Por Victoriano Martínez

En la actualidad, toda institución universitaria se reconoce como creadora, preservadora, transmisora y difusora del conocimiento y la cultura. La Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) no se queda atrás, aunque en materia del derecho de acceso a la información pública se ha convertido en ejemplo… de lo que no debe ser.

Sabido es que en temas de transparencia, una condición indispensable para que ésta se dé es que quien encabece una institución sea el principal convencido de hacer válido ese derecho humano. Una voluntad que tiene como prerrequisito obligado el no tener nada que ocultar.

El rector Manuel Fermín Villar Rubio se ha caracterizado por exhibir en sus declaraciones que no entiende el derecho de acceso a la información pública, mucho menos es un convencido de que se respete. Ahora también queda claro que su rechazo a la transparencia es porque tiene cosas qué ocultar.

Con esa postura, el rector ha provocado que el conocimiento que transmite y difunde la UASLP en materia de transparencia tiene como principales elementos, como hoy queda claramente exhibido en la pieza informativa que presenta en este portal el periodista Jaime Nava, los malos ejemplos que da con sus respuestas a las solicitudes de información:

UNO. Dejar sin respuesta una solicitud de información en la que se requieren contratos y facturas pagadas, cuando se trata de información que, además de pública, debe difundirse de oficio. Un doble atentado contra la transparencia.

DOS. Girar instrucciones a un subordinado para que trate de convencer a un solicitante de que acepte una respuesta en la que no se le entregue la información requerida. Mayor confesión de la existencia de algo irregular no pudo dar.

TRES. Prejuzgar las intenciones del solicitante al asumir que trataba de afectar un ámbito que el peticionario desconocía. ¿Por qué se mete con sus hijas?, lo cuestionaron. Un claro ejemplo de que la opacidad está motivada por ocultar situaciones que, en el fondo, sabe que no son correctas. “Si no quieres que se sepa, no lo hagas”, dice el proverbio árabe.

CUATRO. Negar de manera formal la existencia de información pública que no sólo sus propias actitudes son indicador de su existencia, sino que en publicaciones en redes sociales de las empresas involucradas quedó constancia de que la hay; además de que existen reportes oficiales de egresos y padrones de proveedores que también acreditan la relación de la UASLP con las empresas.

CINCO. Tratar de descalificar la solicitud de información porque el solicitante “amenazó” con interponer una queja si no recibía la información, cuando la propia Ley de Transparencia obliga a todas las entidades públicas, incluida la UASLP, a informar a los peticionarios que tienen esa opción.

Se trata, en este caso, de cinco lecciones sobre lo que no debe hacerse en materia de transparencia que aporta la UASLP para ocultar el manejo de recursos que Villar Rubio, el rector, no quiere que se sepan.

Valdría la pena que un investigador de la Facultad de Derecho de la UASLP realizara una investigación para detectar y clasificar todos los “no deber ser” en los que incurre la Universidad en todas las respuestas que entrega vía la Plataforma Nacional de Transparencia, porque Astrolabio Diario Digital ha dado cuenta de otras maniobras de opacidad de la institución.

Si bien una Universidad debe participar de manera activa en la creación de soluciones viables para los problemas, materiales y de conocimiento, que aquejan a la sociedad, Villar Rubio, en materia de transparencia, ha convertido a la UASLP en promotora de uno de los principales obstáculos para el derecho de acceso a la información pública: la opacidad.