El silencio de los duelos aplazados

Adriana Ochoa

El silencio en la política suele ser más estruendoso que cualquier exabrupto. En una plaza acostumbrada al desplante, la descalificación y el músculo político exhibido con estridencia, al ascenso de Elí César Cervantes Rojas como coordinador estatal de la Defensa de la Transformación en San Luis Potosí le siguió un vacío de pronunciamientos del oficialismo estatal que gana interpretaciones, a saber, entre prudencia, aprobación festiva o estupor.

Las cuentas oficiales del Gobierno del Estado y su aparato automático de aplaudidores digitales guardaron un mutis quirúrgico. Ni un tuit, ni una felicitación de compromiso, ni una de las habituales bravatas de pasillo. Cero.

El estilo casposo y desatendido que es marca registrada de la propaganda estatal no fue requerido. El gobernador en su quinto informe de gobierno, soltó un contundente reto a la oposición y dijo que nada le dará más gusto que verlos derrotados en las elecciones de 2027, “por sus propios errores”. Se dolió de lo que consideró “campañas de mentiras y denostaciones”. Mensaje genérico e intercambiable.

La llegada de Cervantes Rojas no figuraba en ningún guion oficial. Se suponía que el viernes se haría oficial el anuncio, pero se aplazó a solicitud de la propia dirigencia nacional que la decidió. El exsenador y actual director del Centro SICT en el estado ni siquiera se había inscrito en el registro formal de junio de 2026. Su nombre emergió de la Comisión Nacional de Elecciones como una solución de emergencia, tras el colapso del proceso interno.

No extraña que el anunciado método de la encuesta anunciada por Morena haya naufragado: ninguno de los aspirantes registrados logró sobrepasar el umbral mínimo del 10 % de conocimiento o preferencia. La pulverización del voto no solo expuso la fragilidad de la estructura local, sino la ausencia de una figura dominante capaz de aglutinar a las huestes guindas.

Los morenistas potosinos que tuvieron la oportunidad de posicionarse en cargos desde el arribo de Morena al poder, desaprovecharon y no crecieron. En 2024 saltó lo obvio: le regalaron la expansión territorial a Gallardo y su partido. Y eso no es una opinión, es una realidad que les estrelló en la cara la pérdida de la senaduría.

Las dirigencias morenistas lo veían venir y por ello los intentos de convencer, entre otros perfiles ajenos al partido, al rector de la UASLP. Se trataba de importar perfiles con potencial competitivo. Los incluyeron sin consultarlos en el ejercicio y sacaron mejores números. El rector nunca estuvo interesado.

Ante la parálisis y con un aliado que no reduce la tensión para imponer su proyecto familiar, el centro tiró de la línea de mando e impuso una designación directa.

Cervantes Rojas representa al cuadro orgánico, un operador que conoce la cañería del partido (exsecretario de Organización) y los engranajes de la administración federal (SICT). No tiene el brillo de un candidato de masas, pero carece del tóxico que fractura internamente y otros morenistas han dispensado con generosidad para deshacer… a sus propios compañeros de partido.

Sin embargo, esta aparente apuesta por la aritmética del perfil sin estridencias también tiene una lectura que regala puntos al proyecto de Gallardo. Se lee como “el favor” de designar un candidato testimonial que le facilite las cosas al aliado gobernador. Un supuesto que dibuja una versión maniobrera y miserable de la dirigencia nacional morenista, la real y la formal. Aún más miserable para la presidenta Sheinbaum, porque la pinta claudicando en su imperativo ético de no respaldar el nepotismo, haciéndose trampa ella misma.

El cálculo político en la entidad, sin embargo, no se explica únicamente por el ascenso de Elí, sino por el vacío que dejó otro movimiento telúrico. El retiro de Gerardo Sánchez Zumaya de la contienda política es el suceso que mayor campo de visión abre rumbo al nebuloso 2027 y el que promete detonar los reacomodos más profundos.

Con Sánchez Zumaya fuera del mapa por la gubernatura, se despeja un tramo de camino para una contienda neblinosa. Forzada o no, negociada o impuesta, con amenazas o con propuestas alternativas, es la salida del huasteco la que permite reescribir previsiones, incluso las del propio gobernador con su proyecto. Si la renuncia de Sánchez Zumaya abonará a la unidad o, por el contrario, cobrará factura por fuera, es un tema a no descuidar.

La primera previsión a definir es lo que ocurrirá con su estructura, sus seguidores y el interés que atrajo su postura frontalmente antigallardista. Sobre todo porque, en términos pragmáticos, la pelea central en el San Luis Potosí 2027 será de gallardistas contra antigallardistas; quien pinte a tibio y no quiera mojarse, será irrelevante.

Una competencia por la gubernatura se apoya en el resultado en la más numerosa bolsa de votantes en el estado: la capital potosina. Si no se trata de ganar la alcaldía, sí de obtener resultados competitivos. Si el diputado Juan Carlos Valladares Eichelmann acepta ir como candidato a presidente municipal por el Verde y Marcelo de los Santos Anaya remonta vientos en el PAN, lo que espera el expectante promedio es un duelo de chequeras. Empresarios los dos. Con la vida resuelta y relaciones poderosas los dos.

Somos, el nuevo chico del espectro partidista en busca de la confirmación de registro, mantiene la atención sobre la competida interna blanquiazul. Es simple: su perfil de potenciales votantes en la capital es el mismo que apoya las aspiraciones de Marcelo de los Santos Anaya. Ganar una alcaldía capitalina para Somos es un sueño, pero abrir un hueco de votos al PAN es toda una posibilidad.

San Luis Potosí atraviesa ese instante de aparente calma donde las facciones recalibran sus armas. El mutismo de Ricardo Gallardo no es indiferencia, sino la cautela de quien sabe que la imposición de un perfil orgánico en Morena limita su margen para seguir estirando los tiempos y las definiciones.

Elí Cervantes no tiene en la bolsa la candidatura. La convocatoria de Morena cumple con lo que sus huecos, ambigüedades y asegunes dejaron ver desde su lanzamiento: el Centro decidirá, con la condición de top mind en mano o sin ella, inscrito o no.

Pero en una entidad acostumbrada a la política de machetazo y micrófono, de puyas jactanciosas y regodeos en el pedestal autoerigido, la irrupción de un jugador discreto desata la imaginería. Faltan meses y el capital político puede confirmarse o diluirse conforme avance el calendario electoral.

El Rubicón para cruzar el 2027 todavía queda a distancia y la suerte aún no está echada.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Adriana Ochoa es periodista desde 1988. Actualmente es directora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y docente titular de Organización Política y Ciudadanía.