Frater Ignatius

El matemático, inventor, economista, estadístico, filósofo y astrónomo inglés Charles Babbage (1791- 1871) era un creyente con fervor. Creía que existían los milagros y que eran la expresión de un poder fuera de la comprensión humana. En el caso de milagros como la reencarnación o la resucitación, afirmaba con una contundencia extraña que la probabilidad de que ocurrieran era de diez elevado a la potencia doce. Curiosas afirmaciones en una mente tan certera, tan precisa y sofisticada.

Podemos afirmar que Babbage es el más importante matemático, ingeniero e impresor en lo relacionado con la creación de la computadora. Sus espíritus inspiradores fueron Leibniz y Pascal. Concebía una máquina muy grande para calcular números de distintos tipos. Sobre todo, estaba enfocada en los logaritmos, ya que él era un especialista en esta clase de cálculos. Pensaba que la máquina sería de enorme utilidad para generar tablas matemáticas, pero se sentía abrumado por los posibles errores de salida respecto a los humanos que manipularan una máquina tan grande.

Babbage realmente iba un siglo por delante de sus coetáneos y su mente era una poderosa herramienta para crear ideas antes nunca vistas en la historia de la ciencia. Tanto la matemática en ese punto, como la política, los mecenas, la tecnología y en general el aire del tiempo de aquellos años, no estaban a la altura de su genio.

La máquina diferencial de Babbage, que comenzó a construir en 1822 pero que por varias razones –sobre todo en cuanto a los patrocinios- no pudo terminar, estaba pensada para calcular valores de funciones polinómicas usando miles de piezas mecánicas. No conforme con esto, tenía pensado diseñar una computadora más potente, la llamada máquina analítica, que podría programarse con tarjetas perforadas y tendría unas áreas separadas para el almacenamiento de números y para el cálculo. Según cálculos de los expertos, una máquina analítica capaz de almacenar mil números de cincuenta cifras cada uno, tendría que medir más de treinta metros de longitud. Recordemos que estos artilugios mecánicos se hacían con fierro y forjando una serie de ruedas metálicas con engranajes específicos para poder calcular diferentes guarismos. En el museo de la ciencia de Londres podemos encontrar la máquina funcional que parece una obra de ingeniería que roza con el arte.

Ada Lovelace, hija del poeta y gran luchador social Lord Byron, dio especificaciones para programar la máquina analítica. Por tal motivo se le considera a esta gran mujer como la primera programadora informática de la historia.