Coordinaciones, candidaturas y ¿una moneda de cambio para la 4T?

Fernanda Durán

Desde que Morena abrió los registros para sus Coordinaciones Estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional quedó claro que San Luis Potosí no se parecía a ninguna de las otras entidades que renovarán gubernatura en 2027.

En otros estados desfilaron senadores, alcaldes, legisladores federales y liderazgos reconocibles; aquí aparecieron aspirantes con distintos niveles de presencia política. Otros quedaron fuera de las fotografías oficiales; Gerardo Sánchez Zumaya terminó registrado por el Partido del Trabajo y el Partido Verde, que gobierna la entidad, decidió ni siquiera participar.

No fue una ausencia menor. San Luis Potosí fue la excepción entre las 17 entidades porque el Verde se hizo a un lado desde el arranque ante la regla antinepotismo de Morena, que cerraba el paso a Ruth González Silva, senadora y esposa del gobernador Ricardo Gallardo Cardona.

Desde entonces había una pregunta inevitable: ¿Morena realmente estaba construyendo una candidatura propia a la gubernatura o solamente administrando un proceso interno hasta que las decisiones importantes se negociaran después?

Tres meses más tarde, la pregunta sigue vigente: Morena ya ha presentado diez coordinaciones estatales y San Luis Potosí continúa pendiente. A escala nacional, además, las designaciones comenzaron a provocar inconformidades y la dirigencia nacional anunció que hará públicas las encuestas una vez concluidos los 17 procesos.

Pero, a diferencia del resto del país, donde la discusión gira en torno a quién ganó o perdió las mediciones, en San Luis Potosí el debate parece haber avanzado a otro terreno.

La definición que se perfila no recaería en ninguno de los nombres que protagonizaron durante meses el proceso público. César Eli Cervantes, delegado federal de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, se encamina a asumir la coordinación estatal pese a no haber participado en el registro inicial.

Y ahí está quizá la primera pista de lo que viene. En otras entidades, la coordinación ha funcionado políticamente como antesala de la candidatura. En San Luis Potosí no necesariamente tendrá que ocurrir así, pues todo apunta a que Cervantes podría recibir la responsabilidad de organizar al partido, recorrer el estado y conducir la estructura morenista, sin que ello resuelva quién obtendrá posteriormente la candidatura a la gubernatura.

Siete semanas para volver a empezar

Lo que viene podría convertirse en una repetición acelerada de lo que San Luis Potosí ha observado durante el último año: partidos que públicamente defienden su autonomía mientras mantienen abierta la puerta de la negociación; aspirantes que construyen proyectos individuales frente a dirigencias que insisten en la unidad; y estructuras que trabajan por separado hasta que llega el momento de sumar votos.

Faltan aproximadamente siete semanas para el inicio formal del proceso electoral local el 15 de noviembre. Es tiempo suficiente para ver desfilar declaraciones de independencia, advertencias, acercamientos y distanciamientos antes de que las dirigencias nacionales terminen de acomodar el tablero.

El propio Verde mantiene esa puerta entreabierta. Apenas esta semana su dirigencia estatal aseguró que todavía no existe comunicación formal con Morena para una alianza local y situó las posibles negociaciones entre noviembre y diciembre. Al mismo tiempo, confirmó que para las diputaciones federales la ruta que se perfila es con los siete distritos federales de San Luis Potosí en conjunto con Morena.

Morena, por su parte, ha dicho que su prioridad local es construir con el PT y Nueva Alianza y que solamente discutiría una alianza con el Verde si la instrucción llega desde la dirigencia nacional.

Todos mantienen, por ahora, su identidad intacta, pero ¿Hasta cuándo?

En junio, Gerardo Sánchez Zumaya parecía representar justamente aquello que Morena no encontraba entre sus registros: un perfil externo con despliegue territorial, recursos y una narrativa de confrontación directa con el gallardismo. Pero su llegada al PT tampoco fue producto de una decisión original por construir desde ese partido.

Desde septiembre de 2025 había iniciado un proceso para afiliarse a Morena y durante meses buscó abrirse espacio dentro del movimiento. Cuando llegó el registro para la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación, la propia dirigencia morenista mantuvo reservas sobre su militancia: Rita Ozalia Rodríguez Velázquez insistió públicamente en que su afiliación no estaba formalmente acreditada y, finalmente, Sánchez Zumaya terminó utilizando la puerta que le abrió el PT para participar en el proceso.

Desde entonces, la relación nunca terminó de acomodarse. Sectores y antiguos cuadros de Morena comenzaron a respaldarlo públicamente y pidieron que fuera considerado; la dirigencia estatal en cambio mantuvo distancia.

Esa ruta también produjo episodios cada vez más tensos. La confrontación registrada recientemente en el Congreso del Estado, donde personas reclamaron a Rita Ozalia y exigieron que se permitiera avanzar a Sánchez Zumaya, mostró hasta qué punto la disputa dejó de permanecer dentro de las oficinas partidistas.

El propio Congreso terminó emitiendo un comunicado en el que condenó los hechos, anunció acciones legales y relacionó algunas de las expresiones registradas en el recinto con el apoyo al empresario y la supuesta intervención de la abogada Natalia Castillo.

Ahora, después de meses de recorridos, posicionamientos y confrontaciones alrededor de su nombre, Sánchez Zumaya se perfila a abandonar tanto la disputa por la coordinación como la ruta hacia la gubernatura desde el PT, aunque esa decisión todavía está pendiente de formalizarse públicamente.

Si bien intentó entrar por Morena, terminó compitiendo desde el PT y podría salir de la disputa justo cuando ambos partidos vuelven a acercarse para construir la alianza de 2027. Pero el problema del PT ya no es exclusivamente potosino.

A nivel nacional, la relación entre Morena y el PT también atraviesa tensiones por la definición de las coordinaciones estatales. El partido encabezado por Alberto Anaya acusa que Morena realizó unilateralmente las primeras mediciones y que quedó pendiente una segunda encuesta en la que participarían conjuntamente los perfiles propuestos por Morena, PT y PVEM, acompañada por encuestas espejo de cada fuerza política. La dirigencia morenista sostiene, en cambio, que sí incorporó a las propuestas de sus aliados, respetó la metodología utilizada históricamente por el partido y permitió encuestas espejo en los estados donde fueron solicitadas.

Pese al desacuerdo, ninguna de las partes ha dado por terminada la alianza. El PT llamó a cumplir los acuerdos y “mantener la unidad de la coalición”, mientras Ariadna Montiel reiteró que Morena busca continuar junto al PT y PVEM y aseguró que, una vez concluidas las definiciones en los 17 estados, harán públicos los resultados de cada encuesta. Por ahora, discuten cómo se eligieron las coordinaciones mientras mantienen abierta la negociación para llegar juntos a 2027.

Y San Luis Potosí puede convertirse en uno de los lugares donde esa contradicción termine por resolverse.

En paralelo a las definiciones de coordinaciones, encuestas y posibles coaliciones, Ricardo Gallardo Cardona ya colocó públicamente el 2027 en otro terreno: el de la confrontación con sus adversarios.

Durante el mensaje de su Quinto Informe de Gobierno, el gobernador sostuvo que sus opositores están en su derecho de buscar espacios de poder en la próxima elección, pero los acusó de recurrir a “mentiras y denostaciones” contra su familia y colaboradores. Después lanzó una frase difícil de separar del escenario sucesorio que comienza a construirse: “jueguen limpio y apéguense a la realidad del estado, porque en verdad no me va a causar mayor placer que verlos derrotados a causa de sus propios errores”.

Aunque permanece sin resolver la principal incógnita de la elección potosina: si el PVEM defenderá la gubernatura por su cuenta o terminará negociando nuevamente con Morena y sus aliados. Gallardo no dijo en su informe quién representará a su proyecto en 2027, pero sí dejó claro que se prepara políticamente para una elección en la que pretende volver a imponerse frente a quienes identifica como sus adversarios.

Gallardo habla ya de derrotar adversarios en las urnas, pero las dirigencias todavía no terminan de decidir quién será adversario de quién.

La fotografía que comienza a dibujarse no necesariamente es la de una ruptura, sino la de una alianza diferenciada según el cargo en disputa: juntos donde conviene, separados donde necesitan conservar identidad; competidores en algunas boletas y aliados en otras.

Así, cada partido puede reivindicar independencia ante el ojo público en tanto conserva margen para negociar distritos, municipios y candidaturas.

El Verde gobierna aquí su principal bastión estatal y difícilmente renunciará a defenderlo; Morena, por su parte, tiene en juego la integración de la Cámara de Diputados y su peso dentro de la coalición nacional; a su vez el PT necesita demostrar que su participación representa algo más que acompañar las decisiones del partido mayoritario.

Entonces la pregunta deja de ser solamente quién encabezará la candidatura a gobernador; la pregunta es qué recibirá cada partido a cambio de ceder en aquello que más le importa al otro.

Si el Verde mantiene la candidatura al Gobierno del Estado, ¿qué espacio estaría dispuesto a entregar a Morena? ¿Ahora sí le dará la totalidad o la mayoría de los distritos federales? ¿Una distribución favorable de diputaciones locales y municipios?

Por eso el eventual nombramiento de César Eli Cervantes debe leerse con cautela. Puede resolver una necesidad inmediata de Morena: colocar al frente de su estructura a alguien que no cargue directamente con las disputas que dejaron los registros, las aspiraciones y los grupos internos, pero no resuelve la candidatura, ni tampoco resuelve la alianza y menos responde quién tendrá la última palabra sobre San Luis Potosí.

Durante meses vimos aspirantes registrarse, recorrer municipios, pedir licencias, organizar asambleas, repartir Regeneración y someterse —al menos formalmente— a un procedimiento de encuestas. Al final, quien se perfila para coordinar al partido ni siquiera estuvo en aquella fotografía inicial.

Ahora vienen siete semanas en las que Morena, PT, Verde y Nueva Alianza tendrán que decidir cuánto vale realmente su independencia y cuánto están dispuestos a intercambiar para llegar a 2027 en las mejores condiciones posibles.

Hasta entonces seguiremos escuchando hablar de identidad, autonomía, encuestas, unidad y respeto a la voluntad popular.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Actualmente se desempeña como reportera en Astrolabio Diario Digital y ha colaborado en El Sol de San Luis, donde fue jefa de información. Su trabajo se enfoca en la cobertura de temas políticos, judiciales y derechos humanos, con experiencia en medios digitales e impresos.