Fernanda Durán
“Amor con amor se paga”, se lee en una barda del centro de la capital, pero en la política local la lógica parece otra: presión con presión se paga. El intercambio constante entre Morena y el Partido Verde —con un PT cada vez más desdibujado— mantiene activa una dinámica que, más que ruptura, parece parte del propio funcionamiento de la alianza.
Faltan menos de cinco meses para el arranque formal del proceso electoral federal en septiembre y en noviembre a nivel local —si logra concretarse la reforma—, pero en San Luis Potosí la fase “pre, pre, pre” ya está en marcha desde hace meses: recorridos, posicionamientos, mediciones y mensajes cruzados que se adelantan a los tiempos oficiales.
Esta semana volvió a dejarlo claro. El Partido Verde no solo arrancó trabajos rumbo a 2027 desde San Luis Potosí, sino que colocó al estado como epicentro de su estrategia nacional, incluso con la instalación de una oficina alterna del Comité Ejecutivo. En paralelo, Morena movió fichas en su estructura interna: llevó a Citlalli Hernández a encabezar las mesas de negociación de alianzas y mantuvo la operación territorial, incluida la visita —discreta pero significativa— de Andrés Manuel López Beltrán para revisar afiliación y estrategia.
En medio de ese reacomodo, los mensajes entre aliados subieron de tono. Ruth González fue directa: “en San Luis Potosí todavía necesitan hacer un trabajo de muchos años”, al referirse a Morena. La respuesta no tardó: desde el propio partido se defendió el trabajo en territorio y se insistió en que el diálogo con el Verde es “de tú a tú”. Mientras tanto, Héctor Serrano llamó a evitar confrontaciones públicas, aunque el intercambio ya estaba instalado.
El origen de esta nueva fricción tampoco es menor. Morena decidió adelantar su proceso interno con la definición de coordinadores territoriales sin cerrar previamente acuerdos con sus aliados. El movimiento fue leído como una imposición de reglas, detonando una reacción del Verde tanto a nivel nacional como local.
El Partido Verde también dejó ver su carta de presión: competir solo si no hay acuerdos que le favorezcan. Con una estructura territorial que presume consolidada y metas electorales ambiciosas —como alcanzar hasta 800 mil votos en 2027—, el partido ya se mueve en territorio y reacomoda perfiles. La salida de Diana Ruelas del Congreso, acompañada de mensajes de respaldo a su trabajo territorial por el diputado Héctor Serrano, se da en ese contexto de ajustes que anticipan definiciones más que simples decisiones personales.
Y, sin embargo, en medio del desgreñe, hay coincidencias que pesan más. Desde la dirigencia nacional de Morena se reiteró que la intención es mantener la alianza con el Verde y el PT, incluso abriendo sus procesos internos para que participen perfiles de esos partidos. El Verde, por su parte, dejó claro que puede competir solo, pero mantiene abiertas las negociaciones.
Es decir: se confrontan, se marcan, se presionan… pero no cierran la puerta.
Porque más allá de las declaraciones, hay un punto en común: la necesidad de sostener acuerdos, al menos en lo legislativo, para mantener gobernabilidad y avanzar agendas. Esa lógica ya ha operado antes y todo indica que seguirá siendo el punto de equilibrio.
En ese contexto, la tensión también cumple otra función: mantenerlos en la conversación pública. Cada declaración, cada contraste y cada amago de ruptura alimenta una narrativa de competencia interna que, lejos de debilitarlos, los mantiene vigentes en la agenda mientras alguna parte de electorado podría se influenciado por esa necesidad de desempatar la contienda entre los aliados.
El contraste está del otro lado. Mientras la alianza se mueve entre choques y acuerdos, la oposición sigue anclada principalmente en el discurso crítico hacia el poder, sin lograr construir una estrategia visible más allá de la reacción.
Así, entre posicionamientos, ajustes territoriales y mensajes cruzados, el escenario rumbo a 2027 se sigue configurando. Porque si algo ha dejado claro esta semana es que, en esta alianza, las diferencias no cancelan los acuerdos: los preceden. Al final, en las bardas el amor es verde y guinda, pero en las mesas de negociación, el color que manda es el de la rentabilidad electoral.
Y ya estando…
OCURRENCIAS PENALES: Las ocurrencias de reformas al Código Penal por parte de las y los legisladores del Partido Verde han generado un cuello de botella en la comisión encargada de revisar las propuestas, pues entre que no puede desechar las iniciativas del grupo mayoritario y tiene que buscar la manera de que las reformas pasen, el resultado es un Código cada vez más fragmentado, con disposiciones que pueden generar problemas de interpretación y, eventualmente, riesgos de impunidad, en un contexto donde no hay quién promueva las acciones de inconstitucionalidad.
SISTEMA ESTATAL DE CUIDADOS: A cuatro meses de la aprobación de la creación del Sistema Estatal de Cuidados, la lucha de las familias cuidadoras no ha cesado. Ahora no solo enfrentan la voluntad política de los cabildos —de los cuales apenas seis de 16 han avalado la reforma, en medio de justificaciones como periodos vacacionales—, sino también la incertidumbre sobre los recursos que el Ejecutivo decida asignar para su implementación. Se trata de una agenda que, pese al respaldo legislativo y al acompañamiento de la representación parlamentaria de Movimiento Ciudadano, continúa en espera de concretarse en la práctica.
RIESGO AMBIENTAL: Lo que ocurre en colonias como Alborada, Amanecer, La Brisa, Villas de Jacarandas y Morales Saucito, al norte de la capital potosina, no es un episodio aislado, sino la evidencia de una falla institucional sostenida. Hay denuncias formales, videos donde se observa la acumulación de humo durante la madrugada, mediciones que advierten niveles elevados de partículas contaminantes y hasta antecedentes de clausuras parciales que no han detenido las emisiones. Aun así, la respuesta sigue fragmentada entre autoridades que se remiten a competencias. Cuando la contaminación ocurre a las cinco de la mañana, fuera de horarios de supervisión, y termina dispersándose hacia zonas habitadas, el problema deja de ser sólo ambiental: se vuelve un tema de control, vigilancia y, sobre todo, de voluntad para intervenir.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Actualmente se desempeña como reportera en Astrolabio Diario Digital y ha colaborado en El Sol de San Luis, donde fue jefa de información. Su trabajo se enfoca en la cobertura de temas políticos, judiciales y derechos humanos, con experiencia en medios digitales e impresos.






