Por Victoriano Martínez
La ambición destructora de la empresa Hoganza y su confabulación depredadora con el gobierno de Ricardo Gallardo Cardona le han prestado un gran servicio al Cerro Gordo, en el municipio de Zaragoza, a pesar de haber intentado justo lo contrario.
De no ser por las detonaciones del 22 de julio que dejaron expuesta la intención de la empresa Hoganza de convertir parte del Cerro en un banco de materiales para abastecer la construcción de parte del Libramiento Oriente, los habitantes del centro de población Cerro Gordo no habrían reaccionado para defender la montaña que les da su identidad.
Una defensa que desencadenó una cadena de acontecimientos que han transformado el Cerro Gordo en mucho más que un montículo de identidad, dado que se ha reconocido la necesidad de protección ecológica por sus recursos ambientales y se hizo visible lo que sus vecinos de la comunidad que lleva su nombre han intuido desde siempre: su valor histórico arqueológico.
En el aspecto ecológico, la semana pasada actuó la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y clausuró definitivamente los trabajos del banco de materiales, tras una inspección que abrió otro tipo de dudas.
Al revisar la autorización de manifestación de impacto ambiental (MIA) es identificada como la ECO.03.471/2026 Exp. IA. MIA-042/2026 emitida por la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM) del 27 de abril del 2026, se percataron de que permite la intervención en más de 320 hectáreas.
“Todo el cerro y las lomas que hay alrededor”, expresaron los integrantes del Comité de Defensa de Cerro Gordo y el colectivo Guardianes de la Sierra de San Miguelito al conocer la extensión por la que el gobierno estatal emitió la autorización depredadora.
Originalmente se pensó, tras las detonaciones del 22 de julio, que Hoganza pretendía desarrollar su banco de materiales en una parcela de 2.5 hectáreas. No obstante, cuando se revisaron las Coordenadas de la autorización de Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) resultó que abarcaba 11.5 hectáreas.
La MIA incurre en una serie de irregularidades graves al invadir aspectos que sólo competen a la autoridad ambiental federal, pero además pasa por encima de los procedimientos de usufructo de tierras ejidales porque no existen ni contratos de arrendamiento o de ocupación previa sobre las 320 hectáreas que autoriza destruir.
“Los bandoleros inmobiliarios, carreteros e industriales andan sueltos”, advierten los Guardianes de la Sierra de San Miguelito.
Una situación ante la que la PROFEPA ha determinado realizar otra diligencia de inspección en el Cerro Gordo y lomas aledañas, la Procuraduría Agraria también ya intervino para verificar las violaciones al régimen ejidal y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) inició su intervención para activar la protección de la montaña por su valor histórico-arqueológico.
Y es que lo que en un principio sólo podría parecer una serie anecdótica de hallazgos de puntas de proyectil y piedras trabajadas para usarlas para cazar, pasó a la presentación de materiales cerámicos precolombinas y, finalmente, el hallazgo de una serie de tumbas con alrededor de mil años de antigüedad.
Primero se encontró una tumba de tales proporciones que indica que se trata de un personaje relevante y en un recorrido del pasado viernes se localizaron otras cinco tumbas.
Tras la detonación del 22 de julio, el Cerro Gordo ha acumulado razones para que se impida su destrucción.
“Habrá quien nos diga ‘están en contra del desarrollo’. No, no estamos en contra del desarrollo, nosotros estamos por que se hagan las cosas, pero sí que se respete este tema que tiene que ver con la historia”, expresó Carlos Covarrubias, activista de Guardianes de la Sierra de San Miguelito.
De no ser por el ambicioso proyecto de Hoganza con la complicidad del gobierno estatal a través de la SEGAM, hoy no habría logrado visibilidad el sospechoso atentado ecológico contra el Cerro Gordo y, especialmente, la atención que requiere la montaña por la relevancia de su conservación por su valor histórico y arqueológico.




