinas o programas campeones de ajedrez y, en 2016, Stockfish 8 se convirtió en el ordenador líder en este campo, al ser capaz de calcular alrededor de 70 millones de posiciones de ajedrez por segundo. Pero esto tampoco fue suficiente para muchos, así que Google decidió crear un programa de inteligencia artificial llamado AlphaZero, que solo era capaz de calcular 80 mil posiciones por segundo y nunca se precargó con estrategias de ajedrez. El 7 de diciembre de 2017, AlphaZero derrotó a Stockfish 8. Lo sorprendente aquí es que AlphaZero aprendió el ajedrez desde cero y se preparó para la partida en sólo cuatro horas. Además, sus movimientos son tan innovadores que sus estrategias son a menudo inimaginables para la mente humana. ¿Qué pasará cuando estos avances de la IA empiecen a surgir en todos los campos humanos? Seguramente, habrá muchas cosas muy buenas, y muchas cosas muy malas.

Al escuchar sobre estos desarrollos tecnológicos, una gran pregunta puede surgir en nuestras mentes: ¿por qué la gente corre tan deprisa detrás de estos desarrollos? Algunas pistas de respuesta pueden provenir de la historia universal. Por un lado, desde que existimos sobre la tierra, rara vez hemos aprendido a calmar nuestras mentes y nuestros deseos: cuando un emperador quería un imperio y lo conseguía, entonces quería otro más. Por otro lado, gobernantes, los ingenieros, los científicos y los antiguos conquistadores rara vez han sido conscientes de las implicaciones morales y políticas de sus ambiciones; tampoco han tomado una perspectiva holística. Por ejemplo, en el siglo XV, no había ninguna necesidad real de iniciar una carrera armamentista para conquistar el mundo (es decir, ya habíamos estado en la tierra durante unos 250 mil años sin programas de exploración de la navegación); sin embargo, los reinos europeos vieron esto como un deber de vida o muerte para su supremacía —como también cualquier otra cultura del mundo ya había visto las cosas innecesarias como necesidades absolutas, como realizar sacrificios humanos para que saliera el sol o lloviera…—.

Regresemos a la inteligencia artificial, que podría ser aún más perturbadora que la dominación mundial hecha por Europa occidental. He aquí un ejemplo flagrante del porqué. Algunas veces, los conquistadores decidían convertir a largas poblaciones nativas en grandes grupos de esclavos. Esto es una atrocidad, pero los hombres así subordinados conservaban un valor esencial: su fuerza de trabajo. Según la teoría marxista, cuando las clases dominadas logran darse cuenta de que su existencia es esencial para el sistema económico que las dominaba, pueden aspirar a transformar su poder de trabajo en uno político. Pero un desarrollo demasiado grande de la inteligencia artificial podría crear no una clase de esclavos, sino una clase de inútiles, es decir, personas que no pueden ocupar trabajo alguno…

¿Estamos conscientes de lo que nuestra carrera desenfrenada representará para nuestra especie? Por lo general, ni los ciudadanos ni los gobernantes lo estamos. Aunque sí que hay algunos pensadores influyentes quienes se destacan por sus análisis; de ellos dependerá en mucho (pero no totalmente, pues las decisiones normalmente están en manos de ingenieros y del dinero) lo que suceda.

Uno de los analistas más famosos en estos días es Luis Videgaray, destacado profesor visitante del proyecto sobre políticas relacionadas con la inteligencia artificial en el famosísimo Massachussets Institute of Technology. Lástima que, según se menciona en la prensa en días recientes, él tampoco logró frenar sus ambiciones a tiempo, particularmente en el sexenio pasado…