Por Victoriano Martínez
Si algo se recicla con mucha regularidad en el Estado lamentablemente no son los residuos urbanos ni los de manejo especial, sino las promesas y compromisos de servidores públicos responsables de asegurar el destino final de la basura, cuyo incumplimiento incuba una crisis que se comienza a manifestar en Soledad de Graciano Sánchez.
Cuando los malos olores y la fauna nociva delataron la existencia de un basurero junto a las viviendas de Valle de la Palma, no se destapaba una cloaca en particular.
Se trataba del indicio de que el cierre del tiradero de El Zapote ya había comenzado a provocar que las 4 mil 964 toneladas de basura urbana que se general al mes en ese municipio se dispersaran por su territorio.
Una semana después le tocó el turno de rechazar los desechos a los habitantes de Cándido Navarro y Enrique Estrada y desde este fin de semana a los vecinos del fraccionamiento El Toro… y contando.
“Una vez cumplidas las especificaciones técnicas sanitarias ambientales establecidas en los ordenamientos Legales vigentes, los miembros del Ayuntamiento darán su aprobación para que sea construido el relleno sanitario, a fin de garantizar la no contaminación del suelo, mantos acuíferos, cuerpos de agua, el aire y evitar el riesgo por concentración de biogás y líquidos contaminantes”.
Con esas palabras, desde el 18 de junio de 2013, el reglamento de Aseo Público de Soledad de Graciano Sánchez estableció el compromiso de construir un relleno sanitario que, si se hubiera cumplido, hoy no se tendría que molestar a los habitantes de distintos puntos del municipio con irles a tirar basura pestilente y generadora de fauna nociva.
Un problema que va mucho más allá de las 4 mil 964 toneladas de basura urbana que cada mes se recolectan porque, de acuerdo con la Ley Ambiental estatal, hay otro tipo de residuos que la autoridad municipal y la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM) deben trabajar de la mano para asegurar su disposición final.
“La SEGAM y los respectivos ayuntamientos llevarán los inventarios de rellenos sanitarios y de los sitios de disposición de residuos de manejo especial; así como el de fuentes generadoras, cuyos datos los integrará la propia SEGAM”, dice el artículo 105 de la Ley Ambiental.
El caso es que entre los padrones que reporta la SEGAM en su sitio Web no aparece el inventario de rellenos sanitarios ni el de los sitios de disposición de residuos de manejo especial que representaron 2 mil 530.04 toneladas que se recolectaron en los primeros seis meses de este año. ¿A dónde fueron a parar?
Hoy la crisis es visible en Soledad de Graciano Sánchez, pero no es exclusiva si se toma en cuenta que lo más cercano al inventario de rellenos sanitarios que debe realizar la SEGAM es una declaración de su titular, Sonia Mendoza Díaz, en la que afirma que en el Estado solo hay dos, uno aquí en la capital y el otro en Matehuala, que operan “más o menos”.
En San Luis Potosí, Soledad de Graciano Sánchez y Villa de Pozos se recolectan 47 mil 432 toneladas de residuos urbanos al mes y la cifra sobre la generada en el resto del estado es imprecisa, en tanto que en todo el estado se reunieron un millón 187 mil 846.90 toneladas de residuos de manejo especial durante el primer semestre de este año.
¿Cuántos tiraderos como los que en las últimas tres semanas les ha tocado padecer a vecinos de Valle de la Palma, Enrique Estrada y fraccionamiento El Toro habrá dispersos por todo el territorio estatal que no son motivo de reclamo por estar en zonas despobladas, lo que no significa que no contaminen?
Y también existen promesas para resolver el problema en el ámbito estatal. En abril de 2024, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona –el mismo personaje que firmó el reglamento de Aseo Público de Soledad en 2013 con el compromiso de construir un relleno sanitario en ese municipio– prometió construir un relleno intermunicipal Axtla, Matlapa y Xilitla.
Es como si la historia de la desatención a la disposición final de los residuos urbanos y de manejo especial se replicara en todo el Estado y sólo es cuestión de tiempo para comenzar a padecer sus efectos… hasta ver llegar el día en que aparezca un basurero en el vecindario.



