Astrolabio

Por Victoriano Martínez

Si la inseguridad se mira a partir de los homicidios dolosos, en lo que va del sexenio se ha incrementado de manera alarmante del primer al segundo trimestre; si se observan casos que provocan indignación, el asalto ante cámaras de seguridad a una estudiante exhibe incapacidad de respuesta rápida, y si de información para prevenir se trata, la autoridad regatea el derecho a saber.

Desde que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública informa cada mes las estadísticas de la incidencia delictiva en cada estado de la República, han sido muy pocas las ocasiones en las que el caso potosino aparece con cifras que muestren de manera consistente que el grado de violencia se reduce.

Ciento seis asesinatos dolosos en el primer trimestre del sexenio pudieron parecer que en materia de inseguridad la violencia extrema cedía un poco o al menos se mantenía. El salto a 170 en el segundo trimestre fue el retorno a una tendencia preocupante.

Transcurrida más de la décima parte del sexenio, apenas se pone en marcha la presunta estrategia de seguridad con la Guardia Civil como principal protagonista obligada a demostrar que no sólo es un cambio de nombre y de uniforme, aunque su director haya dado una primera muestra de que aunque el policía se vista de guardia, policía se queda.

Para el caso de la ciudad, las 92 patrullas de polisía con “s”, presentadas el 24 de enero, llevan acumulados más incidentes de su ineficacia, como volcarse en una persecución en cámara lenta, y –con el asalto a una estudiante este lunes– de la poca capacidad de reacción ante delitos en proceso captados por cámaras de seguridad.

La desaparición de las letras con las que se identificaba al Archivo Histórico del Estado con el nombre de Antonio Rocha Cordero es otro ejemplo de la poca eficiencia en los rondines de seguridad de las patrullas que ya comienzan a hacerse viejas.

A los rondines poco efectivos, la poca capacidad de respuesta rápida y la impericia para las persecuciones, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana municipal, en declaraciones de su director Juan Antonio Villa Gutiérrez, exhibe una mala interpretación de lo que es la información reservada y niega información que podría ser útil a todos para evitar ser víctima de pandilleros.

Villa Gutiérrez aseguró que se tiene un registro de 600 pandillas en activo en la ciudad, y se apresuró a asegurar que esta información no puede ser revelada por cuestiones de seguridad (¿?).

Si no puede dar a conocer esta información, bueno sería que expusiera el acuerdo de reserva en el que se describa la prueba de daño que demuestre que es más perjudicial que benéfico para la población el hecho de que conozca esa información.

Hay un antecedente relacionado con una petición de información similar a la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, que atendió el 24 de febrero de 2017 con el folio 00078817, en cuya respuesta proporcionó un archivo Excel con la relación de las pandillas que en ese año detectaron en la ciudad.

La información hecha pública incluyó los siguientes datos en el archivo Excel: número, pandilla (nombre), menores de edad, número de integrantes, ubicación, diagnóstico-estudio presentado en la zona.

El portal Proyecto Tábano publicó entonces un mapa en el que aún se puede consultar la ubicación de las 276 pandillas reportadas entonces, con los datos proporcionados por la entonces SSP.

Entre los datos sobresalientes reportados en aquella respuesta, sobre las actividades de las 276 pandillas, destacan:

  • El conflicto en el que más participan es en riñas en la vía pública: 187 pandillas lo hacen.
  • Han cometido robos 151 pandillas.
  • Robos en todas sus modalidades han sido cometidos por 20 pandillas.
  • Robo a transeúnte, 100 pandillas.
  • Robo a casas habitación, 26 pandillas.
  • Robo a vehículos, 26 pandillas.
  • Robo con violencia, 5 pandillas.
  • Intoxicación, 148 pandillas.
  • Intoxicación con solventes, 59 pandillas.
  • Intoxicación con marihuana, 26 pandillas.
  • Portan armas, 22 pandillas.
  • Portan armas de fuego, 14 pandillas.
  • Venta y distribución de drogas, 8 pandillas.

La difusión de la información no puso en peligro a nadie, ni fue motivo para que se incrementaran las agresiones a los elementos policíacos y sí, en cambio, se reconoció como una opción para que la población tomara precauciones al recorrer ciertas zonas de la ciudad como una medida que contribuía a reducirle a los pandilleros las oportunidades para delinquir.

Un aspecto relevante en la declaración de Villa Gutiérrez es la cifra que menciona sobre 600 pandillas, ya que si hace cinco años había 276, el dato representa que en cinco años su número se habría incrementado en un 117.4 por ciento.

O Villa Gutiérrez dijo la primer cifra que se le ocurrió y se niega a proporcionar la información porque no cuenta con ella, o la proliferación de pandillas es un problema verdaderamente serio que a la propia corporación le inspira temor.

Un hecho es que la actitud del funcionario muestra que, por alguna razón, prefiere ocultarle a la sociedad información que le podría ser muy útil para tomar las debidas precauciones, o quizás hasta evitar, circular por lugares en los que podría convertirse en víctima.

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