Por Victoriano Martínez

El del transporte urbano es un problema que va mucho más allá de unidades en mal estado y el costo del servicio, que se vuelven lugar común para hablar cada año en contra del aumento a la tarifa.

De lo que poco se habla es sobre qué tan efectivo es el sistema de rutas planteadas por la autoridad para resolver el problema de traslado de un punto a otro de la ciudad para los usuarios de los camiones.

De acuerdo con el registro de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes estatal se cuenta en la ciudad con 57 rutas de camiones, y las presenta como si sus trayectos fueran únicos y la frecuencia con que pasan las unidades tuviera precisión cronométrica.

En los hechos, los usuarios tienen que especializarse en reconocer que la ruta X, si adicionalmente señala en el parabrisas una colonia y otra, una avenida u otra, el trayecto cambia. Si no pone atención en eso, cuando cree que está por llegar a su destino una vuelta en una esquina le hace pagar su descuido con tener que caminar más cuadras para llegar a su destino.

Es así como las 57 rutas se multiplican de tal suerte que el usuario tiene que especializarse distinguir las variantes de cada una de ellas si no quiere desviarse de su destino.

Se trata de un verdadero laberinto al que deberían someterse diputados, funcionarios de la SCT y el propio gobernador Juan Manuel Carreras López para ver si son capaces de llegar, por ejemplo, desde la zona de transferencia en la Alameda a Montañas Rocallosas o a sus residencias, sin consultar a nadie, sólo la señalética informativa que como autoridades colocan.

La primera prueba que tendrían que superar es localizar la ruta que los acerque a su destino, para lo que tendrían que recorrer toda la zona de transferencia hasta lograr ubicarse en el parador correspondiente… y esperar para percatarse que las frecuencias con que pasan nada tienen que ver con las que señalan en su registro de rutas.

Ya instalados ahí, la siguiente prueba es acertar en la variante correspondiente de la ruta que hayan considerado que es la que los acerca a su destino. Una vez que vean acercarse el camión que les toque y le hagan la parada, bien podrían encontrarse con el hecho de que el chofer no los tome en cuenta y no se pare (algo que es más frecuente en las colonias).

Se puede preguntar al chofer si “pasa por…”, pero la prueba es que lleguen sin consultar a nadie. Así que todo el trayecto lo pasarían con la duda y muy posiblemente cuando estén por llegar a su destino, el camión de vuelta en una esquina y se percaten que deben bajarse y caminar un largo trayecto o esperar la variante de la ruta que lo acerque un poco más.

Si decide esperar la ruta correcta, es probable que se percate que, de buenas a primeras, el chofer decidió acortar camino por una avenida distinta y se saltó pasar por donde está esperando.

Así lo padecen a diario estudiantes, amas de casa, obreros y la totalidad de los usuarios del transporte urbano que, después de esperas de más de media hora y mucho más, ven ilusionados que se acerca la ruta que esperan, pero al hacerle la parada el chofer los ignora completamente.

¿Facilita el transporte urbano realmente el traslado de los peatones? Sí, pero en la medida en que el usuario haya logrado una especialización en el uso de un servicio que, además de deficiente, caro y obsoleto, opera con un esquema de rutas tan complicado, con alteraciones inesperadas y en un territorio carente de señalética informativa.

El mal servicio no sólo es responsabilidad de los concesionarios, sino también de autoridades poco comprometidas con trabajar en favor de mejorarlo desde la planeación de rutas y esquemas de mejora continua. Y no sólo porque se espere que sean servidores públicos proactivos, sino porque se trata de una obligación legal que incumplen.

El artículo 4 de la Ley de Transporte Público le ordena a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes evaluar de manera permanente el servicio para aplicar las medidas preventivas, de seguridad y correctivas que procedan. El deterioro del servicio es el mayor indicador del incumplimiento de la Ley.

Si no cumplen con algo tan básico, mucho menos se puede esperar que favorezcan a la población con “una tarifa integrada que permita el trasbordo de usuarios dentro de una misma modalidad, o bien de una modalidad a otra, mediante el pago de una tarifa única”, que apoye a la economía de quien tiene que transportarse en camión. Algo que la Ley también les ordena impulsar.

Como cada año, ya comienzan a darse las posturas en torno al aumento de la tarifa del camión, a señalar a los concesionarios como los únicos con incumplimientos que hacen que no se lo merezcan como mero distractor de los problemas de fondo del transporte, para finalmente autorizárselas sin ninguna mejora, ni de parte de los concesionarios ni de las autoridades.

Al fin y al cabo, a diferencia de los funcionarios responsables, quienes usan el camión no tienen de otra.