Por Victoriano Martínez

¿Desde hace cuántas campañas electorales la promesa más vistosa de los candidatos a diputados locales es asegurar que al llegar al cargo inmediatamente se reducirán los sueldos? Los que juntos harían historia aseguraron que los reducirían a la mitad, por ejemplo.

¿Desde hace cuántas Legislaturas, al concluir su periodo, dejan en la ciudadanía la impresión de que se trató de la peor de toda la historia? La pasada además de ser considerada la peor, se ganó a pulso el calificativo de la más corrupta.

Si la LXI Legislatura quedó como la peor y la más corrupta hasta antes de 2018, la actual LXII Legislatura pinta para superarla con los serios añadidos de exhibirse como la más racista y la más ignorante de la Constitución.

Seguro es porque son diputados y viven encima de un ladrillo, rodeados de asesores cuya especialidad es hacerles creer que son infalibles y alimentarles el ego a cambio de mantener altos sueldos y prebendas, que incluyen hasta moches. Asesores convertidos en auténticos sastres de trajes invisibles.

Diputados que se exhiben con sus trajes invisibles que dejan expuestas, además de su ignorancia jurídica, su racismo, su sumisión al Ejecutivo, su hipocresía, su escasa dignidad… también, para colmo, su vulgar ambición por apropiarse de una tajada cada vez mayor del presupuesto.

En la sesión de este jueves, los diputados aprobarán su propuesta de presupuesto para el 2021. El aumento del 1.63 por ciento con relación a lo que se ejercerá este año bien podría considerarse un incremento moderado, pero no tanto tras la crisis económica provocada por la pandemia del Covid-19.

La moderación se desdibuja aún más cuando, al observar los detalles de la evolución del Capítulo 1000 del presupuesto, como nunca en la historia del Congreso del Estado, estos diputados que se caracterizaron por prometer la reducción de sus sueldos, serán los que dediquen el mayor porcentaje a Servicios Personales.

En 2015, la partida para Servicios Personales representó el 72.12 por ciento del presupuesto total. Para 2021, lo destinado a los sueldos en el Congreso del Estado representará, según su propuesta de presupuesto, el 90.64 por ciento.

Transparencia Internacional define corrupción como el abuso del poder para beneficio propio. Al auto aprobarse ingresos que cada vez acaparan un porcentaje mayor del presupuesto total, los diputados abusan de esa facultad para su beneficio, sobre todo cuando no corresponden con un eficiente trabajo, al grado que la Suprema Corte de Justicia de la Nación les enmienda la plana.

El campo está abierto para que los candidatos a diputados locales puedan prometer subsanar la ignorancia jurídica (¿una limpia de asesores?), ser verdaderamente incluyentes, actuar con independencia de los otros poderes, cumplir sus promesas y dignificar su cargo, pero sobre todo volver a prometer que se disminuirán el sueldo… a fin de cuentas eso sólo es para la campaña.

Cuando asuma la LXIII Legislatura, sus diputados podrán montarse en su ladrillo, gozar de la experta adulación de sus futuros y sempiternos asesores, descarar su clasismo y su racismo, ponerse a las órdenes del Ejecutivo… y, sobre todo, olvidar su promesa de reducción salarial.

¿Cuántas Legislaturas más podrán incumplir la recurrente promesa de reducción salarial? Al ritmo que ha crecido el porcentaje para el personal del Congreso del Estado, a la siguiente Legislatura le alcanzaría para cerrar con el cien por ciento del presupuesto a Servicios Personales.

Total, si esta Legislatura ya logró la que parece la maldición de cada nueva camada de diputados –ser peor que los anteriores– ¿por qué habría de esperarse que los que ya se mueven para ser candidatos no resulten peores?