Frater Ignatius

Después de la derrota de los ejércitos de Francia tanto en Sedán como contra los alemanes en 1870, y con Napoleón III en las garras poderosas de Bismarck El Canciller de Hierro, la ciudad de la luz es ocupada por las tropas triunfadoras. El timorato gobierno de Thiers había literalmente entregado París, pero cuando los teutones tocaron sus puertas, las clases sociales más bajas se negaron a entregar las armas. Tal insurrección popular hizo que el Gobierno huyera y se refugiara cobardemente en Versalles, dejando la ciudad a los communars. Evidentemente al existir un vacío de poder, provocó una reacción esencialmente anarquista.

La ciudad en forma casi impecable, comenzó a ordenarse en barriadas para prepararse contra el enemigo. Después de las elecciones de corte popular, entre marzo y mayo se proclamó la Comuna de París con un Gobierno principalmente republicano, laico y democrático y se emprendieron una serie de cambios con el aval de todos los ciudadanos libremente organizados. Entre otros, la nacionalización de los bienes de la Iglesia, la reforma de la justicia, la sustitución del ejército por milicias populares, la remisión de alquileres impagados, la abolición de los intereses de la deuda, la entrega de las fábricas y talleres abandonados por sus propietarios a cooperativas y asociaciones obreras, la supresión de la policía y la creación de lugares de enseñanza laica, educadora y gratuita para los ciudadanos.

Sabemos que fue un breve movimiento insurreccional que duró menos de dos meses pero su importancia radica en mantener una llama encendida respecto al anarquismo en todas sus vertientes.

El saldo de esa lucha fue espantoso: más de 30000 muertos en un primer momento y posteriormente muchos miles más, como una especie de chivos expiatorios ante la furia de un gobierno sin corazón ni ojos.

Según Lissagaray y otros testigos de la época (según la Enciclopedia Larousse de 1871), los ejecutados durante las dos semanas sangrientas que siguieron a la toma de París fueron 50.000, sin hacer distinción de edad o sexo, los burgueses fusilaron a cientos de niños y miles de mujeres. Varios centenares de obreras parisienses, conocidas como «petroleras», fueron también fusiladas en los muros del cementerio de Père Lachaise. Unas 7.000 personas fueron deportadas a penales improvisados en Nueva Caledonia,​ como fue el caso de la maestra anarquista Louise Michel que contó todo lo sucedido y cómo era la vida en la Comuna en su libro “La comuna de París”. Miles de personas tuvieron que exiliarse. Para los presos (sólo algunos centenares) hubo una amnistía general en 1889. En total, las pérdidas del gobierno rondaron los 1000 hombres

París estuvo bajo la ley marcial durante cinco años.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que este plan estuvo inspirado en las ideas mutualistas de Proudhon y en Bakunin, en el que participaron una buena cantidad de militantes anarquistas, como Élisée Reclus o Luise Michel, entre muchos otros. Todos pagarán muy caro el haber confrontado a un Estado criminal y bárbaro. Pero no solo el Gobierno cobarde sino también los prusianos se dieron a la tarea de orquestar una masacre sin precedentes. La Semana Sangrienta queda como un momento ignominioso de un poder enloquecido que en casos extremos es capaz de las más grandes injusticias y crueldades.

Louise Michel (1830-1905) Fue una maestra y activista libertaria que luchó en las calles parisinas durante la comuna. Fue la lideresa de “las petroleras”, grupos de mujeres que fueron acusadas de incendiar la ciudad. Las mujeres fueron parte activa de este movimiento que invadió las calles. Algunas de estas mujeres fueron enfermeras, trabajadoras del hogar, o distribuidoras de alimentos. Otras de las mujeres que tenían facilidad para escribir, se implicaron en la elaboración de folletos o panfletos revolucionarios o en la misma gestión de la corta duración de una ciudad liberada. Louise Michel organizó parte de las barriadas y participó activamente en su defensa para ser posteriormente detenida y condenada a la deportación en Nueva Caledonia, colonia francesa. En ese lugar continuó con su profesión de maestra y enseñó a los lugareños a protestar contra el gobierno y a que luchasen por su independencia. Luego en el destierro en 1880, participó activamente dentro del anarquismo. Murió en Marsella en el naciente año  de 1905. Fue la primera persona que enarboló la bandera negra, emblemática del anarquismo.

Malatesta y los avatares del anarquismo activo

 

Anarquista de familia ilustre

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