Astrolabio

Por Victoriano Martínez

Para el próximo 8 de julio, San Luis Potosí contará con 400 elementos más de la Guardia Nacional para reforzar el combate a la inseguridad con una fuerza federal de mil 336 policías que se coordinarán con las fuerzas locales… a menos que el anuncio de Adán Augusto López Hernández no sea tal y responda más a una promesa desde su papel de corcholata.

López Hernández fue uno de los tres funcionarios federales que participaron en la reunión del 4 de abril con el gobernador potosino en la que se ofreció el apoyo de 400 elementos más de la Guardia Nacional para apoyar al Estado ante el incremento de los hechos criminales de alto impacto.

En los 107 días sin que el apoyo haya llegado, el crimen organizado ha hecho tal acto de presencia que protagonizó, el lunes de esta misma semana, una balacera en contra de la sede del Centro de Justicia Penal que forma parte del edificio del reclusorio de La Pila, además de diversas ejecuciones grupales, incluida una familia entera en el municipio de Cerritos.

“El gobernador hizo una petición especial que es la de reforzar con 400 elementos de la Guardia Nacional la prevención del delito y así lo vamos a hacer”, aseguró López Hernández

Un “lo vamos a hacer” que expresado como autoridad representa que se trata de una medida ya tomada para la cual ya debió iniciarse todo un protocolo de preparación para disponer del personal, el equipo y el presupuesto necesario para llevarlo a cabo en el plazo que él mismo señaló: 15 días que se cumplirán el 8 de julio.

Un “lo vamos a hacer” con plazo definido de cumplimiento que se convierte en fecha de verificación para saber si en esa sesión de halagos mutuos en el Centro de Convenciones actuaban como autoridades o como meros politiqueros en campaña, para quienes prometer no compromete, pero sí acumula bonos para reforzar el papel de corcholata.

Si López Hernández se hizo el gracioso al saludar a Ricardo Gallardo Cardona con su lema propagandístico del “ya se nota”, el próximo viernes 8 de julio la frase se completará con una de dos opciones: ya se nota que vino como autoridad en funciones, o bien, ya se nota que no es más que una corcholata que se aprovecha de un cargo público para promocionarse.

Una duda tan fundada, que el apoyo con la Guardia Nacional no fue el único anuncio-promesa que hizo el secretario de Gobernación. También se comprometió a dotar a Tamuín de un nuevo aeropuerto, para lo que el mismo 8 de julio ya habrá llegado un nuevo delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

Entre los ofrecimientos figura el que quizá haya sido el que detonó la cura mágica del Covid que padecía el alcalde Enrique Galindo Ceballos: para el 22 de agosto las fallas en el acueducto de El Realito serán cosas del pasado.

López Hernández hizo un compromiso que seguro generó en Galindo Ceballos la sensación de que finalmente Dios escuchó sus plegarias: se comprometió a que el Gobierno Federal ayudaría a reparar el problema del ducto de El Realito en menos de 60 días.

Tanto Gallardo Cardona como Galindo Ceballos tendrán que asumir en su momento la responsabilidad que les corresponde en la atención a los dos problemas que, si cumple López Hernández, ya no habría pretextos para que no quedaran resueltos.

Con el incremento en las fuerzas para prevenir los hechos delictivos, ya no habría pretexto para que no se abatieran los índices de inseguridad. De mantenerse la criminalidad, la mayor responsabilidad caería en el ámbito del gobierno estatal.

Lo mismo pasaría con los problemas de desabasto de agua potable en gran parte de la ciudad. Si para el 22 de agosto queda totalmente reparado el acueducto de El Realito, Galindo Ceballos ya no tendría casos fortuitos con que evadir su responsabilidad y tendría que haber un buen servicio en toda la ciudad.

En ambos casos, gobernador y alcalde, opera una apuesta en sentido inverso. Si los anuncios de López Hernández no se cumplen por ser parte de su promoción como corcholata lopezobradorista, Gallardo Cardona y Galindo Ceballos contarán con un elemento más para lavarse las manos sobre sus responsabilidades.

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