Agenda Ambiental UASLP advierte una cultura de consumo desmedido

Texto y fotografías María Ruiz

La Agenda Ambiental de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) ha identificado que en la comunidad persiste una fuerte tendencia hacia el consumo lineal: comprar, usar y desechar, y una limitada cultura de separación de residuos; no obstante, también registra un aumento sostenido en la participación ciudadana interesada en adoptar prácticas más responsables.

Georgina Alejandra Calvillo Castellanos, coordinadora del Sistema de Gestión Ambiental, explicó que a partir de las jornadas de acopio y del espacio de consumo responsable han podido analizar los patrones de disposición de residuos tanto en la comunidad universitaria como en la población potosina.

“Lo que detectamos es que todavía generamos grandes cantidades de residuos por falta de información y de hábitos conscientes. Muchas personas no separan adecuadamente o desconocen que ciertos materiales pueden reincorporarse a la economía circular”, detalló.

Entre los residuos que más reciben se encuentran aparatos electrónicos, plásticos, vidrio, cartón, unicel y mezclilla. En el caso de los electrónicos, la coordinadora destacó que una parte importante aún puede tener un segundo uso a través del laboratorio con el que cuenta la Agenda Ambiental, donde estudiantes de carreras como Mecatrónica e Ingeniería desarrollan prácticas técnicas reutilizando componentes y equipos.

Explicó que estos dispositivos que ya no pueden repararse o reutilizarse son canalizados a reciclaje especializado con proveedores autorizados, evitando así que sus componentes contaminen el suelo o el agua. De igual forma, materiales como la mezclilla se destinan a proyectos universitarios donde se transforman en nuevos productos, fomentando el reaprovechamiento textil.

Sin embargo, el diagnóstico también revela que el consumismo impacta mucho más allá del residuo visible. Cada producto implica procesos de transporte, almacenamiento, uso de energía y consumo de agua, lo que amplifica su huella ambiental.

“El daño ambiental no comienza cuando tiramos algo a la basura; inicia desde que decidimos comprarlo sin cuestionar si realmente lo necesitamos”, subrayó Calvillo Castellanos.

Pese a este panorama, la funcionaria universitaria destacó un contraste alentador: cada vez más personas se acercan con interés genuino por cambiar sus hábitos. Han detectado mayor participación en las campañas, más preguntas sobre separación adecuada y un creciente compromiso por reducir el consumo innecesario.

“Vemos que hay disposición. La gente quiere hacer las cosas mejor, pero necesitamos fortalecer la educación ambiental para que esa intención se convierta en hábitos permanentes”, afirmó.