Abelardo Medellín Pérez
A estas alturas del sexenio, a todos nos queda claro que el gobernador potosino Ricardo Gallardo Cardona no va a dejar el gobierno con fama de constructor, buen gobernante o “líder memorable”, sino únicamente con la tilde de haber sido un político comprometido con las ocurrencias. Lo trágico es darnos cuenta que hemos llegado al punto en que los caprichos de la Gallardía ya no sirven a nadie… Ni siquiera al aparato de propaganda para el cual fueron diseñadas.
La nueva calamidad de concreto que evidencía esta debacle del discurso oficial es nada más y nada menos que el Dinoasis.
Muchos son los problemas detrás de este nuevo capítulo de los “proyectos innecesariamente grandes”, pero para empezar podemos mencionar lo obvio: es una idea que el gobierno robó de otro lado.
Y no solo el concepto y las instalaciones, el gobierno de verdad que se limitó a únicamente meter dinosaurios y hurtar la idea de un parque acuático de Querétaro.
En Tequisquiapan, municipio queretano, está instalado “El Oasis” un parque acuático cuya mascota es (quién lo diría) un dinosaurio.
En sus instalaciones cuenta con toboganes, chapoteadero, albercas, zona con juegos acuáticos para niños y, quien lo diría otra vez, una alberca de olas como la que tanto presumió el gobernador Gallardo Cardona. Además de lo dicho, El Oasis cuenta con tirolesa acuática y una zona para acampar.
Este molde original, de dónde Gallardo Cardona tomó la idea para su Dinoasis, no cobra los 300 pesos que recauda aquí su versión potosina, allá la entrada para adultos es de 150 pesos. Es decir que los 300 pesos que el gobierno fijó para empezar el Dinoasis, o cubren operaciones a sobre costo o son el negocio de alguien.
El hecho de que el gobernador presumiera que este sería un parque único en su tipo e incluso llegara a decir que nos visitarían desde Querétaro con tal verlo, ya no solo es una mentira fuera del lugar, es un desvarío triste.
Luego está el fracaso de la jactancia como propaganda.
Cada vez que la administración inaugura, abre puertas o presenta su ocurrencia en turno, el gobernador sufre una necesidad patológica de presumir su logro con números masivos y ridículos.
Si tiene un concierto en la Fenapo, necesita decir que ingresaron 450 mil personas (aunque sea prácticamente imposible); si inaugura la Arena Potosí, urge a sus propagandistas a decir que es el centro de espectáculos más grande del país; si arranca una torneo nacional charro, difunde fotografías donde cientos de alumnos acarreados fueron obligados a llenar butacas.
El gobernador no la brinca sin huarache; el brinco es gobernar y el huarache es la admiración artificial de quienes están obligados a reconocerle algo.
Con eso en mente, no sería equivocado adivinar que en unos días el gobierno emitirá un muy entusiasta boletín donde se hable de las miles de personas que llenaron el Dinoasis en esta semana santa anormalmente fría.
Es más, hasta podríamos jugar al futurismo y hacer una quiniela de cuántos asistentes imaginarios traerán consigo los boletines.
Mi apuesta personal, es que el gobierno va a presumir de 25 a 30 mil asistentes durante la primera semana. ¿Esto por qué? Pues porque el gobernador presumió públicamente que el aforo del parque acuático era de entre 4 y 5 mil asistentes y en los datos optimistas que le pasan sus irresponsables asesores, todos los días son días de lleno total.
El fracaso de esta estrategia de auto promoción megalómana recae en que el propio aparato propagandístico ya ha dejado en evidencia que los llenados totales no se lograron, al menos, esta semana.
En una transmisión en vivo realizada desde su página de Facebook, la senadora Ruth González Silva mostró desde adentro las instalaciones del parque acuático este viernes 10 de abril, el último de semana santa.
Lo que mostró fue un parque casi vacío, condición que ella atribuyó a que eran las cinco de la tarde, casi hora de cerrar.
Finalmente, está la paradoja en la que se ha convertido el proyecto mismo de un parque acuático.
Ruth González y algunos potosinos van al Tangamanga I a nadar en una alberca de olas, mientras, en paralelo, vecinos de la capital toman la Alameda Central Juan Sarabia para denunciar el incumplimiento del Interapas en atender el drenaje colapsado y el desabasto de agua en sus domicilios.
El gobernador presume que 300 pesos es un precio razonable para cobrar en un parque temático construido con recursos públicos (es decir, que ya lo pagamos), y al mismo tiempo, cuando se trata de problemas de agua, nunca está dispuesto a asumir la factura: la culpa es de Interapas, la culpa es de los piperos, la culpa es de una presa… pero nunca del gobierno que invirtió en el Dinoasis, antes de en las decenas de obras hídricas prioritarias para la capital y el resto de los municipios.
En pocas palabras, el Dinoasis no va a ser lo que el gobernador quería y mucho menos lo que la ciudadanía necesitaba. Poco le ha servido para promocionarse y no podrá capitalizarlo políticamente si se mantiene como un testimonio material del desinterés de la autoridad en temas de agua.
Falló como idea original, falló como propaganda y falló en atender las prioridades. Una descripción del Dinoasis o del gobierno Gallardista a estas alturas. Usted elija.





