Adriana Ochoa
Morena avanza con diez coordinadores ya definidos rumbo a las elecciones para gobernador de 2027. En San Luis Potosí la definición se retrasa y la alianza con el Verde cruje. El motivo no es menor: el rechazo al nepotismo.
Ricardo Gallardo gobierna desde el Partido Verde. Su esposa, la senadora Ruth González, aspira a sucederlo. Morena cerró esa puerta con una regla interna clara: no habrá continuidad familiar en 2027. El Verde decidió no registrar a González en el proceso conjunto. Arturo Escobar, coordinador político nacional del PVEM, habló de prudencia. San Luis Potosí será el único estado donde la coalición no camine unida.
La opacidad de las encuestas es la tónica en la selección de Morena. La dirigencia no publica números, solo anuncia al ganador. Se supone que a los inconformes se les muestra evidencia en privado. Los estatutos hacen inapelable el dictamen de la Comisión de Encuestas. Los aspirantes firmaron un compromiso para no hacer patentes sus inconformidades: no pataletas, no bloqueos, no protestas.
En varias entidades los gobernadores impusieron a sus favoritos. Layda Sansores cerró la contienda en Campeche alrededor de Pablo Gutiérrez Lazarus. Desactivó toda competencia interna meses antes de las mediciones formales.
En Guerrero el conflicto alcanzó su punto más alto. La cuestionada alcaldesa de Acapulco Abelina López habló de “encuestas de papel” tras la designación de Beatriz Mojica. Otras voces acusaron sectarismo. Parece que además de rechazo al nepotismo, historiales de escándalos de joyas ostentosas y sospechas de corrupción también quedan fuera, aunque los protagonistas sean más populares. Nadie conoce los números. Solo se anuncia al ganador. Los estatutos hacen inapelable el dictamen. Quienes firmaron el compromiso de acatar ya no tienen recurso interno.
En el resto del país los gobernadores morenistas han logrado imponer a sus favoritos en las “coordinaciones”. Campeche ofreció el ejemplo con doña Layda Sansores, quien cerró la contienda alrededor de Pablo Gutiérrez. En San Luis Potosí a Ricardo Gallardo se le escapa esa posibilidad al insistir en su esposa. El partido de la presidenta Sheinbaum mantiene la prioridad de la coherencia sobre comodidad electoral, aunque las posibilidades de candidatura no levanten un entusiasmo con tono ganador.
Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, presidenta estatal de Morena, es desde hace tiempo un perfil considerado. Su trabajo de recuperación territorial la coloca en las preferencias internas. También su vínculo familiar con la secretaria de Gobernación.
Si no es Rosa Icela Rodríguez, ni su hermana Rita Ozalia, el partido tendrá que sacar un cuadro militante, institucional y sin antecedentes inflamables en una campaña. El delegado de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Elí César Eduardo Cervantes Rojas, tiene una curiosa manera de manejar sus redes: la narración casi siempre está a cargo de una presentadora y cierra sus videos y promos con una cortinilla con su nombre y “palomita” de aprobación en lugar de la “V” de su apellido. Ahí van lo mismo anuncios de obras, réplicas de mensajes de la Presidencia y eventos del partido. Cercano a Rita Ozalia Rodríguez, su perfil cuadra con el de los coordinadores discretos que ya ha preferido nominar Morena.

Otros nombres circulan, extraídos de la lógica de militantes orgánicos. Diputados locales, legisladores federales, pero ninguno que genere entusiasmo, sabido que su cargo de elección tiene base en las azarosas listas pluris de Morena, o en las estructuras del Verde en alianzas pasadas. Las circunstancias los pusieron donde están. Poca cosa propia qué destacar.
Gerardo Sánchez Zumaya ocupa un lugar en la mente de los electores potosinos por su abierta postura antigallardista, una guerra personal y desbordada. El empresario huasteco se registró como aspirante a la coordinación estatal a través del Partido del Trabajo Su solicitud de militancia en Morena, presentada desde septiembre de 2025, fue dejada sin resolución.
Sánchez Zumaya representa la opción del PT dentro de una posible alianza residual. Sin embargo, su peso es limitado: no forma parte del núcleo institucional morenista, arrastra señalamientos mediáticos sobre contratos con Pemex y no ha logrado posicionarse como un contendiente competitivo frente a los perfiles orgánicos del partido guinda. Sin embargo, su arrastre en la zona sur de la Huasteca y en sectores donde el antigallardismo es el mérito básico para conseguir un voto, prende la duda de lo que costaría a Morena bajarlo del proceso.
El Verde conserva fuerza local. Gallardo construyó una maquinaria propia. Competir por separado pondrá a prueba si esa estructura basta para retener el gobierno sin el voto morenista. La aprobación promedio de los designados nacionales se sabe por debajo del 50% entre sus huestes. En San Luis Potosí el futuro abanderado morenista enfrentará un escenario más duro: un adversario con estructura estatal consolidada.
El proceso interno del Morena potosino refleja la tensión entre proyecto y poder. La dirigente nacional morenista Ariadna Montiel insiste en que el primero debe prevalecer. Morena elige no avalar la continuidad familiar. El Verde de Gallardo elige no ceder, ni siquiera ante la posibilidad de que su dirigencia nacional empiece a considerar el desgaste que esa postura le pone a su relación con Palacio Nacional. La ciudadanía decidirá en 2027 a quién beneficia o perjudica esa ruptura.
En SLP el conflicto es más limpio y más profundo: se trata de quién define las reglas del juego.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Adriana Ochoa es periodista desde 1988. Actualmente es directora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y docente titular de Organización Política y Ciudadanía.






