En un sistema de partidos en el que los institutos políticos así denominados son meros instrumentos de úsese y tírese, no es de extrañar que los vividores de la política hoy sean amarillos y mañana verdes. Tan arraigado está el uso de tan desacreditados instrumentos en lo que los han convertido, que corrientes caciquiles de rancho –como alguien calificó algún día a la gallardía– creyeron posible apropiarse de dos partidos al mismo tiempo. La dirigencia nacional perredista tardó en reaccionar, pero finalmente se sacudió las plumas, que de inmediato se refugiaron bajo el previsible plumaje de Tucán. “Los corrimos y los vamos a auditar”, advierten los perredistas. “Dicen que nos corren porque ya sabían que nos iríamos”, responden los otros, con tal descaro, que ni disfrazan la mera visión que tienen de los partidos como instrumentos para sus fines: “más que al Partido Verde nos unimos al proyecto de Ricardo Gallardo Cardona”, dijeron en rueda de prensa. Algo que sólo es posible en un sistema de partidos en el que éstos no son más que meros instrumentos de úsese y tírese

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