Por Victoriano Martínez

Pasados los influjos electoreros intrapartidistas de Acción Nacional sobre el proceso de aprobación de los programas municipales de desarrollo urbano, la presión que se percibía en acciones cuasi desesperadas por dictaminarlos en sesiones de comisiones frustradas por confrontaciones entre los regidores, toma un nuevo ritmo, aunque sin modificar el objetivo.

Cuando se citó a las comisiones de Alumbrado y Obras Públicas, de Gobernación, de Derechos Humanos y Participación Ciudadana, y de Desarrollo, Equipamiento Urbano y Catastro, con la firma de la regidora Karina Benavides en la convocatoria conjunta tras el amago de destituirla como presidenta de comisión, era un claro intento más de aprobación de los dictámenes de los programas.

Si bien de nueva cuenta la postura de regidores del PAN, del PVEM y de Morena frustraron la aprobación de los dictámenes, en esta ocasión no todo fue rompimiento, sino que se acordó iniciar una serie de reuniones de evaluación y análisis que incorpora la posibilidad de ajustes a los documentos, que siempre debió estar abierta pero no era manifiesta.

Se prevé que esta y la próxima semana se desarrollen los trabajos de evaluación y análisis. En comunicado oficial, Fernando Torre, director del IMPLAN, advierte que lo mejor es que se aprueben los programas antes del 5 de marzo, cuando inician las campañas electorales, “para que no se politicen”.

Si con la contienda interna del PAN los programas de desarrollo urbano cayeron en los vaivenes de los grupos en pugna, en efecto, siguen sin estar exentos del mismo riesgo ante la desatada politiquería partidista, lo que no tiene porqué excluir que los proyectos se socialicen hacia los habitantes de la ciudad, por ser un tema que repercutirá en la vida de todos.

Una divulgación necesaria de los proyectos que ha evadido la autoridad municipal, a pesar de su proclamada vocación de transparencia.

Una divulgación que además blindaría el proceso no sólo de la contaminación politiquera, sino también de los señalamientos de una parte del Cabildo sobre grupos interesados en frenar los programas y las manifiestas presiones empresariales que cerraron el 2020 con la imposición de un calendario para que fueran aprobados el 6 de enero.

La tarde del lunes 18, entrevistado por Jesús Aguilar en el 96.1 de FM, el director del IMPLAN calificó como una especulación que se señale que los programas incluyen declarar urbanizable parte de la Sierra de San Miguelito.

“Hemos desarrollado una propuesta que en este momento es un proyecto, y es el que está en la mesa de los regidores, pero las discusiones no han sido sobre la Sierra de San Miguelito porque la Sierra de San Miguelito no se toca, no se toca.

“Nosotros hemos tenido trabajo con el gobierno federal con el gobierno estatal, y la poligonal que tiene el gobierno del estado y el gobierno federal para declarar en su momento área natural protegida está fuera de lo que nosotros pedimos como áreas urbanizables, entonces este es un rumor, un mito urbano que se ha propagado sin fundamento”, aseguró.

Una afirmación que, si dotaran al proceso de mayor transparencia, no tendrían ninguna dificultad en poder acreditar, salvo por un detalle: asegura que “lo que nosotros pedimos como áreas urbanizables” está fuera de la poligonal que tienen el gobierno del estado y el gobierno federal para declarar en su momento Área Natural Protegida a la Sierra.

La poligonal para el ANP aún está en proceso de definición. Al menos así lo muestra el oficio enviado por la Semarnat en el que solicita al Ayuntamiento “no realizar procedimientos o modificaciones (en la Sierra de San Miguelito) por encontrarse en proceso de ser declarada ANP”.

¿Cuál es la poligonal en la que se basa el IMPLAN para asegurar que las áreas urbanizables que incluyen parcialmente grandes proyectos inmobiliarios claramente ubicados en la Sierra de San Miguelito no forman parte de la aún indefinida ANP? ¿Cuál es el origen de esa poligonal si la autoridad responsable de definirla les pide esperar a concluir la declaratoria?

La respuesta clara y detallada, con imágenes y descripciones puntuales, a esas dos preguntas sería suficiente para desmontar las especulaciones a las que Fernando Torre se refirió en la entrevista radiofónica, en lugar de abrir más dudas sobre el tipo de información que se maneja para la definición de los programas, en este caso en lo que se refiere al polígono final de la ANP.

Desde el inicio de la controvertida operación para aprobar los programas de desarrollo urbano en septiembre, el Ayuntamiento ha proyectado en sus espacios de difusión una tendencia favorable a los intereses empresariales, y destacado de manera genérica –casi abstracta– bondades de los documentos, con énfasis especial en señalar el retraso de 17 años en su actualización.

No obstante, la autoridad ha evadido cualquier puntualización sobre los cuestionamientos –sean de grupos que busquen frenar su aprobación, de activistas ambientales, de sectores que sienten perjudicados y han recurrido a juicios de amparo con suspensiones provisionales, de grupos con intereses electoreros, o hasta por incumplimiento de la normatividad ambiental y agraria.

Un vacío de información que no sólo deja ver a una autoridad municipal con una amplia deuda de explicaciones a la población que representa, sino ante la que además tiene que justificar el apego a la legalidad no sólo en el caso de la Sierra, sino también en juicios de amparo acumulados sin dejar de lado la petición de Semarnat de que “solicite opinión formal a las instancias rectoras”.

Se trata de elementos que se acumularon en el recorrido ya de cuatro meses en los que se intentó, con una urgencia contraproducente, la aprobación de los programas, y que aparentemente han provocado un cambio de estrategia para abrir espacio a trabajos de análisis y ajustes que necesariamente deben desarrollarse con una real transparencia de cara a la población.

Si la sesión conjunta de comisiones del lunes no terminó en rompimiento y abrió reuniones de evaluación y análisis, es la mejor oportunidad para una demostración de voluntad de continuar el proceso con la mayor apertura y, por ejemplo, comenzar por difundir de manera amplia y explicada el contenido de los programas como un gesto real de transparencia.