Por Victoriano Martínez

Hablar de intentos de linchamiento en contra de los delincuentes es algo que se da con mucho menos frecuencia de lo que ocurren y, cuando se comentan, es porque se trató de casos muy sonados por alguna circunstancia especial o porque fueron intentos efectivos en los que el delincuente muere.

Se sabe y resulta escandaloso que haya linchamientos en otros lugares del país. Igual resulta conveniente porque, al no ser parte de nuestro panorama local, coloca una cortina de humo a los hechos que se dan con una frecuencia que sería de escándalo y, además, podría llegar hasta a tener un efecto inhibidor para los delincuentes, por indeseable y condenable que sea el acto de linchar.

Comparado con los intentos de linchamiento que la propia autoridad registra, son pocos los casos que saltan al conocimiento público, sea porque se difunden a través de redes sociales o a través de medios de comunicación, o de aquellos saltan a éstos.

En noviembre de 2018, un hombre que fue encontrado amarrado a un poste en la esquina de las calles Sierra de la Encantada y avenida Desierto del Mayram en la colonia Los Cactus de Soledad de Graciano Sánchez, a quien sorprendieron cuando intentaba ingresar a un domicilio. Su imagen circuló en redes, en las que entre los comentarios cuestionaban no haberle prendido fuego.

Para marzo de 2019, el tema de los linchamientos volvió con un llamado del gobernador Juan Manuel Carreras a evitarlos para que no se “cometa un delito sobre otro”, como si atrás del hartazgo de quienes se ven involucrados en uno de esos actos la propia autoridad no contribuyera con la larga cadena de impunidades sobre impunidades.

A principios de 2019 se hacía la estimación de que durante el 2018 se habían registrado prácticamente dos intentos de linchamiento al día, en tanto que para diciembre de 2019, el entonces secretario de Gobierno, Alejandro Leal Tovías, reconoció que ese año cerraría con más de 200 intentos de linchamiento.

Entre los casos sonados ese año, se dio el linchamiento de uno de tres asaltantes de un sacerdote en Tamasopo, a quien los pobladores abandonaron inconsciente.

En esa ocasión no llamó a evitar cometer un delito sobre otro, sino que lanzó la culpa sobre un ente en abstracto: el nuevo sistema penal acusatorio. Una evasión de responsabilidad como las que siempre caracterizaron al exfuncionario hoy prácticamente futuro diputado de representación proporcional.

Juan Jesús Priego Rivera, vocero del Arzobispado, hizo entonces la precisión sobre la responsabilidad de la autoridad en este tipo de reacciones de la población:

“En una sociedad, todo criminal tiene que correr un riesgo y en nuestros sistemas judiciales no corren ningún riesgo, el único que corre el riego es la víctima. Hacemos un llamado… si no quieren que haya linchamientos, que la autoridad llegue a tiempo”, dijo.

Este sábado 3 de abril de 2021, habitantes de las colonias Residencial del Bosque y Simón Díaz protagonizaron uno más de tantos intentos de linchamiento que pudo haber quedado en una macabra anécdota para los habitantes de esas colonias, salvo que el ataque tuvo consecuencias fatales: el presunto asaltante de transeúntes murió.

De acuerdo con videos que circularon en redes sociales, la multitud pudo golpear durante varios minutos al sospechoso sin que los cuerpos de seguridad hicieran acto de presencia.

Si la causa del linchamiento fue que lo habían visto cometer varios asaltos sin que hubiera vigilancia policiaca que lo impidiera, que hayan podido golpearlo hasta la muerte sólo muestra el grave grado de ausencia policiaca.

¿Cuánto tiempo pasó entre un asalto y otro y la provocación de la indignación de los vecinos? ¿Cuánto tiempo entre el momento en que atraparon al sospechoso y lo golpearon hasta matarlo?

Una vigilancia incapaz de impedir el linchamiento difícilmente se puede considerar capaz de evitar la comisión de delitos.

Tal vez por eso surjan advertencias de vecinos como los de la colonia Villa Foresta, quienes hastiados de los delincuentes, colgaron en agosto pasado una manta con la advertencia: “Ratero, si te agarramos… ¡Te linchamos!”.

Si a eso se suma el ínfimo porcentaje de delincuentes procesados que son efectivamente sancionados, lo que es parte del hartazgo social, y la causa de la causa es causa de lo causado, las autoridades de seguridad y procuración de justicia indudablemente tienen un papel protagónico en ese creciente número de intentos de linchamiento.