Por Victoriano Martínez

La Sierra de San Miguelito requiere de acciones muy específicas para su preservación que, después de que los incendios que aún no se logran eliminar y ya han afectado a más del 15 por ciento de su superficie, parece una misión imposible.

Si se tuvieran que señalar efectos de los incendios, además de la lamentable destrucción ecológica y la consecuente merma de sus servicios ambientales a la ciudad, tendría que hablarse de reacciones ante la humareda que invadió la ciudad con cierto grado de oportunismo hasta los intentos de justificación abierta por las omisiones que como autoridades se han tenido.

Un oportunismo de mal gusto resulta el de los funcionarios que suben a helicópteros que sobrevuelan los incendios y difunden selfies, o acuden con su familia a las cercanías del fuego, pero a distancia suficientemente prudente para no correr riesgos, y se toman fotografías familiares y de grupo, como si se tratara de acciones que contribuyeran a resolver el problema.

Aunque podría tener una motivación de genuina preocupación ante las gigantescas nubes de humo, las peticiones que un grupo de ciudadanos hace al Congreso del Estado contribuyen a la búsqueda de soluciones, pero exhibe una actitud reactiva, cuando la preocupación por la preservación de la Sierra de San Miguelito lleva ya décadas.

Que en plena contingencia la titular de la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM), Ivett Salazar Torres, responsabilice a su similar federal (la Semarnat) de no responder dos presuntas solicitudes de veda para la Sierra de San Miguelito es una mera cortina para encubrir el no haber atendido diligentemente su responsabilidad con el valor ecológico de esa área.

Desde 2009 llegó al escritorio del gobernador del Estado el proyecto de decreto para declarar Área Natural Protegida las más de 63 mil hectáreas de la Sierra de San Miguelito, pero ni Marcelo de los Santos, ni Fernando Toranzo y ahora ni Juan Manuel Carreras López contaron con un titular de la SEGAM que les hiciera ver la importancia de su firma en ese documento.

Si Salazar Torres se hubiera preocupado por hacer valer todos los estudios técnicos y científicos que respaldan el decreto de Área Natural Protegida y hubiera logrado la firma de Carreras López en el documento y su publicación en el Periódico Oficial, hoy no tendría que expiar sus culpas con peticiones que habrían sido innecesarias, porque habrían sido consecuencia directa de lo decretado.

Ni oportunismos ni justificaciones es lo que requiere la Sierra de San Miguelito. En este momento se requiere que la emergencia se atienda con la urgencia del caso, desde la eliminación de los incendios en las más de 9 mil 400 hectáreas, hasta un plan responsable de recuperación de las áreas afectadas.

Resuelto lo urgente y necesario, se debe considerar lo posible, y entre esto se encuentra recuperar todo el trabajo realizado por grupos ecologistas desde hace 30 años, especialmente el Grupo Sierra de San Miguelito, A.C., para que finalmente se declare Área Natural Protegida esa zona, con todos los servicios ecológicos que le presta a la ciudad.

Uno de los efectos de los incendios es que quedó expuesto que la declaratoria de Área Natural Protegida, que ya es posible porque se cuenta con todos los estudios técnicos y científicos, también puede ser calificada como necesaria.

Como dijera San Francisco de Asís: “empieza por hacer lo necesario, luego haz lo posible y de pronto estarás logrando lo imposible”.

Si tras el control de los incendios y un programa bien planeado de recuperación de las áreas perdidas se da la declaratoria de Área Natural Protegida con un plan de manejo efectivo y eficiente, pronto se estará logrando lo que hoy parece imposible: la preservación de la Sierra de San Miguelito y, con ello, la viabilidad de la ciudad.