Martín Faz Mora

Esta columna ha quedado, de alguna manera, huérfana con la muerte de Luis Eduardo Aute.

Albanta es un lugar utópico recreado por Aute en una canción del mismo nombre, que da también título a una de las obras discográficas más icónicas del músico, poeta, pintor y cineasta español, referente indispensable de la canción de autor en español.

Albanta vio luz en 1978 a poco del final de la extensa dictadura franquista (1939-1975) y reúne canciones compuestas durante las postrimerías de la dictadura y la transición a la democracia. El disco es, quizá, uno de los mejores referentes que reflejan el ánimo de la España a fines de los setentas, una época crucial.

El álbum contiene una de las canciones más referenciales tanto de Aute como de la época: “Al alba”. Una profunda canción de desamor y soledad depresiva que, aunque no era la intención original del autor, dado el contexto, quedó indefectiblemente asociada a las últimas ejecuciones de pena de muerte realizadas por el inmundo dictador. “Al alba” fue inicialmente estrenada por Rosa León en 1975, año en que se realizó el proceso, condena y los últimos cinco fusilamientos del régimen franquista realizados en la mañana del sábado 27 de septiembre de tal año. Y al interpretarla siempre hacía referencia al proceso y las ejecuciones.

Albanta, como cualquier lugar utópico es -conforme a la propia RAE- “Una representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano”. El nombre deviene de la clásica obra “Utopía” (el no-lugar) del humanista renacentista Tomás Moro (1516) donde describe una república ideal. Albanta, como la isla de Utopía de Moro, “La ciudad del Sol” de Campanella, “La Nueva Atlántida” de Francis Bacon -entre otras- se constituye necesariamente como una crítica radical a las formas de organización social vigentes. Es lo que enfatiza su estribillo: “Que aquí, tú ya lo ves, es Albanta al revés”. De aquí el título que quise dar a éste espacio de opinión sin mayores pretensiones.

Aute fue un artista polifacético con una exquisita sensibilidad en todas las manifestaciones en que incursionó: poesía, música, pintura, dibujo y cine. Su muerte ha generado una avalancha de reconocimientos en retrospectiva que permiten valorar a esa generación de artistas e intelectuales fundamentales de la segunda mitad del siglo XX, que no han perdido vigencia, y que supieron describir con profundidad, sensibilidad y preclaridad el espíritu de su época, así como su crítica. Para él estas décimas:

Al filo de su guadaña
sábado cuatro de abril
la noticia: una febril
pólvora de la mañana
año de pandemia y saña.
Ahora ya sin tu latido
¡que absurdo estar si te has ido!
Tu horizonte se agiganta
llegarás al fin a Albanta
mirando el mar, conmovido.

Sí. Pienso en ti, pienso en ti.
En ti, porque tú ya lo ves
que aquí es Albanta al revés
y aquí seguirá el reptil
la presa acechando así
y su parásita ambición
maquillada de ocasión
para destruir los sueños
de los que se han hecho dueños,
los monstruos, se han vuelto razón.

Del primero hasta el final
¡Aleluya!… ¡Aleluya!
ya fuera fe, gozo o puya
solo el sexo celestial
o el ánimo de animal
tu música era la guía,
camino, sendero, vía
de llegar a la belleza
que consiste en la certeza
de amar con alevosía.

Siempre estuviste de paso
solo morir permanece
y elegiste, me parece,
de entre el oro y el parnaso
ser faquir, mago, payaso
pero, además de eso, huiste
de oropel y fasto triste
buscador de laberintos
creador de mundos distintos
y así el amor elegiste.

Querido Aute ¡anda! buen viaje
ya eres un ramo de viento
tu recuerdo, tiempo al tiempo
ligero sin equipaje
del mundo ya eres bagaje.
Del niño que miraba el mar
su credo: ¡prefiero amar!
música queda, lo bello.
Si la vida te fue en ello:
sí, ¡no todo fue naufragar!

Twitter: @MartinFazMora
http://martinfazmora.wixsite.com/misitio