Por Victoriano Martínez

Hablar del presupuesto que se ejerce en la administración pública se suele hacer siempre con más dudas que certezas, sobre todo porque para los encargados de su distribución los recursos son escasos, nunca alcanzan y tienen que hacer maniobras de autoridad para hacer rendir el erario… aunque existe una percepción pública de cierto grado de dispendio.

Al hablar del presupuesto federal para el 2021, más que nunca los responsables de su ejercicio tienen elementos para lamentar que los recursos serán escasos, no alcanzarán y se verán obligados a reforzar sus estrategias de contracción del gasto de operación, priorización de la inversión y fortalecimiento de los programas de recaudación.

Eso ocurrirá porque hay un alto contraste en la definición del presupuesto 2021 contra los casos de años anteriores:

Las Participaciones Federales transferidas al Estado habían aumentado en promedio en más de mil 500 millones de pesos en los últimos dos ejercicios fiscales. Para el próximo año en lugar de recibir mil 500 millones de pesos más recibirán 430 millones de pesos menos.

Los recursos transferidos a los municipios aumentaron 500 millones de pesos en promedio en los últimos dos años. Para el próximo año en lugar de recibir 500 millones de pesos más recibirán 175 millones de pesos menos.

Son dos ejemplos mencionados por Daniel Pedroza Gaytán, secretario de Finanzas, sobre la forma en que la reducción que tendrá el presupuesto federal para 2021 repercutirá en las finanzas estatales.

A la luz de una lógica paternalista, el argumento se parece al del adolecente acostumbrado a recibir siempre más y lloriquear el día que, por alguna contingencia o contrariedad, se le entrega un poco menos en lugar de aumentarle.

Un efecto en la percepción para los observadores externos del ejercicio del presupuesto provocado por la falta de claridad en la difusión que de su aplicación se hace, y los argumentos poco comprensibles porque le resultan extraños a una sociedad acostumbrada a ajustarse a ingresos limitados.

Por cierto, esa contingencia o contrariedad llamada pandemia por el Covid-19, modificará el ejercicio presupuestal de este año –ahora se informa– en mil 160 millones de pesos: 511 millones para atender la contingencia sanitaria, 100 millones de pesos en programas de reactivación económica y 550 millones de pesos por ingresos previstos no obtenidos.

Mil 160 millones de pesos fue el impacto del Covid-19 en un presupuesto de más de 50 mil millones de pesos. O hace falta mucho más información y/o una mayor explicación sobre lo que representa un impacto en torno al 2 por ciento en el presupuesto por la contingencia sanitaria, o está pasando algo más con las finanzas estatales de lo que no se habla.

En fin, hablar del presupuesto que se ejerce en la administración pública se suele hacer siempre con más dudas que certezas, y para 2021 la única certeza es que, con el elemento Covid-19, los responsables de la administración pública podrán decir que más que nunca los recursos son escasos y no alcanzan.