Las intermitencias de la responsabilidad

Abelardo Medellín Pérez

La jactancia usual con la que el gobernador Ricardo Gallardo Cardona presume y enaltece los resultados de su gobierno nunca ha bastado para cubrir uno de los defectos más evidentes de su administración: la inconsistencia con la que gestiona las responsabilidades.

La mayoría de los potosinos entiende que el actual sexenio no será el de la infraestructura o el de los programas sociales, sino el de la fantochería.

Un gobierno que no construye nada que no pueda presumir; por eso, no construye acuerdos funcionales. Que no gasta en nada que no pueda fotografiar; por eso, no le interesa hacer las consultas de ley para proyectos legislativos. Que no pavimenta una calle si no puede ir a hacer propaganda en ella; por eso, ignora las colonias donde no tiene operadores políticos que acarreen a la gente.

La Gallardía es una máquina política que funciona con “energía visual” y, si nadie la ve y nadie le aplaude, no funciona. Un defecto del ego convertido en la mayor amenaza para las políticas públicas del estado.

El problema con buscar el reconocimiento incesante es que, cuando una tragedia se cruza con el ejercicio del poder, rara vez los amantes del reflector asumen la responsabilidad de lo que ocurre.

Esta semana, tras el lamentable fallecimiento de un motociclista en la lateral de la Carretera 57, a la altura del Eje 116, la autoridad estatal demostró que no ha podido librarse de la conveniente amnesia que le hace deslindarse de toda desgracia.

En el video del siniestro se aprecia que el conductor cae de su motocicleta luego de encontrarse con una diferencia de nivel en el pavimento, producto de las obras inconclusas de rehabilitación que el gobierno estatal abandonó en la zona.

¿Qué dijo el gobierno al respecto? Por un lado, el titular de la Seduvop dijo no tener conocimiento del caso, dado que se le preguntó el mismo día; y, por el otro, el secretario general de Gobierno, Guadalupe Torres Sánchez, se limitó a la clásica estrategia de deslindarse sin más.

“No hay que confundir, hay que precisar perfectamente bien, al final del día, las laterales que están en esa parte, pues, en sentido estricto, no es el estado el que se tiene que hacer cargo”, dijo el secretario, quien luego apuntó que el responsable era el municipio.

He ahí el origen de la amarga hipocresía gallardista.

La administración potosina está dispuesta a presumir como suya y solo suya la edificación de una arena de espectáculos, pero, si una estructura cae encima de un trabajador, es culpa de la empresa o se critica el origen de ese trabajador. El gobierno presume las cifras de seguridad como propias y llena planas de pasquines con sus boletines, pero el día que hay un problema, el escarmiento es contra los alcaldes. Los juegos gratis en la Feria son anunciados como una iniciativa casi personal del gobernador, pero el día que se suscita un incidente mortal, el gobierno expone a los operadores y esconde a sus funcionarios.

Esa misma lógica de presumir en las buenas y deslindarse en las malas es la que reluce en el caso del siniestro mortal de esta semana.

Apenas el lunes, dependencias del gobierno habían compartido una infografía rumbo al quinto informe de gobierno, en la que presumían la rehabilitación de las laterales de la Carretera 57 como una obra más de las realizadas por esta administración.

Cinco días después de esa publicación, como un mal chiste del cinismo, el gobierno afirma que a ellos no les toca esa zona, que la responsabilidad es del ayuntamiento, intentando ocultar a toda costa que fue el gobierno del estado el que, el 8 de enero de este año, dio el banderazo de arranque para las obras estatales de rehabilitación de las laterales del Circuito Potosí, hasta el Eje 128.

12 kilómetros que el gobierno prometió reparar, 12 kilómetros que la administración abandonó con indolencia y que ahora se han convertido en el mejor ejemplo de por qué esta intermitencia de la responsabilidad debe detenerse.

Al gobernador le gusta decir que su administración repara calles, rehabilita carreteras y realiza obras que no le tocan. Que construye infraestructura en municipios porque, aunque no es su obligación, los alcaldes no lo van a hacer.

Pues, ante el resultado fatal de su intromisión amable, vale la pena mandarle un mensaje:

Gobernador, no se meta. Si el costo de permitirle invadir competencias es la vida de los potosinos y su única respuesta ante la tragedia va a ser deslindarse, entonces mejor no se meta. O, al menos, no se meta solo. Llegue a acuerdos con los municipios, hagan obras en conjunto, porque, al parecer, las obras que su administración hace en solitario quedan inconclusas y no se hacen cargo de sus desastres.

Hay que decirlo, si tenemos que elegir entre la inacción de un gobernador o su faceta de constructor irresponsable, es mejor tenerlo en Palacio sin hacer nada que en la calle poniendo ciudadanos en riesgo impunemente.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.