Frater Ignatius

En la ciencia actual, los generadores de números al azar son muy útiles para simular fenómenos naturales y la obtención de muestras de datos. Hace muchos años, antes del poder de las computadoras, los científicos tenían que ser muy creativos en sus métodos para obtener números aleatorios. El gran Lord Kelvin, utilizó números escritos en trozos de papel sacados de un recipiente. Esto ocurría en 1901. El famoso científico no quedó satisfecho con los resultados, ya que no aseguraban plenamente la garantía de tener las mismas posibilidades a todos y cada uno de los trozos de papel.

Leonard Tippett facilitó a los investigadores una tabla con 41600 números aleatorios que había construido tomando los dígitos intermedios de los números que representan el área de los distritos ingleses. En 1938 los estadísticos británicos Ronald Fischer y Frank Yates publicaron otros 15000 números aleatorios utilizando dos barajas para seleccionar dígitos en forma de logaritmos. Recordemos que la estadística está relacionada con el azar, el cual siempre es imprevisible en el tiempo. Existen por ejemplo unas variaciones en las condiciones iniciales de un sistema, que pueden desatar procesos totalmente caóticos. Los ejemplos abundan. Los procesos estocásticos son típicos y esto que estamos tratando toca a la misma filosofía y a la religión aparte de la ciencia.

Otro estadístico británico Maurice Kendall llevó a cabo una investigación de corte probabilístico y mecánico o electromecánico para la obtención de números totalmente aleatorios por medio de un dispositivo capaz de generar una tabla de 100000 números al azar. Aplicaron la estadística para asegurar que los números eran totalmente aleatorios con la misma probabilidad de salir y sin ningún elemento que “cargara” los datos. Posteriormente RAND usó los mismos principios de Kendall y amplió los dígitos a 1000000, utilizando pruebas matemáticas similares y rigurosas.

Kendall y su amigo Smith utilizaron un motor conectado a una especie de ruleta hecha de cartón de aproximadamente 25 centímetros de diámetro. El disco se dividía en 10 segmentos con un tamaño similar entre ellos y numerados del 0 al 9. Una lámpara de neón proporcionaba la luz. Un condensador cargaba la lámpara y con el tiempo producía un destello. El operador de la máquina veía cualquier número y lo registraba para formar un número evidentemente mucho mayor que lo conseguido anteriormente.