Por Victoriano Martínez

Hace un año, el gobierno estatal presentó una propuesta de presupuesto de egresos tan optimista, que el monto se incrementaba en un 6.5 por ciento contra lo presupuestado el año anterior, aunque al final el monto quedó en un aumento 4.96 por ciento. Hoy el lamento es que ese porcentaje para 2021 será negativo.

En la expresión de Daniel Pedroza Gaitán, secretario de Finanzas, es que “no se tiene registro en los antecedentes del estado, de haber presentado una iniciativa sin crecimiento respecto al monto autorizado el año anterior”.

Y es que en la propuesta de presupuesto de egresos para 2021 se contempla una disminución del 2.6 por ciento, derivado de la contingencia sanitaria por coronavirus, lo que provocará que a todos los rubros se les ajuste su presupuesto a la baja, con excepción de salud, seguridad y procuración de justicia.

“Es la realidad que está viviendo el país, que se refleja en la vida económica y en las finanzas públicas y tenemos que actuar en consecuencia con responsabilidad”, afirmó el gobernador Juan Manuel Carreras López.

Tanto afirmar que no hay antecedentes de iniciativa de presupuesto sin reducción, como la afirmación de Carreras López sobre una realidad que se refleja en las finanzas públicas tienen toques de exageración y, como tales, de justificación anticipada de resultados limitados en su gestión.

Peor aún, si la afirmación carrerista de que ante esa realidad que vive el país “tenemos que actuar con responsabilidad” se interpreta en sentido contrario (a contrario sensu), podría considerarse como una confesión de que no se ha actuado con responsabilidad porque las circunstancias no se lo exigían.

Más allá de esas consideraciones, es falso que sea la primera vez que un presupuesto previsto para el siguiente año sea menor al que se previó para el que se encuentra en curso, y el antecedente no es tan lejano: 2009, como efecto de otra pandemia, la del AH1N1 (gripe porcina).

El presupuesto que se propuso a finales de 2009, año de aquella pandemia, para ejercerse en 2010 tuvo una reducción del 2.27 por ciento. Fue una pandemia menos agresiva que la actual, cuyo impacto en el presupuesto es de una reducción del 2.57 por ciento. Pudo haber sido mucho peor.

Una reducción presupuestal que tenía como antecedentes crecimientos del 16.03 por ciento de 2007 a 2008, y de 18.72 por ciento de 2008 a 2009, con un crédito de fin de sexenio por mil 500 millones de pesos justificado en gran parte por la pandemia. Así cerró la bonanza del gobierno de Marcelo de los Santos.

La caída en la previsión presupuestal ahora está precedida por aumentos más modestos que los de aquella bonanza, pero aumentos a fin de cuentas: del 9.16 por ciento de 2018 a 2019, y del 4.96 por ciento de 2019 a 2020.

Los argumentos del gobierno estatal, casi en tono de lamento, se parecen a los del adolecente acostumbrado a recibir siempre más y lloriquear el día que, por alguna contingencia o contrariedad, se le entrega un poco menos en lugar de aumentarle… y hace drama por tener que ajustar sus gastos porque tiene que “actuar con responsabilidad”.

Efectos similares de dos pandemias que provocan lamentos y la expresión de buenas intenciones de actuar con responsabilidad. Aunque el tiempo mostrará si sólo quedará en buenas intenciones para endosarle totalmente el trago amargo a quienes pagan impuestos.