Martín Faz Mora

El paradigma de los derechos humanos es el avance civilizatorio más importante posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Es verdad que tal paradigma, sin embargo, no ha logrado superar gravísimas situaciones que aún vulneran la dignidad de la vida humana. Hambrunas, pobreza, guerras, discriminación, racismo, homofobia, xenofobia y hasta genocidios han campeado en múltiples lugares y dañado a millones de personas con vidas miserables y dolorosísimas luego de la postguerra, la Guerra Fría y el actual sistema-mundo.

Aun así, el paradigma de los derechos humanos, así sea como aspiración manifiesta de las sociedades, ha sido un valladar y un repertorio de lucha de las demandas sociales hasta el punto de que la mayoría de ellas se expresan en lenguaje de “derechos humanos”.

Hoy día prácticamente no existe sector social que no utilice el concepto de “derecho humano” para otorgar legitimidad a sus demandas y sus luchas.

Es cierto también que el paradigma de los derechos humanos es objeto de manipulaciones legitimatorias e instrumentalización política por parte de los grupos de poder, y hasta de un uso banal y vulgarizador que le resta potencialidades emancipatorias.

Con todo, continua siendo el avance civilizatorio más destacado de la historia humana reciente. Pero hoy está en grave riesgo ante los embates de las ciertas élites políticas en ascenso, particularmente la extrema derecha.

La extrema derecha está en ascenso mundial, desde Trump a Bolsonaro, Duterte en Filipinas o Narendra Modi en India, y la oleada europea que elección tras elección ve aumentar su fuerza en los parlamentos y gobiernos del continente.

El ascenso de la extrema derecha, con sus particularidades en cada región, puede explicarse en parte por la crisis económica del 2008 que restó credibilidad y legitimidad a las élites políticas neoliberales, de una amplia gama desde la derecha liberal hasta la socialdemocracia, que habían conducido los destinos del establishment globalizador, generándose así un amplio cuestionamiento de su gestión y del propio sistema favorable a la globalización. Ello generó el ascenso de nuevos  actores de extrema derecha populista, impulsada por líderes fuertes que promueven una política del miedo y el rechazo creciente a las sociedades abiertas.

Ejes comunes de la ideología y el programa político de esta derecha extrema en ascenso son el nacionalismo, la xenofobia y las políticas anti-género. Estos movimientos asocian el paradigma de los derechos humanos como una narrativa propia y legitimadora del orden internacional liberal severamente cuestionado. Algo similar ocurre con el sistema democrático.

Derechos humanos y democracia les resultan así, un binomio sospechoso y objeto de escepticismo cuando no hasta de abierto rechazo, aunque suele predominar un retórica más sutil que se apropia del lenguaje de los derechos desde una perspectiva conservadora, para exigir en clave de derechos sus demandas nacionalistas, xenófobas y patriarcales.

El episodio de la amenaza de Trump para imponer aranceles a México a fin de obligarle a adoptar una política de contención migratoria acorde a sus intereses domésticos en vistas a la reelección, es uno de los múltiples episodios que ocurren -y seguirán ocurriendo- que ponen de manifiesto el socavamiento del paradigma de los derechos humanos por parte de la extrema derecha en ascenso.

Sin subestimar que incluso al interior del movimiento social de los derechos humanos existe una crítica al paradigma liberal de los derechos humanos, no debe por ello minimizarse el socavamiento del paradigma de los derechos humanos y el ataque a su institucionalidad (Pactos, Convenciones, organismos y tratados internacionales en la materia), pues ello representa un signo ominoso de la época.

Twitter: @MartinFazMora

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