Adriana Ochoa
La semana que pasó, los titulares de la prensa nacional se llenaron de una narrativa de ruptura: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) “rompe” con Morena. Sin embargo, si se afina el oído y se observa la arquitectura del conflicto, el diagnóstico es otro.
No es que el Verde haya decidido caminar solo por convicción democrática; es que Morena, por fin, parece haberle puesto un alto a la pulsión dinástica que puede convertir a todo el estado de San Luis Potosí en un feudo familiar.
Para la dirigencia nacional de Morena, aceptar la imposición de una sucesión conyugal en tierras potosinas, hecha pública la postura antinepótica de la presidenta Claudia Sheinbaum, empezaba a parecerse demasiado a un harakiri ético.
El gobernador Ricardo Gallardo Cardona ha tensado la cuerda con este proyecto hasta el punto de la ruptura al insistir en que su esposa, la hoy senadora Ruth González Silva, sea la candidata indiscutible para sucederlo en 2027. Se alega “una deuda” de votos conseguidos por el PVEM en SLP para la presidenta.
Abordada por la prensa en el Senado, González Silva, lejos de la sobriedad, dejó correr un nuevo desplante y declaró que a Morena en San Luis Potosí le falta mucho trabajo para ser competitivo, que en 2021 quedó como cuarta fuerza. “Somos la primera fuerza política del estado y estoy segura de que en el 2027 así va a suceder, sea candidato hombre o mujer. En San Luis Potosí va a ganar el Partido Verde”, afirmó.

Es una ironía: el partido cuya plataforma en alianza ha buscado el PVEM, acabó despreciado por la aspirante a candidata, confiada en participar de una estructura de poder creada y operada por su marido.
La respuesta desde una mañanera presidencial ha sido institucional pero firme: en Morena hay reglas, hay encuestas y hay un Consejo. Con todo y la réplica presidencial, Morena enfrenta una prueba de ácido. Permitir que el PVEM dicte las reglas del juego en San Luis Potosí bajo la amenaza de la ruptura, sería aceptar que el proyecto de nación es negociable ante el capricho de un proyecto regional.
Una dicotomía divide a la opinión pública. Por un lado, están quienes aducen que oponerse a la candidatura de la señora González Silva es una vulneración a sus derechos políticos y una negación de sus méritos, éstos todavía no conocidos, no por lo menos al mismo nivel del conocimiento de su vínculo conyugal. Mientras no solvente ese hueco en datos concretos, será el argumento del “mérito propio” que suele esgrimirse cuando la biografía política comienza y termina en el acta de matrimonio.
Por el otro, están los que no le hallan más explicación a su carrera política y postulación para suceder a Gallardo Cardona que el proyecto del propio gobernador para prevaler su posición como esposa, poner toda una cuidada estructura electoral para catapultarla al Senado y, desde ahí, a construirse una sucesión que no sale de su entorno familiar.
Esa dicotomía no es espontánea de manera alguna, entre ecosistema mediático oficialista y propaganda preelectoral. Lo que sí está claro es que no es una cuestión de género, aunque se pretenda usar eso también como defensa; es una cuestión básica de higiene política: el uso del aparato estatal para heredar el poder es una práctica que la izquierda, al menos en el discurso, juró erradicar.
Este alejamiento del PVEM no es un fenómeno aislado de San Luis Potosí. Se extiende como una mancha de aceite hacia la Ciudad de México. El anuncio de que el Verde irá solo en la capital rumbo a 2027 sugiere dos escenarios igualmente cínicos: o suponen que tienen la fuerza suficiente para ganar alcaldías por su cuenta -una fantasía numérica- o están apostando al chantaje para que Morena se las entregue en bandeja de plata. Competir solos les permite quizá visibilidad y presión en negociaciones, pero realmente ganar una alcaldía se ve muy complicado sin coalición.
Mientras el oficialismo se desgasta en esta guerra de guerrillas interna, la oposición ha encontrado un resquicio para asomarse. El destape del alcalde Enrique Galindo Ceballos, bendecido por comentarios de analistas como Ciro Gómez Leyva -quien ya lo señala como la opción opositora más viable-, añade un ingrediente de urgencia a la crisis de la alianza. Galindo Ceballos se apunta como el receptor natural del voto castigo y de aquellos ciudadanos que ven con espanto la consolidación de una monarquía tropical en el estado.
Desde luego, el destape del alcalde potosino abrió las compuertas a los ataques de desgaste. Y bajo ese fuego estará, algo que no le es ajeno porque desde su primer periodo fue blanco de un golpeteo que le apostó a que Galindo no se reelegía. Apostó y se equivocó.
Sí, el gallardismo construyó una maquinaria electoral muy competitiva que no tienen en San Luis Potosí ni de lejos en este momento la oposición ni Morena. La creó, aceitó y acrecentó por aquiescencia, porque la 4T desapareció para evitarlo, no hizo nada en contra, se lo permitió porque es aliado. Le permitió incluso una elección a modo de un nuevo poder judicial bajo su control. En el escenario de ganar la gubernatura en solitario, con la señora González Silva como candidata, cabe la duda si gobernará con la misma aquiescencia del poder central de que ha gozado el gallardismo en estos años.
Si la alianza se rompe en San Luis porque Morena decidió no ser cómplice de un proyecto nepotista, entonces la ruptura no es un fracaso, sino una necesaria declaración de principios desde la presidencia de Claudia Sheinbaum. El poder es un préstamo de los ciudadanos. Una victoria electoral tampoco es para siempre.
“Las alianzas no son pactos suicidas”, le atribuyen el dicho a Henry Kissinger, aunque es una adaptación de un principio legal gringo para evitar alianzas con gobiernos que comprometieran su seguridad. En política, quien no está dispuesto a caminar solo de vez en cuando, termina caminando hacia el precipicio de la mano de quien lo traicionará al primer cambio de vientos.
ROLLOS SUELTOS
MORENA EN MONITOREO. Dos visitas a los cuadros y operadores de Morena se sucedieron en la semana. Una del que fuera el operador de la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum, ahora con un encargo de rumbo a 2027, que no les gustó mucho a algunos morenistas porque les pidieron que le bajaran a las guerritas de lodo en portales y redes contra sus propios compañeros. Y la otra, ya esperada, del secretario de Organización del partido, Andrés Manuel López Beltrán, porque lo estableció él como forma de trabajo periódico con las estructuras a puerta cerrada: viene, revisa avances y establece lineamientos.
CIEGA, SORDA Y MUDA. El águila protectoraque es el logo del IMSS, convertida en el trío de changuitos que no quiere ver, no quiere oír y mucho menos decir. La metamorfosis tan penosa viene a cuento por la denuncia de personal de enfermería del Anexo de Extensión Hospitalaria de la Clínica 45 que localizó una cámara Wifi en el baño. La cámara se la llevaron disque a la Fiscalía, para averiguar, pero entre directiva del propio IMSS y Fiscalía no hay quien explique al indignado personal cómo va el tema, mucho menos quiénes son los presuntos responsables ni para quién transmitía imágenes el aditamento. Nada más falta que el águila del IMSS ahora represente protección para acosadores, degenerados o chantajistas.
¿FUE A LA BRAVA? Respuesta de Interapas a solicitud de información (y parece que sólo así lo va a aceptar): que no tienen ni idea de cuál es la fuente de abastecimiento de agua del DinOasis, el nuevo parque acuático estatal en el parque Tangamanga. Que a Interapas no le fue solicitado ningún estudio de factibilidad hídrica, conexión ni medidor y al ser el parque estatal, pues tiene “aprovechamientos” de agua propios. O sea: los que deben saber con precisión son los responsables del parque.






