San Luis Potosí: el laboratorio político de 2027

Fernanda Durán

Por momentos pareciera que la elección de 2027 ya comenzó. Oficialmente, no. En los hechos, hace meses que todos los partidos están en campaña, aunque ninguno pueda llamarla así.

Morena y el PAN crean coordinaciones. El Partido Verde promueve perfiles. Somos México instala comités y denuncia al oficialismo. Movimiento Ciudadano anuncia que competirá solo. Todos recorren el estado, miden nombres, organizan eventos y hablan del futuro, mientras sostienen que todavía no tienen candidatos.

La diferencia es que San Luis Potosí se está convirtiendo en un laboratorio político en el que cada partido ensaya una estrategia distinta para sobrevivir. Curiosamente, casi todas contradicen, en alguna medida, los discursos que esas mismas fuerzas sostienen en el ámbito nacional.

Esta semana, uno de los anuncios aparentemente menos llamativos fue también uno de los más relevantes. La senadora panista Verónica Rodríguez reconoció que en San Luis Potosí se analiza la posibilidad de construir una alianza con el PRI rumbo a 2027.

No es un detalle menor.

Durante meses, el discurso nacional del PAN ha planteado la necesidad de tomar distancia de esa fórmula. Después de la derrota presidencial de 2024, dentro del panismo cobró fuerza la idea de reconstruir el partido sin depender del PRI.

En San Luis Potosí, sin embargo, la lógica parece ser distinta. Aquí, el cálculo electoral podría imponerse sobre el discurso: desde la perspectiva de quienes promueven una alianza, competir por separado facilitaría todavía más el camino al oficialismo.

Del otro lado ocurre algo similar.

Morena y el Partido Verde llevan meses enviándose señales contradictorias. Algunos actores hablan de diferencias internas, disputas por espacios y desencuentros. Pese a ello, ninguna de las dos fuerzas parece dispuesta a cerrar por completo la puerta a un eventual acuerdo.

No tendría que ser una alianza total ni una ruptura absoluta. Podría tratarse, una vez más, de una relación determinada por el pragmatismo electoral.

En ese escenario aparece un tercer actor que modifica el tablero.

Somos México llegó con la promesa de convertirse en la oposición que, según sus dirigentes, los partidos tradicionales dejaron de ser. Una de sus primeras acciones en San Luis Potosí fue presentar una denuncia por el evento conmemorativo de los 20 años del gallardismo, al considerar que pudieron cometerse actos anticipados de campaña.

La decisión no parece casual. El nuevo partido necesita construir una identidad propia y diferenciarse tanto del oficialismo como de la oposición tradicional, que en diversas ocasiones ha limitado su respuesta a declaraciones públicas.

Denunciar al poder forma parte del ejercicio opositor, aunque no basta para acreditar la existencia de un proyecto diferente.

Somos México reúne perfiles de procedencias diversas, evita asumirse con claridad como una fuerza de izquierda o de derecha y apuesta por captar el descontento allí donde exista.

Esa amplitud puede darle competitividad, pero también obliga a observar con atención qué candidaturas impulsa, qué derechos está dispuesto a defender y cuáles podría terminar negociando.

Muchos dan por hecho que dividirá el voto panista. Tal vez. Sin embargo, esa lectura parte de una premisa cuestionable: asumir que todos los votos opositores pertenecen por naturaleza al PAN o al PRI.

Quizá lo que realmente está en disputa es un electorado que desde hace tiempo dejó de sentirse representado por cualquiera de esas opciones.

Mientras tanto, Movimiento Ciudadano insiste en competir sin alianzas y apuesta a que existe espacio para una tercera vía que no dependa de coaliciones.

Paradójicamente, conforme avanza la competencia, los partidos comienzan a parecerse más entre sí.

El mejor ejemplo ocurrió esta misma semana.

Durante meses, el PAN criticó a Morena por adelantar sus procesos internos, crear coordinaciones, organizar giras disfrazadas y favorecer a determinados perfiles.

Sin embargo, al iniciar su propio proceso, terminó enfrentando cuestionamientos similares. La presentación pública de sólo cuatro aspirantes a la coordinación municipal, pese a que ya existían ocho registros, provocó reclamos internos sobre la falta de “piso parejo”.

La explicación fue que el registro permanecía abierto y que todavía faltaban varias etapas del procedimiento.

Es, en esencia, el mismo tipo de argumento que Morena ha utilizado durante meses para defender sus procesos internos.

Esto no significa que ambos casos sean idénticos. Sí muestra, en cambio, cómo la competencia política empuja a fuerzas distintas hacia comportamientos cada vez más parecidos.

Lo que realmente está en juego es quién consigue construir la estrategia más eficaz para competir.

La ciudadanía también enfrenta un desafío. Después de varios años de gobiernos con amplias mayorías y oposiciones debilitadas, quizá la mayor oportunidad sea que ningún partido tiene hoy garantizado el respaldo automático del electorado.

Eso obliga a mirar más allá de los colores y las siglas. Obliga a revisar trayectorias, equipos, antecedentes, propuestas y resultados.

Quizá esa sea la primera enseñanza de este proceso adelantado. En 2027, San Luis Potosí no sólo elegirá gubernatura, alcaldías y diputaciones. También pondrá a prueba la eficacia de las alianzas pragmáticas, la viabilidad de los nuevos partidos y la legitimidad de los procesos internos anticipados.

Ese es el verdadero experimento del laboratorio potosino: comprobar si las estrategias diseñadas por las dirigencias logran convencer a un electorado cada vez más desconfiado.

Porque cuando todos los partidos terminan pareciéndose, la diferencia ya no la hacen las siglas, sino los perfiles, los resultados y la capacidad de la ciudadanía para exigirles cuentas.

Y ya estando…

Legislar no es ensayar: Digna de presumir o no, la iniciativa para derogar la llamada Ley Serrano nos recuerda que las reformas al Código Penal no deberían tratarse como ejercicios de ensayo y error. Cada nuevo delito implica consecuencias para derechos, libertades y para la actuación de jueces y ministerios públicos, por lo que su elaboración exige estudios técnicos, deliberación y tiempo.  ¿Hasta qué punto una reforma al Código Penal puede asumirse como una etapa de aprendizaje? La política criminal exige previsión, técnica y deliberación antes de crear delitos, no después de ponerlos a prueba.

Licencia sí, oficina no: Otra de las consecuencias de las llamadas coordinaciones… la licencia de Carlos Arreola terminó exhibiendo que el verdadero poder no siempre está en la curul. La llegada de Ana María de la Cruz abrió un nuevo capítulo en las tensiones internas de Morena, pues durante el fin de semana circularon versiones en el Congreso de que la nueva diputada buscaba reorganizar parte del equipo heredado por Arreola para incorporar colaboradores propios. En ese mismo ambiente comenzó a correr el rumor de un eventual regreso anticipado del diputado con licencia e, incluso, versiones al interior del Legislativo señalaban que habría advertido que retomaría su escaño si esos cambios se concretaban.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Actualmente se desempeña como reportera en Astrolabio Diario Digital y ha colaborado en El Sol de San Luis, donde fue jefa de información. Su trabajo se enfoca en la cobertura de temas políticos, judiciales y derechos humanos, con experiencia en medios digitales e impresos.