Abelardo Medellín Pérez
Cuando los titulares y la comentocracia hablan de “partidos políticos satélite”, la opinión pública en México piensa de inmediato en el Partido Verde en tiempos del PRI, en el PRD en tiempos del PAN y, más recientemente, en el PT en tiempos de Morena. Con esa lógica, es muy válido creer que todo nuevo partido cuyo origen e integrantes provienen de otros grupos políticos es, en consecuencia, un satélite. Sin embargo, ante la proximidad de un nuevo proceso electoral, es necesario cambiar el sujeto de la crítica y la naturaleza de lo que implica esta relación institucionalmente abusiva.
Esta semana fue presentada públicamente la estructura del Partido PAZ para San Luis Potosí y, con ella, la dirigencia del partido, que será encabezada por Alejandro Leal Tovías, exdiputado, expriista y, ahora, exmilitante del Partido Verde Ecologista de México.
Durante la atención a medios, los representantes de PAZ negaron que su propuesta partidista sea un satélite del Verde. La aclaración era necesaria, sobre todo por la presentación de una dirigencia y una estructura integradas por perfiles que han trabajado en el proyecto oficialista o, al menos, participaron en el partido oficial.
La sorpresa dentro de las declaraciones no es la negación nerviosa del nuevo partido; lo sorpresivo, en realidad, es que probablemente dicen la verdad sin saberlo.
De acuerdo con las definiciones de Sartori y Stykow, los partidos satélite son aquellas fuerzas políticas subordinadas a un partido de mayor influencia y capacidad ejecutiva, con dependencia electoral a través de coaliciones y que sirven al propósito de ampliar y legitimar el poder del partido que los domina.
Tales partidos cuentan con independencia institucional (registro propio, estatutos, dirigencias diferenciadas e identidad partidista), pero muestran una clara dependencia y fidelidad operativa (llaman al voto para el partido dominante, dedican sus estructuras a fortalecer el proyecto hegemónico y secundan pública y legislativamente la agenda del partido dominante).
Con tales indicadores, es evidente que tenemos diversos ejemplos de partidos satélite en San Luis Potosí. Por ejemplo, el PT, que operativamente sirve para impulsar los intereses del proyecto gallardista (PVEM). Tan es así que, cuando el Verde tiene candidatos impulsados por el gobernador, estos buscan refugio en el PT para tomar curules en el Congreso y así no incurrir en una sobrerrepresentación.
¿Será entonces que el partido PAZ, con su torcido origen e integrantes, se convertirá en un nuevo satélite del Verde para robustecer las operaciones electorales del gallardismo rumbo a 2027?
En este espacio, no lo creemos. De hecho, la historia reciente apunta a que PAZ podría convertirse en algo aún más ominoso.
Dado que el término que buscamos, al menos desde este espacio, no lo hemos leído antes, quisiéramos introducir una propuesta de nombre para el tipo de partido que PAZ se perfila a ser: un partido hospedador.
El partido hospedador no es un aliado, no tiene una estructura propia pensada para perdurar; tiene documentos básicos, pero no aspiraciones reales; tiene perfiles competitivos, pero estos vienen del partido dominante. Su propósito no es fortalecer y acompañar al movimiento oficialista, sino servir de vehículo para que se postulen los perfiles que, desde el partido oficial, no puedan hacerlo.
Esta categoría de partido no está pensada para trascender porque únicamente sirve cuando hay procesos electorales; no sirve como aliado legislativo, no sirve para gobernar con identidad propia, no sirve para reunir simpatías ciudadanas, pues depende directamente de las simpatías del partido que lo utiliza.
Bajo la lógica de ser un anfitrión involuntario, el partido dominante del sistema podría considerarse el huésped. Este huésped solo utiliza al hospedador en una relación temporal de conveniencia que, históricamente, dura lo mismo que el proceso electoral.
A diferencia de los partidos satélite, que deben seguir vigentes para alimentar el poder de quien los domina, el partido hospedador es sacrificable. No importa si pierde su registro o se queda sin estructura después de las elecciones; de hecho, después de los comicios, sus candidatos, aquellos que hayan logrado ganar un cargo, dejan el partido hospedador y regresan a su filiación de origen.
Para ejemplificar esta propuesta hay un desafortunado caso en concreto: el Partido Movimiento Laborista (PML) en 2024.
Movimiento Laborista se registró como un partido local para la elección de 2024 y nació como un proyecto original de la CROC. Para marzo de ese año, algunos de los militantes de ese nuevo partido en el estado denunciaron que la Secretaría General de Gobierno de San Luis Potosí había operado una adquisición política del partido y pretendía utilizar al PML como un Plan B para los candidatos de la Gallardía.
Semanas más tarde, el PML anunció formalmente a un grupo de candidatos que, curiosamente, tenían antecedentes de haber participado activamente en el Partido Verde o en la Gallardía: Jiovanny de Jesús Ramón Cruz, por Axtla de Terrazas; Marcelino Bautista Rincón, por Tamuín; Giovanni Magdiel Márquez Galván, por Huehuetlán; Juan Pablo Ramírez Rojas, por Coxcatlán, y Antelmo Mata, por Villa Hidalgo.
En la gran mayoría de los casos, los candidatos del PML fueron perfiles que habían hecho pública su intención de contender por el PVEM; algunos incluso se preregistraron por dicho partido, pero no pudieron ser candidatos del Verde. Para algunos, el obstáculo fue que la coalición PVEM-Morena-PT entregó candidaturas a perfiles emanados de Morena. ¿Y qué hizo entonces el gallardismo? Utilizó al partido hospedador como un caballo de Troya para llevar sus perfiles a la contienda y ganar la elección con la estructura del Verde.
Aquellos perfiles que ganaron con Movimiento Laborista terminaron por regresar al PVEM y el PML, utilizado únicamente como medio para un fin, terminó por perder su registro y desaparecer del mapa político del estado.
¿Será ese el destino de PAZ? ¿El nuevo partido de Leal Tovías se habrá levantado con el único propósito de ser un salvavidas para los aspirantes del Verde que, por la coalición y otras condiciones, no puedan cobrar los favores que la candidatura les debería pagar?
El gobernador Gallardo Cardona y su movimiento tienen compromisos políticos tan grandes con sus huestes que necesitan sostener un partido alterno al PVEM para alojar a sus perfiles y, con ello, satisfacer la insaciable hambre de huesos.
Por eso no podemos sorprendernos de que un partido nuevo sea presentado meses antes de arrancar el año electoral y con un exgallardista a la cabeza. El gobernador teme a los frentes que se han abierto, también entre sus aliados, y ahora necesita de hasta dos partidos para sembrar las candidaturas de interés y dividir las opciones del elector.
Por eso no dudamos de PAZ cuando reniega de la etiqueta de partido satélite. Quizá ellos saben que son mucho menos que eso; quizá incluso saben que su propósito como partido no es ganar, ni siquiera conservar su registro. Quizá ya han aceptado que su papel es el de un anfitrión que, como el PML en 2024, existe para atender los intereses de su benefactor.
Ocupar, ganar, desechar. Esa es la lógica que ha operado el Verde con sus partidos hospedadores, y podríamos estar frente a la nueva sucursal de su trampa electorera.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






