Por Victoriano Martínez

Este domingo –con todo y pandemia– fue de elecciones. En Coahuila se eligió a 16 diputados de mayoría y a 9 de representación proporcional. En Hidalgo, a 84 ayuntamientos. En ambos, la jornada electoral ocurrió como siempre: inducción al voto, compra de votos, acarreo de votantes, acusaciones mutuas entre partidos…

Dos estados que no han tenido alternancia en sus gobiernos estatales y donde el predominio priísta simplemente se hizo presente, como tradicionalmente ha ocurrido. Es decir, no hay nada sorprendente en los resultados de los que hasta anoche se conocían como tendencia favorable al Revolucionario Institucional.

El impacto de la imagen del PREP-Coahuila, en el que aparecía un mapa del Estado con todos los distritos pintados de verde, con el listado de los doce participantes a un lado en el que el PRI aparecía con ventaja en 16 de los 16 distritos, y el resto en cero, bien podría dar la impresión de un resurgimiento priísta… ¡y con carro completo!

Más todavía: que para las 10:35 pm, con el 73.4 por ciento de las casillas contabilizadas, se indicara que el 49.0869 por ciento de los votos eran para el PRI, en tanto Morena apenas tenía el 19.7047 por ciento y el PAN el 10.192 por ciento, daría la apariencia de un regreso aplastante del PRI… de no ser porque es Coahuila, donde más bien significa que nunca se fue.

Aunque en Hidalgo no funcionó el PREP y se anunció que el Instituto Estatal Electoral publicaría resultados preliminares, hasta entrada la noche no lo habían hecho. No fue un obstáculo para que los priístas igual cantaran victoria con un panorama de amplio dominio y de su tradicional presencia, y no necesariamente de un resurgimiento.

Si bien simplemente se ratificó el dominio priísta en ambos estados, lo ocurrido durante la jornada electoral de este domingo y sus resultados no pueden ser ignorados de cara a los procesos electorales ya iniciados en todo el país, y necesariamente por el que se desarrolla ya en San Luis Potosí.

La afirmación de Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, en el sentido de que su partido obtuvo extraordinarios resultados en las elecciones de este domingo tiene una obvia intención propagandística que busca dar la impresión de que para el 2021 el Revolucionario Institucional estará de regreso.

Lejos de tratarse de un regreso, al ser resultados previsibles en enclaves priístas, lo que muestra es que como partido harán valer los espacios que dominan plenamente para mantener su presencia, y lo que ocurrió este domingo en Coahuila e Hidalgo les proporciona un ingrediente que claramente pretenderán usar en las posibles alianzas para su supervivencia en el ámbito local.

Inducción al voto, compra de votos, acarreo de votantes, y tantas otras prácticas viciadas durante la jornada electoral de este domingo no resultaron novedades. Tampoco las acusaciones mutuas entre partidos de incurrir en ellas. Un ambiente previsible para el proceso electoral local, que también resulta un ingrediente más de negociación para el PRI como parte de las alianzas.

El hecho de que no sean algo nuevo no es como para normalizarlas, sino para buscar medidas para prevenirlas. Sobre todo porque, igual que como señaló el consejero electoral Ciro Murayama con relación a los hashtag usados este domingo #VotoMasivoPorMorena, #NiUnVotoAMORENA o #NiUnVotoAlPRIAN “reflejan la subcultura democrática”.

Una subcultura democrática que, si bien ayer se manifestó en plena jornada electoral en Coahuila e Hidalgo, en San Luis Potosí se ha vivido desde hace meses con campañas de promoción personalizadas de ante-pre-candidatos precoces.

Una precocidad a la que las autoridades electorales le han puesto poca atención y que, al tolerarla, dejan abierta la puerta para que el día de las elecciones los vicios electoreros también se presenten sin novedad.