Marlene lleva 86 días sin ver a su hijo, busca justicia a favor de las infancias

A sus 10 meses y 15 días, Aquiles no ha convivido con su madre desde el 1 de julio; su abogada afirma que existen 24 convivencias ordenadas judicialmente que no se han realizado y una restitución inmediata que tampoco se ha ejecutado.

María Ruiz

“No temas hija, Aquiles se parece a ti, él va a regresar a ti”.

Es la frase que la madre de Marlene Muzquiz Flores le repite desde que su hija dejó de ver a su hijo. Es también una de las pocas certezas a las que ella dice aferrarse después de 86 días sin Aquiles, quien tenía siete meses y 21 días cuando, de acuerdo con su relato, su padre se lo llevó el 1 de julio.

Hoy el niño tiene 10 meses y 15 días. Marlene no sabe si ya gatea, cuándo le salió su primer diente o qué otros cambios han tenido durante estos casi tres meses de separación.

“Me he perdido cosas muy importantes de su vida, que sé que el tiempo no me las va a recuperar”, cuenta.

La separación llegó después de que Marlene, maestra con 18 años de servicio, decidiera poner fin a su relación de pareja. Ella asegura que durante el matrimonio vivió violencia verbal y humillaciones que comenzaron desde los primeros años de la relación y se intensificaron durante el embarazo y después del nacimiento de Aquiles.

Su intención, sostiene, no era impedir que el padre conviviera con su hijo.

“Yo pensaba quedarme aquí en San Luis. Yo no pensaba regresarme en ningún momento a Saltillo, que él continuara conviviendo con Aquiles”, relata.

Siete días antes de la separación, después de una reunión familiar, le comunicó a su esposo que ya no se sentía cómoda en el matrimonio y que quería darse un tiempo.

Para entonces, explica, llevaba alrededor de un año y medio viviendo con la familia de él. Marlene es originaria de Saltillo, Coahuila, y llegó a San Luis Potosí sin conocer prácticamente a nadie fuera de la familia de su esposo.

“Yo llegué sola cuando me casé”, recuerda.

Una relación marcada, según Marlene, por la violencia

Marlene cuenta que durante la relación fue constantemente descalificada por su profesión. Ella es maestra y llevaba años trabajando cuando decidió solicitar un permiso para estudiar un segundo doctorado.

Marlene Muzquiz.

Afirma que su esposo menospreciaba su trabajo y su salario, a pesar de que ella contribuía económicamente al hogar.

“Siempre decía que yo era maestra, que no podía aspirar a más, que mi sueldo era mediocre”, relata.

Durante el embarazo, asegura, la situación se volvió todavía más complicada. Cuenta que incluso tuvo una amenaza de aborto y que llegó a contactar a una abogada cuando tenía tres meses de embarazo, aunque finalmente decidió no continuar con el proceso.

“Muchas hemos pasado por esto, hemos contactado, hemos pedido ayuda, pero no escalamos esa ayuda”, reflexiona ahora.

También describe un entorno familiar que considera hostil y en el que, afirma, recibía constantes comentarios sobre la manera en que debía cuidar a su hijo: cómo peinarlo, bañarlo o alimentarlo.

Marlene amamantaba a Aquiles durante la madrugada y durante el día se extraía leche para alimentarlo con biberón. Asegura que siempre procuró estar presente en sus actividades.

“Siempre lo traía conmigo. A donde iba, iba conmigo”.

Lo llevaba al gimnasio, al supermercado y a sus actividades cotidianas. Incluso desde los tres meses, relata, acudía con él a estimulación temprana.

El día que dejó a Aquiles y ya no volvió a verlo

El 1 de julio, Marlene tenía programada una clase muestra en el Tecnológico de Monterrey. De acuerdo con su relato, su esposo insistió en llevarla junto con Aquiles, pese a que ella acostumbraba trasladarse por su cuenta.

La dejó en el estacionamiento y ella entró a impartir la clase.

“Como nunca me despedí de mi hijo, fue bien extraño. Abrí la puerta de atrás y me despedí de él. ‘Ahorita te veo’”, recuerda.

Pero ya no lo volvió a ver.

Alrededor de las 9:45 de la mañana, cuando terminó la clase, llamó para pedir que fueran por ella. Fue entonces cuando recibió lo que, según cuenta, su esposo le presentó inicialmente como una sorpresa.

Después recibió un mensaje distinto: él se llevaría a Aquiles porque ella había decidido separarse.

Marlene asegura que no existió un acuerdo previo para que el niño saliera de San Luis Potosí ni para que se quedara con su padre.

“Yo nunca había hablado de que se lo iba a llevar. Nunca”, sostiene.

A partir de ese momento comenzó a llamarlo insistentemente. También intentó comunicarse con familiares de él.

No obtuvo respuesta.

Además, relata que el padre se quedó con sus tarjetas bancarias, su identificación oficial, su licencia de conducir y otras pertenencias que estaban dentro del vehículo.

“Yo no tenía nada. No tenía dinero, no tenía tarjetas, no tenía cómo moverme”, cuenta.

Marlene salió rumbo a un hotel, donde su expareja la citó después del aviso, pero este no llegó y ante la desesperación de no recibir respuestas comenzó a correr hacia el domicilio donde habían vivido recientemente. Después acudió al lugar donde trabajaba su esposo para intentar encontrarlo.

Tampoco estaba ahí.

Finalmente llamó a su madre y a la abogada Sarahy Cervantes.

Sarahy Cervantes, abogada de Marlene Muzquiz.

La instrucción fue inmediata: acudir a la Fiscalía General del Estado.

La denuncia y una orden de restitución que no se ha ejecutado

Marlene presentó ese mismo 1 de julio una denuncia ante la Fiscalía General del Estado por la sustracción de su hijo. La carpeta, explicó su abogada, quedó registrada con el número 22009, a la par de una ficha de búsqueda ante Alerta Amber.

La madre asegura que permaneció varias horas en la Fiscalía antes de que le tomaran la declaración y que posteriormente tuvieron que ampliar la querella porque, según su versión, algunos de los hechos que relató inicialmente no quedaron incorporados.

Cinco días después, el 7 de julio, Cervantes presentó una demanda de guardia y custodia. El asunto fue admitido y radicado el 9 de julio ante el Juzgado Segundo de lo Familiar.

De acuerdo con la abogada, en ese acuerdo se ordenó la restitución inmediata de Aquiles.

La defensa intentó ejecutar la resolución el 15 de julio.

La restitución: una orden judicial que terminó sin cumplirse

Cervantes relata que ese día acudieron a dos domicilios que consideraban vinculados con la familia del padre. En uno no encontraron al niño. Posteriormente se trasladaron a otro domicilio.

Ahí, explica, finalmente llegó el padre.

La abogada sostiene que, al ser requerido para entregar al niño, se negó y se encerró en el baño. Ante el incumplimiento de la orden se determinó un arresto de ocho horas.

“Se le requería por la entrega inmediata del menor”, relató Cervantes.

Según su versión, el hombre fue detenido y trasladado, pero aproximadamente media hora después recibió una llamada de personal de la Fiscalía para informarle que había sido liberado porque faltaba un documento para ejecutar la medida.

La orden de restitución, afirma la abogada, permanece sin cumplirse.

El expediente pasó por tres juzgados familiares

El proceso tampoco permaneció en un solo órgano jurisdiccional.

Cervantes explicó que el Juzgado Segundo de lo Familiar, que originalmente conocía de la demanda de guardia y custodia, se excusó mediante un acuerdo del 13 de agosto.

El expediente pasó entonces al Juzgado Primero de lo Familiar. Según la abogada, inicialmente el titular de ese juzgado manifestó que no podía conocer del asunto, pero después de que la defensa presentó una inconformidad se determinó, mediante un acuerdo del 21 de agosto, que debía asumir el caso.

Sin embargo, el 24 de agosto el asunto fue remitido al Juzgado Quinto de lo Familiar, debido a que ahí se encontraba otro procedimiento relacionado con el divorcio, identificado con el expediente 871-2026.

La defensa sostiene que este movimiento entre juzgados generó dificultades para continuar con el procedimiento. Cervantes asegura que durante varios días no tenían claridad sobre dónde se encontraba físicamente el expediente ni ante qué autoridad podían presentar sus promociones.

“Estuvimos realmente en estado de indefensión”, sostuvo.

De acuerdo con la abogada, finalmente el asunto regresó al Juzgado Primero de lo Familiar mediante un acuerdo del 21 de septiembre, órgano que posteriormente emitió nuevas determinaciones dentro del proceso.

Cervantes cuestionó jurídicamente algunas de esas determinaciones y consideró que se alejaban de los principios de perspectiva de género y del interés superior de la niñez. Se trata de la valoración jurídica de la defensa sobre las actuaciones judiciales.

El amparo y un oficio que, según la defensa, no estaba en el expediente

Otro de los puntos señalados por Cervantes es un amparo promovido contra la restitución inmediata de Aquiles.

La defensa de Marlene interpuso una queja y, según la abogada, esta fue declarada fundada el 17 de agosto.

Un día después, explicó, el Juzgado Tercero de Distrito notificó al juzgado familiar que la suspensión provisional quedaba sin efectos y que la autoridad podía ejecutar la restitución.

Sin embargo, cuando Cervantes revisó posteriormente el expediente físico en el juzgado familiar, asegura que el oficio mediante el cual se comunicaba esa determinación federal no estaba incorporado.

“Nosotros checamos el expediente y no estaba ese oficio. No forma parte del sumario”, afirmó.

La abogada acudió entonces al Juzgado Tercero de Distrito, donde, según su relato, pudo revisar el expediente federal y constatar que la notificación sí aparecía y que había sido realizada desde el 18 de agosto.

“Realmente no sabemos si lo extraviaron, si lo sacaron, no sabemos qué está pasando”, señaló.

Cervantes consideró que la ausencia del documento en el expediente familiar constituye una irregularidad grave, aunque precisó que no podía afirmar que detrás de ello existiera corrupción.

24 convivencias ordenadas y ninguna realizada

Mientras los juzgados resuelven los distintos recursos y determinaciones, Marlene continúa sin ver a su hijo.

De acuerdo con Cervantes, el 13 de agosto se ordenaron convivencias entre madre e hijo y comenzaron a programarse a partir del 14 de agosto. Hasta ahora, afirma, ninguna se ha concretado.

En total, la defensa contabiliza 24 convivencias judicialmente ordenadas que no se han realizado.

El incumplimiento, sostiene, no sólo se refiere a las convivencias. El 20 de agosto, Aquiles también debía ser presentado para una revisión pericial psicológica, pero tampoco fue llevado.

“Mi clienta no ha visto al niño desde el 1 de julio y, a pesar de que ha habido diversos requerimientos para que lo presenten, no lo ha llevado a ninguno”, dijo Cervantes.

La abogada sostiene que la prolongación de la separación ha generado una interrupción forzada del vínculo entre madre e hijo y que esta situación ha sido planteada ante las autoridades dentro del proceso.

Aquiles tenía siete meses y 21 días cuando dejó de estar con su madre.

Marlene recuerda que entonces apenas comenzaba a salirle su primer diente.

Ahora tiene 10 meses y 15 días.

“No sé si él gatea, pero espero que ya lo esté haciendo”, dice.

No sabe quién lo lleva a sus actividades, quién lo alimenta durante el día ni cómo ha sido su desarrollo durante estos meses.

Cervantes asegura que han recurrido a opiniones de especialistas para sustentar ante las autoridades las posibles consecuencias de una separación prolongada durante una etapa temprana del desarrollo.

La abogada también manifestó preocupación por el desconocimiento que tienen actualmente sobre las condiciones cotidianas del niño.

“No sabemos quién lo está cuidando, quién lo está alimentando, qué le están dando de comer”, señaló.

Una madre que también perdió momentos

Marlene no sólo habla de la ausencia de su hijo. Habla de todo lo que ha ocurrido mientras ella no estaba.

El primer diente. El gateo. Los cambios físicos. Las nuevas rutinas.

“Sé que el tiempo no me los va a recuperar”, dice.

Cuenta que durante estos meses ha perdido seis kilos, que duerme poco y que ha tenido una caída importante del cabello.

Aun así, dice que quiere que su hijo la vea fuerte cuando vuelva a encontrarla.

“Quiero que me vea fuerte. He perdido seis kilos en todos estos tres meses. No he dormido. Es un estrés tremendo. Pero él sabe que estoy fuerte para él”.

Su madre se ha convertido en una de las personas que la sostiene durante este proceso.

Otro de los elementos que relata Marlene es el contacto que, afirma, ha mantenido con el padre de Aquiles a través de mensajes y redes sociales.

Sostiene que ha recibido amenazas y hostigamiento digital y que incluso ha visto publicaciones relacionadas con su hijo.

Entre los mensajes que refiere, asegura, existe uno en el que se le advierte que no volverá a ver al niño hasta que cumpla 15 años.

“Él no habla, él no puede defenderse”, dice Marlene.

Y agrega una preocupación que va más allá del litigio actual:

“Los problemas de adultos se quedan entre adultos”.

Para ella, Aquiles no debería cargar en el futuro con las consecuencias del conflicto entre sus padres.

Lo que ahora exigen

La petición central de Marlene y su abogada es que Aquiles sea presentado ante las autoridades y que se conozca su estado actual.

Cervantes señala que también buscan que se cumpla la orden de restitución emitida el 9 de julio y que se ejecuten las convivencias ya determinadas judicialmente.

“Por lo menos queremos que lo presente ante las autoridades para saber cómo se encuentra el niño”, sostuvo.

El caso continúa en tribunales. La defensa explicó que recientemente se realizó una audiencia definitiva y que todavía esperaba la notificación formal para conocer el contenido íntegro de la resolución y determinar cuáles serán los siguientes pasos.

Mientras el expediente sigue avanzando entre recursos, acuerdos y juzgados, para Marlene el tiempo tiene otra medida: los días que lleva sin ver a su hijo.

Son 86.

Y las convivencias que, según su abogada, ya fueron ordenadas, pero no se han concretado, suman 24.