Por Victoriano Martínez
¿Qué tan real –o confiable por su impacto en la percepción de seguridad– es la reducción del número de homicidios que presume el gobierno de Ricardo Gallardo Cardona con el presunto aval del gobierno federal y sus estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública?
Tratar de entenderlo implica tomar en cuenta las tres cifras diferentes que se pueden obtener al respecto con relación a su origen: (1) las del Informe Diario de Seguridad de la Secretaría de Seguridad y Participación Ciudadana (SSPC), (2) las del reporte mensual de incidencia delictiva que presenta el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), y la que se puede obtener de un recuento de los casos publicados en los medios de comunicación.
“Los datos que muestra el reporte diario de homicidios dolosos son preliminares y están sujetos a la determinación jurídica de las Procuradurías y/o Fiscalías Generales de las 32 entidades federativas que definirán si se trata de delitos. Su objetivo es proporcionar información para fines de carácter táctico/estratégico”, dice en la presentación del Informe Diario.
De acuerdo con esa explicación, la primera cifra tiene como origen la Fiscalía General del Estado (FGE) y corresponde a los casos que califica como homicidios dolosos y los reporta a la SSPC.
“Se considera incidencia delictiva las averiguaciones previas o carpetas de investigación iniciadas por las fiscalías estatales (fuero común) o la Fiscalía General de la República (fuero federal)” se explica en la presentación de los reportes del SESNSP.
Una vez más, la fuente que da origen a esta segunda cifra es la FGE, aunque en este caso no es por lo que reporta, sino por el número de carpetas de investigación que inicia sobre homicidios dolosos.
La tercera cifra a la que se puede disponer corresponde a un conteo propio sobre los homicidios dolosos reportados en medios de comunicación y que, en el caso de Astrolabio Diario Digital, se cuenta con un registro puntual que se puede consultar en la sección denominada “Crónica de Ejecutados”, a cargo de Antonio González Vázaquez.
Se trata de una cifra que suma los casos que gran parte de la población se ha enterado en su vida cotidiana y, en consecuencia, un acumulado de crímenes de alto impacto que tiene un efecto directo sobre la percepción de inseguridad, sea porque ocurrió cerca de su barrio o colonia, supo de oídas o lo leyó o vio en algún espacio informativo formal o de redes sociales.
La lógica indica que las tres cifras deberían ser iguales, pero resulta que no. En los primeros cinco meses de este año, la FGE ha reportado para el informe diario 13 homicidios dolosos, ha iniciado 22 carpetas de investigación por ese delito y en prensa se ha informado de 58 asesinatos dolosos.
Los reportes en prensa, por ser relatos que ubican dónde ocurrieron los crímenes, se acercan más a lo que realmente ocurre con la incidencia de los homicidios dolosos, por lo que permiten inferir lo que hay detrás de las cifras originadas en la FGE.
Si de 58 asesinatos de los que se tuvo noticia en los primeros cinco meses del año sólo se abrieron 22 carpetas de investigación o hubo 36 asesinados sobre los que no se inició ninguna averiguación o hubo muchos homicidios múltiples. Como el reporte del SESNSP señala número de víctimas, la FGE no investiga 36 homicidios dolosos.
Una circunstancia que, si se trata del informe diario, deja aún más mal parada al FGE: si de 58 asesinatos de los que se tuvo noticia en los primeros cinco meses del año en sus reportes diarios sólo informó de 13, ¿significa que no se enteró de los otros 45 casos o que los ocultó para minimizar la magnitud del problema? Cualquiera de los dos casos es grave por tratarse de reportes utilizados para definir estrategias de seguridad.
Al cerrar el mes de junio, nuevamente se registra un alto contraste entre lo informado diariamente por la FGE y los asesinatos de los que se tiene noticia en prensa: en el informe diario sólo reportó dos el 10 de junio cuando el recuento hemerográfico arroja 16.
Se trata de un contraste de cifras que, lejos de revelar una auténtica reducción en el número de homicidios dolosos, exhiben un preocupante ocultamiento de información a las instancias de seguridad federales en los informes diarios y una grave omisión en las labores de investigación que debe realizar la FGE para buscar responsables y sancionarlos.
Un panorama que no contribuye al cumplimiento de la promesa central de campaña de “Vivir sin miedo” sino que abona a ya no sólo vivir con miedo, sino también con dudas.
