Estela Ambriz Delgado
El impacto ambiental y en la salud que ha tenido la producción de ladrillos en zonas como Las Terceras es muy alto, de acuerdo con recientes investigaciones de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) y otras instituciones, pero esto no es un hecho aislado, pues también desde la academia se indica que estas colonias forman parte de una zona de sacrificio ambiental.
De acuerdo a lo expuesto por el doctor Francisco Javier Pérez Vázquez sobre los hallazgos en la investigación “Impacto del sector ladrillero y perspectiva desde la acción participativa”, realizado en Las Terceras durante varios años, esta zona se encuentra altamente impactada, tanto por las 133 ladrilleras que se ubican como por basureros, chatarreras y otras fuentes de contaminación.
En esta conferencia realizada en el foro para socializar la Norma Técnica Ecológica Estatal (NTE-SEGAM-003/2025), para la regulación de las unidades productoras de ladrillos, se reveló que existen 10 mil 196 unidades en el país, de las cuales en San Luis Potosí hay mil 350 registradas. Sin embargo, este dato está subestimado dado que una unidad puede tener desde cinco hasta 30.
Entre los municipios que tienen más ladrilleras está San Luis Potosí, con una mayor concentración en la Tercera Chica, además de Villa de Reyes y Villa de Arriaga, donde también se han realizado estudios.
El investigador agregó que en las zonas en que se localizan estas también existen áreas de ocio para las infancias, por lo que es ahí donde están expuesta toda la población infantil a los efectos en vías respiratorias, pulmones, riñones, corazón, y cerebro, como fue detallado por el doctor Fernando Díaz Barriga.
Destacó que en esta zona, en el caso de Las Terceras, existe basura entre muchos contaminantes más, sumado a que en las ladrilleras pueden existir enfermedades no transmisibles, trabajo precario, carencia de acceso a servicios de salud, delincuencia, marginación, entre otras problemáticas.
Por otra parte, hizo mención de que este proyecto se llevó a cabo con el acompañamiento de algunas asociaciones civiles como la Asociación de Ladrilleros de la Tercera, y dio algunos detalles sobre la metodología que utilizó para realizarlo, a través de distintas fases, con la participación de las familias ladrilleras y la sociedad para evaluar la exposición y los efectos en salud que pudieran tener.
En el desarrollo del proyecto se encontró que San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro son tres de las principales zonas productoras de ladrillo en la zona del Bajío, y tienen en común que ya existen estudios en donde hay exposición a arsénico, flúor, plomo, hidrocarburos, partículas suspendidas, entre otros.
Por ello el estudio priorizó e el acercamiento y el diálogo con los ladrilleros y se tuvieron reuniones para conocer sus intereses. Además de que se buscó fortalecer sus capacidades a través de la generación de núcleos para la identificación de riesgos y las necesidades ante esto, conformar una red local de grupos de ladrilleros, y establecer estrategias comunitarias para disminuir los riesgos.
Lo anterior además con una intención de convertir un barrio urbano marginal, con 133 ladrilleras, basureros, chatarreras, alto tráfico vehicular, entre otras fuentes de contaminación, que tienen la zona altamente impactada, a un barrio urbano organizado con la Asociación de los Ladrilleros, con herramientas de prevención que fueron proporcionadas a través de módulos y talleres.
Pérez Vázquez indicó que de los muestreos que tomaron en el aire, el 90 por ciento sobrepasa los niveles aceptables, además de que detectaron plomo en el suelo y estos valores ya están asociados a diferentes efectos en salud, pues mediante biomonitoreos encontraron que los niños y niñas tienen niveles de plomo, así como efectos pulmonares, renales, cardiovasculares, de diabetes, de obesidad entre los trabajadores.
Por ello se analizaron los niveles de riesgos tanto en el ambiente como en la salud, a los que se encuentran expuestos la comunidad dentro de esta región geográfica, e identificaron que los principales problemas son falta de acceso a los servicios de salud, acceso a la información de salud, contaminación del agua y aire, residuos, falta de área verdes, e inseguridad, entre otros.
La segregación socio espacial
En entrevista, la doctora en Derechos Humanos, María Suhey Tristán Rodríguez, quien igualmente ha realizado trabajo de investigación en la periferia de la zona norte de la capital, destaca la responsabilidad de la autoridad municipal al autorizar fraccionamientos en esta área donde se localizan las unidades de producción, pues se tiene conocimiento de la exposición a contaminantes y los daños a la salud.
“En esa zona de las terceras desde los primeros documentos de planeación urbana, que si no mal recuerdo es del 93, ha establecido un uso de suelo habitacional ahí y luego el Reglamento de Construcciones hace diferencias entre suelos habitacionales de alta o baja densidad, ahí todos son de alta densidad lo cual supone la construcción de viviendas de interés social, fraccionamientos dirigidos a un sector de la población”.
En este sentido, la investigadora de la UASLP cuestiona cómo el municipio ubica a ciertos sectores de la población en un entorno que presenta diversas problemáticas ambientales, además de desabasto de agua potable, seguridad, entre otras, lo que lleva a los conceptos de discriminación e injusticia ambiental, porque evidencia que los sectores más marginados enfrentan unas cargas desproporcionadas de los efectos de la contaminación.
Esto sumado al hecho de que no tienen acceso a otros bienes ambientales, por barreras físicas y simbólicas, pues no hay parques ni jardines, ni muchos otros recursos naturales que pudieran de alguna manera “equilibrar”.
Tristán Rodríguez puntualiza que este es un claro caso de injusticia y discriminación ambiental para quienes habitan en esos en esos fraccionamientos, y además el municipio incumple con la obligación establecida por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, sobre las características que debe tener una vivienda digna, principalmente la lejanía a fuentes directas de contaminación.
“Entonces la planeación urbana en San Luis Potosí, los instrumentos de planeación urbana, pues pueden ser utilizados bajo esta lógica de segregación socio espacial (…). La planeación más allá de crear ciudades equilibradas sostenibles, lo que hacen es utilizarla como herramienta de segregación socioespacial y en el caso de la zona de la periferia norte, pues también como una forma que permite la discriminación e injusticia ambiental”.





