29 de agosto de 2024 – 29 de agosto de 2026
Enrique Rivera.
Hoy, 29 de agosto de 2026, se cumplen dos años de la partida de Juan Carlos Ruiz Guadalajara. No se fue un académico más. Se fue un ser humano excepcional, un historiador de talla internacional, un defensor del territorio y, en sus últimos años, un convencido de la resistencia civil activa y pacífica inspirada en Mahatma Gandhi.
Juan Carlos Ruiz Guadalajara nació en la Ciudad de México en diciembre de 1963, hijo de un maestro normalista. Estudió en la Preparatoria 9 y en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde vivió como estudiante la lucha por la gratuidad de la educación encabezada por el Consejo Estudiantil Universitario (CEU) en los años ochenta. Sobre su alma mater solía decir: “A la UNAM le debo todo”.
Quienes lo conocieron en la lucha socioambiental lo recuerdan por su generosidad. No era el académico encerrado en el archivo. Fue el compañero que tendió puentes entre la reflexión profunda y la acción concreta. Desde 1999-2000 participó activamente en la defensa del Cerro de San Pedro contra la empresa canadiense Minera San Xavier. Cuando tuvimos que irnos al exilio a Canadá entre 2007 y 2012, él aportó todo su apoyo solidario incondicional.
Al regreso de nuestra estancia en la Ciudad de Montreal, no vacilaron él y su esposa y compañera, Sonia Deotto, la artista social, activista gandhiana – encargada en México de la Gujarat Vidyapith, la universidad fundada por Mahatma Gandhi en 1920, y del movimiento pacifista OraWorldMandala-, en compartirnos su casa por 6 meses, un gesto de solidaridad del cual siempre estaremos agradecidos tanto Lorena, mi compañera, como un servidor.
En 2019 se le manifestaron los primeros síntomas de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad terminal, crónico-degenerativa, sin cura ni tratamiento. Como él mismo escribió en su última colaboración en La Jornada, del 8 de diciembre de 2023, es un mal que “no provoca dolor físico, pero, en cambio, causa un profundo dolor emocional y una crítica situación económica”. La enfrentó con valor y determinación, siempre acompañado y asistido por Sonia. Falleció a los 60 años el jueves 29 de agosto de 2024 en la capital mexicana, como consecuencia de la ELA que padecía, dejando una vasta obra historiográfica, socioambiental al mismo tiempo que un ejemplo imborrable en la defensa del territorio.
Fue uno de los principales especialistas en el México novohispano y la Independencia nacional, con reconocimiento global. Egresado de la UNAM, cursó la maestría en Historia en El Colegio de Michoacán y después el Doctorado en Ciencias Sociales con especialidad en Historia en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Occidente.
Desde 2001 y durante 23 años, hasta su muerte, fue profesor-investigador en El Colegio de San Luis (Colsan). Sus estudios históricos sobre la sociedad novohispana y la Independencia, con un enfoque regional, son tratados eruditos, escritos en magnífica prosa. Investigó en el Archivo General de Indias en Sevilla, en los archivos del Vaticano y en archivos de la India, siempre preguntándose: ¿para qué recordar y para quién reconstruir el pasado?
Fue miembro de la Red Columnaria, red internacional que estudia las fronteras de las monarquías ibéricas, y formó a decenas de investigadores en México, España, Italia y Francia. Comenzó a publicar en La Jornada en 2012. En un primer momento explicó con crudeza y profundo conocimiento la devastación provocada por la gran minería a cielo abierto. Sus textos eran urgentes. En ellos abundan las denuncias de la destrucción socioambiental en San Luis Potosí y México, que camina de la mano de los proyectos extractivistas. No pocos abordaron la situación de pueblos originarios, como el artículo donde narró la dolorosa desaparición de su amigo, líder de la Nación Yaqui, Tomás Rojo, que después apareció asesinado.
Durante los últimos 23 años de su vida, sin descuidar su productiva carrera de historiador, aportó a San Luis Potosí un intenso y comprometido activismo que “ayudó a visibilizar a escala nacional e internacional el ecocidio de la Minera San Xavier”, propiedad de la compañía canadiense New Gold Inc., en el emblemático Cerro de San Pedro.
Posteriormente, fue uno de los actores determinantes en el rumbo que tomó la lucha por la declaratoria de Área Natural Protegida para la Sierra de San Miguelito, cuando estuvo a punto de consumarse la exclusión de grandes extensiones ambicionadas por desarrolladores inmobiliarios del polígono definitivo. Siempre defendió las mejores causas.
Su acercamiento profundo a la India y al pensamiento de Gandhi se dio a través de su esposa Sonia Deotto. Fue su incansable lucha por la defensa de territorios hostigados por poderes fácticos lo que propició su encuentro con el movimiento de resiliencia gandhiana. Juan Carlos solía decir que “el mundo se divide entre los que conocen a la India, y los que no la conocen”. Tuvo en alta estima “la no violencia como instrumento de lucha”, como recordó su esposa en el homenaje que le rindieron la UAZ, la UASLP y el Colsan en el Teatro Calderón de Zacatecas a un año de su deceso. Participó activamente en la Cátedra Mahatma Gandhi con más de 15 universidades mexicanas, en la alianza del Comité 68 con el movimiento gandhiano, en guardias frente al monumento a Gandhi y en la campaña global Jai Jagat por la justicia y la paz. En 2019, a propósito del 150 aniversario del natalicio de Gandhi, escribió que recordar su mensaje era “un ejercicio básico de sobrevivencia” frente a un México que calificaba como ejemplo de la “sociedad del exterminio”. Su mirada crítica hacia la sociedad y los gobiernos, integrando la política gandhiana como instrumento efectivo de transformación social, es hoy más necesaria que nunca.
A dos años de su partida, su ejemplo permanece vivo. Como se dijo en Zacatecas, Juan Carlos Ruiz Guadalajara fue “un pensador e historiador, pero sobre todo un ciudadano comprometido”. Un hombre que luchó constantemente por la verdad, la justicia y la democracia.
En un mundo acechado por la minería depredadora, el despojo inmobiliario y la violencia, su legado debe estar vivo en la sociedad mexicana como el de un luchador incansable por la defensa del territorio y por la paz activa.
¡Honor y memoria para Juan Carlos Ruiz Guadalajara!
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