Abelardo Medellín Pérez
Las mentiras con las que opera el discurso del gobernador Ricardo Gallardo Cardona funcionan gracias al mismo principio sobre el que se sostienen sus iniciativas fallidas: la suposición de que los ciudadanos tenemos una memoria muy corta.
Esta semana, el gobernador fue desmentido luego de acusar en un evento público que el alcalde de Axtla de Terrazas, Gregorio Cruz Martínez, habría robado 20 millones de pesos destinados originalmente para la construcción de la Unidad Deportiva Garzas Blancas y señalar que dicha obra nunca se habría realizado.
Al final, tanto los boletines como la cuenta pública de 2024 evidenciaron que Gallardo Cardona no tenía una denuncia sólida, sino un frágil artificio que buscaba encubrir el hecho de que los gobiernos estatal y municipal realizaron un evento masivo para entregar el proyecto… que ya había sido entregado hace más de un año.
¿Por qué mentir así frente a decenas de ciudadanos de Axtla que tienen evidencia testimonial inmediata para desmentir al gobernador? ¿Gallardo Cardona de verdad cree que puede sostener un engaño que se desmorona con tres búsquedas en línea y el testimonio del propio exalcalde?
La lamentable respuesta es que sí. El gobernador potosino siempre ha apostado por explotar la mala memoria de la población que gobierna.
Los ejemplos no se limitan a las múltiples denuncias infructíferas que el gobernador usa como muletillas durante sus eventos públicos; también se extienden a todas aquellas ideas, iniciativas y propuestas que nunca llegaron a nada y cuyo fracaso se pretende ignorar al amparo del olvido colectivo.
Repasemos algunas de estas pifias.
¿Alguien recuerda el “semáforo estatal de rendimiento gubernamental”, ese mecanismo que supuestamente evaluaba el desempeño de las dependencias, que inició en enero de 2023 y repentinamente se dejó de publicar?
Cuando Gallardo Cardona presumió esta nueva idea, aseguró que la evaluación pública y mensual del desempeño de sus funcionarios ayudaría a verificar la calidad del trabajo que realizaban y que, en caso de que uno fallara, se realizarían cambios en el gabinete.
Al final, el gobierno abandonó la deficiente idea de difundir las evaluaciones hechas a funcionarios y esta desapareció sin haber transparentado la metodología que utilizaba para estas ponderaciones a discreción.
El semáforo de rendimiento gubernamental fue una iniciativa institucional; sin embargo, también hay ejemplos de proyectos lanzados al olvido desde la esfera privada de la Gallardía.
¿O acaso no recuerdan el Pollocast?
El gobernador presentó este podcast personal en febrero de 2024, fecha en la que subió su primer video, en el que entrevistó a su esposa (y en ese entonces aspirante a la senaduría), Ruth González Silva. El último de estos programas se emitió ocho meses después, en septiembre de ese año, y desde entonces el jefe del Ejecutivo no ha informado si volverá a su faceta como entrevistador.
Aunque el programa caducó como inició (sin pena ni gloria), no pasa desapercibido que las instalaciones y los espacios del podcast aún se utilizan, y un ejemplo de ello son las diversas entrevistas que medios locales realizaron al gobernador en vísperas de su quinto informe de gobierno, que fueron grabadas en el espacio del Pollocast.
No queda claro, entonces, si la inversión que necesitó dicho podcast se financió con recursos públicos o privados, porque, si fue con recursos privados, ¿por qué el gobernador los usa para atender entrevistas vinculadas con su trabajo público? Y, si fue con recursos públicos, ¿cómo se justifica haber dilapidado dinero en un pasatiempo pasajero que el gobernador ya olvidó?
Como estos, hay decenas de otros ejemplos: el zoológico inverso que nunca se construyó en el Tangamanga I, el arribo de un león nuevo y un campo de golf en el Tangamanga II, la instalación de fibra óptica en toda la capital con recursos del estado o la promesa de campaña de construir cinco hospitales de especialidad. Todas son propuestas que el gobernador abandonó en cuanto pudo y las arrojó bajo la alfombra impunemente.
Al gobierno no le importa si se gastaron recursos públicos, si quedaron a medias o si la simple promesa representa un compromiso ridículo difícil de cumplir; la administración y su burocracia ahora funcionan a través de un esquema de concesión y posterior control de daños para cumplir el capricho del Ejecutivo.
Apoyan las ocurrencias del gobernador y luego pasan semanas conteniendo la crisis de imagen y empujando novedades para que se olvide el desastre que deja atrás.
Por eso el gobernador puede prometer cines en la Huasteca, puentes peatonales colgantes para la Alameda o incluso denuncias contra alcaldes por robos de los que no hay registro. Porque la meta no es cumplir la ocurrencia, sino que se hable de ella y después la olvidemos.
Es el sexenio de las promesas fugaces.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






