Por Victoriano Martínez

La reestructuración de la deuda pública estatal que hoy se discutirá en el Congreso del Estado ha colocado a Octavio Pedroza Gaitán, a tres días de haber sido electo candidato por el PAN a la gubernatura, en la condición de fijar una postura que anticipa el tipo de gobernador que sería: tan ambiguo en su discurso, o más, que Juan Manuel Carreras López; o sea, mucho más de lo mismo.

Tan casado está con impostar un discurso políticamente correcto que para dar su opinión sobre lo que hoy decidirán los diputados se refugia en expresar recetas hipotéticas, antes que entrar a una revisión detallada de la ya envejecida iniciativa, presentada por Carreras López y elaborada por su hermano Daniel.

“Esto (la reestructuración de la deuda) solamente tiene viabilidad sobre dos premisas: el objetivo preciso y, claro, definido para qué se va a utilizar y dos la capacidad del pago; si esto se cumple, bienvenida la reestructuración”, fue la expresión con la que Pedroza Gaitán evadió hablar del caso concreto, en el que difícilmente se cumple el primer punto.

El objetivo definido y preciso difícilmente se describe con la expresión “para contar con los recursos presupuestarios necesarios para enfrentar los gastos que en materia de salud ha provocado la emergencia sanitaria”, que es la única referencia a tal aspecto en la iniciativa presentada en mayo del año pasado.

La prueba de que tal referencia decía todo y nada a la vez sobre el destino de esos recursos, que al término del ejercicio fiscal 2020, en el dictamen aprobatorio de la Comisión de Gobernación aquella expresión se limitó a cambiar por “para compensar el desbalance presupuestario ocasionado por la pandemia”, es que no se incluyó el desglose de aquellos gastos provocador por la pandemia.

Los gastos provocados por la pandemia de mayo a diciembre se enfrentaron y lo confirma la afirmación de la Comisión de Gobernación de una reestructura “para compensarlos”, pero resultan tan indefinidos y tan imprecisos, que no son citados ni como información adicional presentada con posterioridad a la iniciativa, ni como indagación de los dictaminadores en su resolución positiva.

Si el candidato panista, a quien en la eventualidad de un triunfo electoral le correspondería hacer frente a los compromisos de la reestructuración, no hubiese opinado sobre ese proceso como una generalidad y hubiese revisado los dictámenes específicos, se habría dado cuenta de que una de las dos condiciones que impuso para su viabilidad no se cumple.

Es más, le habría bastado con una lectura rápida al dictamen de la Comisión de Hacienda del Congreso del Estado que desecha la reestructuración para al menos darse cuenta de que podía dudar de que la reestructura que hoy se discutirá cumple las condiciones que señaló.

Al no revisar el dictamen, Octavio Pedroza Gaitán resulta víctima de su ambigüedad cuando, en lo que podría tomarse como un gesto de cortesía hacia Carreras López con un toque de espaldarazo a su hermano Daniel, va más allá de justificar una reestructuración que incumple con una de las dos condiciones que él mismo estableció.

“Nuestro estado tiene una deuda muy manejable, muy responsable, y yo creo que cuando hay una urgencia como la que hoy se vive con el tema de la crisis sanitaria, es altamente razonable que se esté pensando en la reestructuración y hasta posiblemente en una ampliación de la deuda”, dijo cual si retomara el abanico de posibilidades en que se convirtió la primera intención carrerista.

Una señal indudable de que Pedroza Gaitán sería un gobernador tan parecido a Carreras López, que en el discurso diría una cosa y en los hechos haría lo contrario. Más de lo mismo, pues… o aun peor.