Abelardo Medellín Pérez
Si la ciudadanía ya sospechaba que el gobernador Ricardo Gallardo Cardona duda de la competitividad y capacidades de sus potenciales sucesores (entre ellos Ruth González Silva), el hecho de que haya iniciado una nueva campaña personalista disfrazada de programa social vino a confirmar que el jefe del Ejecutivo confía en su caballo… pero no en los jinetes.
Desde hace días, el gobierno del estado desplegó un nuevo programa social de nombre “El Gober en tu Casa”, iniciativa propagandística que heredó la estructura y objetivos de la Red de Gestión Comunitaria (RGC, casualmente).
La RGC es un programa que inició en agosto de 2024, dedicado a llevar módulos itinerantes de programas y servicios de gobierno, en los cuales la burocracia ofrece horas de trabajo, dedicadas en su totalidad a brindar servicios en las colonias y a promocionar la imagen de la senadora Ruth González Silva, quien ominosamente aparecía en las jornadas para echar flores al gobierno de Gallardo Cardona y quejarse amargamente de la administración de Enrique Galindo Ceballos.
Una tragedia, sí, pero también una campaña personal, disfrazada de los servicios que los ciudadanos necesitan. A los habitantes de las colonias se les decía que todo lo ofrecido era gratis, pero pagaban con el tiempo dedicado a oír los desangelados discursos de la senadora.
El gobernador prestó el programa para promocionar a González Silva y también a otros personajes como Valladares Eichelmann, pero tal parece que no fue suficiente. Ya no basta tener al gobernador en las colonias, invadiendo competencias municipales; ya no basta tener al gobernador en el Congreso, donde sus intereses son defendidos por la desdibujada bancada Verde; no es suficiente tener al gobernador en los espectáculos, promocionando conciertos y organizando ferias; no, ahora también en la casa. Pollo hasta en la sopa y ahora a domicilio.
Una de las más visibles visitas domiciliarias que el gobernador hizo para este programa, fue a una casa de Villa Magna el pasado miércoles 7 de octubre, en la cual dio un discurso frente a vecinos y, entre tantos desvaríos, aprovechó para minimizar los intentos del ayuntamiento capitalino por construir el puente para dicha zona.
El jefe del ejecutivo usando un programa del Estado para hacer campaña negra contra el alcalde de la capital, el Estado actuando contra la administración del centro poblacional más grande de la entidad. ¿Podría ser más deleznable y cínico el actuar del gobernador?
Como muchas veces en este sexenio, la respuesta es sí. Pues la peor parte de la perorata del gobernador no es su usual y cada vez menos justificada bilis contra el alcalde Galindo Ceballos; lo más preocupante es que haya considerado como un logro digno de presumir, la forma en que retiró por la fuerza a ejidatarios de San Juan de Guadalupe, con la intención de construir el puente elevado de Av. Juárez.
“Cuando llegaron los ejidatarios y quisieron cerrar la carretera, ¡nos los llevamos! ¡Nos llevamos detenidos!”.
Claro, eso es lo que todo ciudadano quiere, que el gobernador vaya hasta su casa a amenazarte. Porque el mensaje no era “ponemos el interés público por encima del privado”, el mensaje fue: “imponemos mis ocurrencias por encima de la ley y a quien no le guste, lo tratamos como criminal”.
Al gobernador no le interesaba que el mensaje a los vecinos fuera penoso, lamentable y demencial – de todas formas la mayoría de sus discursos improvisados caen en una de esas categorías – lo que le interesa es comenzar una virtual campaña casa por casa que lo ponga a él al centro de la propaganda.
Esta forma de operar no es nueva. En 2018, unos meses después de haber asumido el puesto como diputado federal, Gallardo Cardona fue grabado en un mitin privado que se realizó en una casa de Soledad de Graciano Sánchez. Ahí se le presentó como diputado y se anunció que buscaría un cargo más grande; tan clandestino y vergonzoso era el ejercicio que el propio Gallardo Cardona pidió a la persona que lo grabó, que dejara de hacerlo.
La diferencia entre 2018 y 2026, es que en ese entonces se tenía que esconder para desplegar sus campañas adelantadas; ahora las presume con fotografías y publicaciones en redes sociales, pues se siente protegido por la impunidad que él y la senadora Ruth González han utilizado para promoverse electoralmente. Antes sabía que estaba mal y se ocultaba, ahora sabe que está mal, pero no le importa lucirse.
Que el gobernador tenga una fijación y necesidad de figurar al centro de las campañas no es un invento ni una conjetura, es la realidad que él mismo ha admitido.
“Yo la verdad soy muy feliz en una campaña. Soy como un pez en el agua, me sé mover, sé cómo hacerlo y muy seguramente voy a ir a una campaña, ¿a cuál?, no sé, pero voy a ir a una campaña”, dijo el gobernador en entrevista con el medio Horizonte Tunero esta misma semana.
Sin embargo, la necesidad patológica de atención y aplausos no explica por sí sola la nueva iniciativa propagandística del Gobernador. Hay algo más en el fondo de ella, algo que apunta a un cálculo cuyos resultados no gustaron en Palacio de Gobierno.
¿Recuerdan que hace una semana Morena estatal anunció como coordinador en el estado a Elí Cervantes, y que una de las razones reveladas por la dirigencia nacional era que los perfiles locales registrados no eran competitivos para una elección?, ¿Y si a la Gallardía le pasó lo mismo?
¿Y si la Gallardía confió en la ineptitud de su oposición y se olvidó de formar perfiles competitivos?, ¿Y si los asesores electorales ya les dijeron que una eventual candidatura de Ruth González se ve bien en las encuestas, pero no aguantaría una campaña?, ¿Y si al fin se dieron cuenta que la Gallardía dependía del rencor por el gobierno para ganar elecciones, pero ahora que son gobierno, su candidato va a tener que sostener una campaña de “buenas noticias” y tapaderas a las pifias de la administración?
Quizá por eso el gobernador quiere y debe volver a la campaña. Quizá Gallardo Cardona ha puesto demasiado en juego y, a menos de un año de la elección, no se puede dar el lujo de confiarle la elección a unos perfiles tan grises y cuya mayor fortaleza son sus vanos intentos de imitar al líder. No.
A este punto, el último año, la figura de Gallardo Cardona debería desaparecer en el paisaje y sobre ella debería imponerse la imagen de su sucesor o sucesora, y con todos los recursos que ha dispuesto para hacer que el cargo quede en familia, la sucesora no brilla por ningún lado.
Al menos eso es lo que deja ver la insistencia de meter al gobernador hasta en la casa de los ciudadanos. Aunque, si por alguna razón nos equivocamos y esto no es más que otro episodio del “hambre de reflectores”, entonces vale la pena enviar un mensaje al jefe del ejecutivo:
Gobernador, si usted gusta de la campaña constante, debió haberse dedicado a ser vocero o animador, no gobernador. Las ganancias no hubieran sido tan buenas como las que percibe ahora, pero al menos nos hubiera ahorrado el pésimo sexenio. Piénselo para la próxima, que esperamos no sea ni aquí, ni pronto.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






